Cabezas de turco
María
Vacas Sentis
Vivimos en el paraíso
del surrealismo (y no lo digo por el estreno de la película sobre Óscar
Domínguez); de otro modo no se puede calificar el maquiavélico intento del
Gobierno canario de culpabilizar del deterioro del sistema educativo al
profesorado, al que intenta enfrentar a los padres por vía oral y escrita para
así justificar su enroque -ni un duro más, dicen-
ante su legítima demanda de homologación salarial, y de paso salir indemnes de
su inherente responsabilidad en la gestión de la enseñanza en el Archipiélago.
Y este ejercicio de acrobacia se produce –no se lo pierdan- ¡después de haber
permanecido por más de quince años al frente de
Recibí en estos días una
carta de una profesora de un instituto público. Se trata de una mujer que cree
y defiende lo público, y que ha secundado la huelga. Me cuenta cómo han
empeorado sus condiciones laborales en los últimos años; me habla de la pérdida
de ilusión de los docentes, de su sentimiento de soledad ante su injusto
descrédito social; de cómo quienes debieran valorarles les menosprecian ante la
opinión pública (igualito que en Finlandia), y me relata sus esfuerzos diarios
por motivar a una mayoría de niños mal acostumbrados a tener todo sin esfuerzo;
jóvenes hijos del Dios consumo, criados ante una pantalla, con unos padres
ausentes en las tardes a causa de los infrahumanos horarios laborales de este
país, que increíblemente ningún partido político propone equiparar urgentemente
a los europeos.
En su carta esta
profesora critica la ineficaz gestión en las sustituciones de docentes por
parte de
Esta maestra es
consciente de que la responsabilidad de permitir que los centros concertados no
acojan en sus aulas a inmigrantes -el 75% va a la pública-, a niños de familias
con bajo nivel económico o con necesidades especiales, no es culpa tampoco del
profesorado, que se ve incapaz en esas circunstancias de dar una correcta
atención individualizada a cada alumno, sino de
Esta docente critica que
se diga que la huelga es un chantaje, y no un derecho democrático para defender
unas reivindicaciones apoyadas por un 80% del profesorado en referéndum. Pide
que no se omitan datos, porque aunque los salarios de los profesores canarios
en los primeros años de carrera se sitúan en los puestos altos del ranking del
Estado, con el paso de los años quedan muy por debajo. No está de acuerdo con
la vinculación de las subidas salariales (aprobada en el Parlamento en 1991,
como ha recordado García-Ramos) a objetivos de "calidad" o
contrapartidas que, en la práctica, la mayoría viene realizando; y llegado el
caso, propone: ¿por qué no vincular también entonces los generosos sueldos y
permanencia en el cargo de los gestores públicos al cumplimiento de objetivos
cuantificables mediante auditorías, como plantea el
omnipresente Sarkozy para sus ministros?
Fuente: Diario de
Avisos, sección de opinión, martes 26 de febrero