¿Cambiará algo en
el año 2008?
Ramón Moreno
Castilla
Es lo que
cabría esperar de este año bisiesto, de 366 días por el 29 de febrero; pero
mucho me temo que no, que todo seguirá igual o parecido. Así que preparémonos
para lo peor; no sólo para seguir sobreviviendo (la crisis económica se
agudizará), sino para continuar soportando el actual estado de cosas que, de
momento, no tiene visos de cambiar.
Los mismos perros si
cambiarán de collar cuando les convenga; seguirán los discursos demagógicos y
las frases grandilocuentes: continuará la perversión del lenguaje y los
eufemismos… La "opinión publicada" seguirá sustituyendo solapadamente
a la "opinión pública" (¿dónde está el "cuarto poder"?). Y
seguiremos padeciendo a esta "clase política", sin código ético y
moral, ni deontológico; que sólo persigue el poder para el enriquecimiento
personal, que está bajo sospecha, y sobre la cual recae la "carga de la
prueba". Y así sucesivamente…
Mientras, y si una
auténtica catarsis no lo remedia, este pueblo seguirá sumido en un profundo
letargo, producto de la "dosis de caballo" que un día se le
administrara -por vía intravenosa- de un poderoso somnífero, alienante y
encubridor; en una canallesca "terapia de grupo", cuyas nefastas consecuencias
y devastadores efectos estamos sufriendo todavía. ¡Y es que más de cinco siglos
de insoportable colonialismo español, dan para mucho!
Pero yo, personalmente
(que soy inmune y, además, tengo inoculado el "principio
archipelágico"), lo tengo meridianamente claro. Como decía mi admirado don
Manuel Verdugo: "En el teatro de la humana farsa/ quiero ser primer actor/
para hacer papeles de comparsa/ prefiero seguir de espectador". ¡Porque de
eso se trata! Y si lo extrapolamos a nuestro pueblo en su conjunto es evidente
que éste no está siendo protagonista de su futuro. El noble pueblo canario, que
ha escrito páginas gloriosas en otras latitudes, contribuyendo con su denodado
esfuerzo y laboriosidad al desarrollo de los países a los que tuvo que emigrar
-en la mente de todos-, comprometiéndose en algunos casos en lograr su
independencia; hoy, en pleno siglo XXI, no puede, por "imperativo
legal", escribir su propia historia, protagonizar su futuro y ser dueño de
su destino. ¡La cuestión radica en el perverso entramado político-jurídico en
el que nos tienen atrapados!
¿De qué valen, pues,
nuestros anhelos, las ilusiones, los buenos deseos, las ansias de mejorar y
prosperar en la vida, si luego nos tropezamos con barreras infranqueables y
obstáculos insalvables, impuestos para seguir manteniendo la insostenible
"españolidad de Canarias"? ¿Hasta cuándo vamos a seguir soportando el
ignominioso y subyugante coste de la españolidad? ¿Es que el pueblo canario no
es ya lo suficientemente adulto para arreglárselas solo? ¿Cuánto tiempo más va
a durar la perniciosa "tutela" de esa "Madre Patria",
egoísta y acaparadora? ¿Por qué ese demoníaco afán colonizador que ha
subvertido el orden natural y antropológico de este pueblo, impidiendo su
devenir histórico?
A partir de esta
sangrante realidad, y conscientes de que nosotros, los canarios, somos las
víctimas, los interrogantes se suceden: ¿se puede tolerar que un gran
porcentaje de la población canaria esté en el umbral de la pobreza (ver
informes de Cáritas), con toda la riqueza que produce nuestra tierra? ¿Si
Canarias no generara ingentes recursos económicos, cómo se explica entonces que
cada día se abra una nueva oficina de bancos, cajas de ahorro, aseguradoras,
etcétera? ¿Es que todos estos operadores económicos-financieros son ONG? ¿Puede
resistir por más tiempo nuestra economía el continuo drenaje de recursos al que
estamos sometidos implacablemente? ¿No se está descapitalizando Canarias? ¿Qué
se piensa hacer para impedir la constante avalancha de foráneos que nos
invaden, y que reclaman cínicamente su "condición de canarios", con
todo lo que ello implica? ¿De qué va ese proyecto de
"multiculturalidad" que está detrayendo fondos de partidas ya
presupuestadas y asignadas a otras necesidades acuciantes de la sociedad canaria,
para emplearlos en no se sabe qué "planes de integración"? ¿La
caridad bien entendida no empieza por uno mismo? ¿Hasta qué extremos vamos a
seguir siendo el "paraíso político" y el "edén solidario"
(¡y el prostíbulo!) de esta parte del Atlántico? A propósito, ¿qué se está tramando
con los yacimientos de hidrocarburos localizados en aguas canarias, tema del
que ya no se habla? ¡Mucho cuidado con ese asunto!
Pues bien, toda esta
batería de preguntas que se formula la inmensa mayoría del pueblo canario,
aunque no las exteriorice por temor a represalias, unos, y por clientelismo
político, voluntades cautivas, o estómagos agradecidos otros, están golpeando
insistentemente nuestras conciencias, y requieren de una urgente y profunda
reflexión. Sobre todo, y fundamentalmente, de la burguesía canaria y de los
agentes económicos y sociales. Si hasta aquí han venido siendo sumisos y
dependientes, conformándose sólo con las migajas del poder -como meros
intermediarios- y de "medianeros" de la finca, ¡ha llegado el momento
crucial de exigir la propiedad de la misma! ¡Es la hora de Canarias, y su
responsabilidad histórica! Máxime, cuando en la historia de la humanidad ha
sido, precisamente, la burguesía (dicho en términos de grupo de poder y estrato
social) la que ha tirado del carro de las transformaciones, y liderado, con sus
medios económicos y sus cuadros dirigentes, los procesos emancipadores de todos
los pueblos del mundo. ¡Quien tiene la capacidad de actuar, tiene la ineludible
obligación de actuar!
Por ello, espero y
deseo fervientemente que en un futuro próximo, nuestro "solar
patrio", Canarias, que hemos estado habitando en "régimen de
arrendamiento" o "realquilados" -con la consiguiente pérdida de
renta que ello nos ha supuesto históricamente-, lo habitemos como los
verdaderos y legítimos dueños, ¡que tienen sobradamente acreditados sus títulos
de propiedad!