La solución de
Canarias está en nuestras manos
Wladimiro
Rodríguez Brito
El
presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, convocó el pasado sábado
27 de octubre en Las Palmas a un amplio colectivo institucional y social formado
por sindicatos, empresarios, ecologistas, colegios profesionales, movimientos
vecinales, ayuntamientos y cabildos, así como responsables políticos de
diferentes administraciones. De la reunión mantenida con el presidente de todos
los canarios hemos de sacar varias conclusiones positivas.
En primer lugar, hubo
un consenso sobre la inflación de leyes y normas que en numerosas ocasiones
llevan a la confusión y generan problemas en la gestión del territorio, creando
al mismo tiempo el solapamiento de la burocracia entre las administraciones y
entre éstas y los administrados. Digo que es positiva porque, en la medida en
que reconozcamos que tenemos un problema, antes podremos solucionarlo.
Paulino Rivero recalcó
que los planteamientos de la sostenibilidad y cambio climático son aspectos
prioritarios en la acción del gobierno y, en consecuencia, tiene la voluntad de
frenar los procesos de urbanización sobre el suelo rústico, concretamente los
de las nuevas urbanizaciones turísticas sobre suelo agrícola, al tiempo que
defiende la potenciación de la mejora de la planta hotelera sobre el suelo
urbanizado.
Sabemos que darle
contenido a dichas declaraciones no es nada fácil, ya que hemos estado mucho
tiempo con un modelo económico en el que el progreso era sinónimo de urbanizar,
mientras que la agricultura y lo rural eran el pasado. La pobreza ha estado
vinculada a la agricultura, mientras que los puestos de trabajo, los servicios
y, en definitiva, la economía han estado en el entorno del ladrillo. Todos
decimos que el progreso tiene un techo por razones obvias y, sin embargo, los
adosados y las urbanizaciones han llegado desde Garafía
hasta
Las demandas urbanas y
el deterioro de la economía y el paisaje rural, unido a la demanda de recursos
limitados -agua, espacio vital, tráfico, tensión sobre el poco suelo agrícola,
etc.- nos han hecho cambiar en un breve periodo de tiempo. De cultivar algo más
de
Poner freno a este
proceso no es nada fácil. Hasta el presente, en la historia de Canarias, los
llamados ciclos económicos han nacido fuera y han muerto cuando los de fuera lo
han querido. Recordemos lo ocurrido con la caña de azúcar, la cochinilla o el
vino. ¿Tenemos algo que decir los canarios en la actual coyuntura económica?
Por supuesto que sí, pero más que decir, debemos actuar. Si nos quedamos en
declaraciones para oír los aplausos fáciles y la economía sigue por los mismos
derroteros, estamos perdidos. En cambio, si apostamos por un modelo social en
el que tomemos nuestros propios caminos y no los marcados por los de fuera, si
somos capaces de que el futuro no dependa de otros sino de nosotros, tendremos
capacidad para sortear los fatalismos cíclicos marcados por el reloj de la
economía.
Con o sin cambio
climático, estamos en la obligación de corregir el rumbo de la nave y comenzar
a sembrar un nuevo entorno social y ambiental con una participación colectiva
en el futuro de esta tierra. No dejemos en un tópico vacío de contenido los
planteamientos de una sociedad sostenible, tanto en lo ambiental como en el
plano social. Quiero creer que, por una vez, estos aspectos importantes en el
futuro de este pueblo, el canario, sean tomados y asumidos de manera colectiva.
Paulino Rivero, nuestro presidente, ha dado el primer paso. En mi modestia y
con lo que pueda aportar, estoy dispuesto a ayudar para dar el segundo. Los
siguientes dependen de todos nosotros, los canarios.