Cambiar el
sistema electoral
Fidel Campo
Sánchez
Que el ínclito Jerónimo Saavedra, presidente del
PSOE canario, está chocheando es evidente y si no veamos, en primer lugar, sus encabezamientos
en intentonas golpistas contra López Aguilar, Secretario Regional y máximo
figura política de la familia socialista en estas ínsulas.
El
alcalde Saavedra, por la gracia de las urnas que dieron la victoria a López
Aguilar y posteriormente a Zapatero, ha defendido un cambio en el sistema
electoral para evitar el transfuguismo y propone que el sistema español
incorpore la elección directa de los alcaldes en primera vuelta o en segunda
vuelta. La realidad es que ese cambio no
acabaría directamente con el transfuguismo, acabaría con la posibilidad de que
los tránsfugas determinen cambios en la alcaldía, al eliminar las mociones de
censura. No creemos que tal cosa sea un avance democrático, sino un retroceso:
cierto que daría más continuidad a quienes cuentan con las preferencias de los
ciudadanos y eso es bueno, pero al mismo tiempo petrificaría en sus cargos a
los alcaldes, a los viejos carcamales como él, que podrían gobernar al margen
no ya de los partidos -eso lo hacen ya hoy- sino también de los grupos
municipales, contaminando aún más el sistema de personalismos y tendencias de conchabeos mercantilistas a lo que tan dado son.
Al convertir a los alcaldes en
intocables, incluso para sus propios partidos, el transfuguismo que hoy
conocemos daría paso -como ocurre en Francia- a dos fenómenos igualmente
perjudiciales: la creación de partidos de alcaldes, y el desarrollo de
liderazgos perpetuos de quienes logran hacerse con una alcaldía, y la conservan
incluso cuando ocupan un ministerio. La otra opción, la de considerar que los
cargos son de la partitocracia, sería aún más grave:
convertiría el ejercicio de la política en un trabajo propio de robots,
eliminando primero la disidencia y luego la crítica, en definitiva una
democracia “dictablanda” que diría la esposa del
viejo dictador.
Todos
los sistemas tienen sus problemas y sus dificultades: el de segunda vuelta
aporta legitimidad a los gobernantes, que siempre lo son con el voto de la
mayoría absoluta, pero provoca polarización social y a la larga dificulta la
representación de las minorías, una de las claves de la democracia, a la que
tanto Saavedra y la tripartita (PSOE.CCPNC-PP) y sus adláteres son contrarios y puesto de manifiesto en esa Ley
Electoral Canaria de máximos, para impedir el paso a las minorías.
La
elección directa por circunscripciones -el modelo británico- produce un vínculo
muy provechoso entre el elector y su representante, pero adaptándola a lo
canario para que se pueda contar con las minorías, algo diferente al sistema
británico que las elimina, reduce a cero la representación de las minorías. El
sistema español es un mal sistema ya que no es de participación directa: es
representativo, y de grupos minoritarios. Por eso, la solución al transfuguismo
no es cambiar el sistema electoral. Sí hay que cambiar el sistema, pero por
otros motivos. La solución al transfuguismo es confiar en la democracia: que
los ciudadanos demuestren con su voto que es verdad que están hartos de
transfuguismo y de la desvergüenza que supone, sobre todo en aquellos casos en
los que contraría la voluntad popular directa. Aunque no siempre ocurre así: a
veces un tránsfuga permite gobernar a la lista más votada, es el caso de los
Cabildos Insulares y su actuación podría entonces interpretarse como un servicio
a la democracia, por supuesto más legal que los actuales sistemas habida cuenta
que es muy difícil encajar que el elector que vote izquierda pueda asumir que
éstos se alíen con la derecha ultramontana o los supuestos nacionalistas para
formar gobierno, anteponiendo espurios intereses a las ideologías de los
votantes, como viene ocurriendo en estas ínsulas de corte totalmente de
república bananera, y que mientras el pueblo no asuma el verdadero significado
de lo que es y significa soberanía, lo tenemos cada vez más lejos y seguiremos
en manos de esa oligarquía retrógrada y caciquil, utilizando a su antojo, lo
que es y significa soberanía, que es el ejercicio de autoridad soberana
expresada, mediante referéndum en las urnas.
La
soberanía reside en el pueblo y se ejerce a través de los poderes públicos de
acuerdo con el mandato del pueblo y, por supuesto, sin influencias extrañas,
foránea y partidistas que intentarán convertirnos en súbditos, haciendo
desaparecer los derechos de ciudadanía, de hombres libres para poder elegir su
destino como Nación, que es el derecho que tenemos los canarios de nascencia y
de integración desde la realidad que nos está tocando vivir y que,
necesariamente, no tiene porque significar separatismo, independencia pero si
dejar a un lado el viejo fantasma del dependentismo.