Las Canarias
Preeuropeas y el Norte de África
Jonay Acosta
"Ni
puedo dispensarme de lamentar cuán sensible es que en tantísima bobería como
nuestros compatriotas pudientes han gastado y gastan su dinero, no se hubiese
animado alguno a viajar por el África inmediata, o costear a quien pudiese
hacerlo, para observar el lenguaje y usos de los pueblos de las montañas de
Marruecos y de Suz, que a pesar de hallarse ya
muy mezclados con los árabes, mucho pudiera ilustrar nuestra historia y curiosidad"
José Agustín Álvarez Rixo
(1796-1883)
El texto anterior,
desconocido para tantos canarios como yo, es con el que el profesor D. Ahmed Sabir nos introduce en su
obra: "Las Canarias Preeuropeas y el Norte de África. El Ejemplo de
Marruecos. Paralelismos Lingüísticos y Culturales".
Es una constante en la
historiografía de nuestras islas las alusiones que hacen sus autores, desde el
s. XVI, a los paralelismos lingüísticos y culturales existentes entre la
cultura de las Islas y la norteafricana continental. Pero curiosamente y sin
conocer la razón, esta información ha permanecido omitida de los principales
manuales y libros de historia relativamente actuales. El origen de los
canarios, su lengua, su escritura, etc. se ha preferido mantener como mito, a
la espera de cualquier teoría absurda que definitivamente la aleje del norte de
África.
La misma impotencia
que pudo sentir el portuense José Agustín, es la que cualquier canario palpa al
abrir las páginas de esta estupenda obra, que para nuestro privilegio, el
Profesor D. Ahmed Sabir ha
tenido la delicadeza de escribir en el castellano perfecto y elegante que le
caracteriza. Y digo impotencia, porque es vergonzoso que nuestras universidades
no hayan invertido ni un céntimo en este necesario cometido, teniendo que ser
-como es costumbre en este campo- una iniciativa extranjera e individual la que
pugne por la investigación de nuestra cultura.
El libro comienza con
una introducción que pretende atraer la curiosidad del lector, haciéndole ver
como palabras y costumbres que creemos genuinamente canarias, se encuentran
igualmente en la región del Valle de Sus en Marruecos, haciendo un especial
hincapié en la toponimia.
A grandes rasgos, y
con un lenguaje sencillo, Sabir continúa
explicándonos a los novicios las principales características de la lengua tamazight,
concretamente del dialecto tachelhit
(el dialecto bereber que se habla en el Valle de Sus
y el Alto Atlas Occidental) con un lenguaje bastante claro y didáctico. Al
mismo tiempo, hace un interesante análisis del fenómeno de hispanización que
han sufrido nuestros topónimos, comparando sus construcciones morfológicas
actuales con las reglas gramaticales del tachelhit
anteriormente explicadas.
Cabe destacar la
valentía del autor al tratar temas tan interesantes y tan poco abordados como
la problemática existente a la hora de establecer el parentesco de la lengua
canaria con dialectos bereberes como el tachelhit,
así como la evolución morfológica que ha sufrido la lengua canaria desde el
tamazight hasta el dialecto canario del castellano. Han sido varios los
intentos que muchos filólogos canarios han llevado a cabo en este sentido, sin
el éxito y la claridad con la que lo expone el Profesor Sabir.
Tras esta introducción
que no tiene ningún desperdicio, Sabir divide su obra
en tres grandes bloques léxicos: "las voces apelativas", "las
voces toponímicas" y las "notas antroponímicas". De esta forma,
abarca las palabras que nos han sido legadas hasta hoy, bien por tradición oral
o por documentos escritos, por nuestros antepasados. Hace una acertada
subdivisión en el primer bloque, separando distintos entornos y situaciones
cotidianas, como sor "el campo", "la vivienda, la familia y el
ganado", "los comestibles", "ceremonias y otros
ritos", "la artesanía" y "la música y el folklore".
Pero Sabir no sólo se conforma con hacer un análisis
exclusivamente filológico. Al contrario, añade aspectos culturales relacionados
con la palabra en cuestión, analizando los paralelismos notables con Canarias,
al mismo tiempo que nos describe las costumbres bereberes de su país.
Es de especial mención
el apartado de toponimia, donde Sabir nos explica el
significado y la procedencia de los nombres que reciben nuestros barrancos,
montañas y ciudades. Una necesidad vital que tiene todo habitante del planeta
Tierra: conocer el significado de los nombres que rodean su geografía
inmediata. Porque en definitiva, es conocer el resultado de la adaptación al
medio y sabiduría que le han legado sus generaciones pasadas.
Seguidamente, Sabir trata de explicar el significado de los nombres
propios de hombre y mujer que se recogen a lo largo de nuestra historiografía,
haciendo mención a los paralelismos existentes con palabras del tachelhit.
Por último, el
profesor nos brinda una serie de fotos con la finalidad de apoyar las hipótesis
anteriormente razonadas. En estas asombrosas fotos se muestran temas
relacionados con la cultura susí (artesanía,
folklore, ganadería, etc.), las señales de tráfico que indican los topónimos
paralelos marroquíes, así como algunas tradiciones de fuerte arraigo a ambos
lados del "charco".
En definitiva,
hablamos de una obra que nos lleva a la reflexión. Sobretodo a aquellas
personas que estamos implicadas en la defensa de la cultura canaria y la
promoción de nuestra identidad. Cuestiones como: ¿Podríamos recuperar nuestra
lengua? ¿Podemos saber de dónde venimos exactamente? ¿Estamos solos en la
defensa de nuestra cultura? ¿La cultura canaria es sólo canaria? serán
planteadas por el lector.
Sin duda, aunque
inintencionadamente, el Sr. Sabir da una gran lección
a muchos historiadores y filólogos canarios que continúan anquilosados en sus
teorías positivistas, para nada científicas. Autores como el que prologa su
libro, los cuales han mantenido en silencio pasajes de fuentes que, desde el
siglo XV, emparentan a los canarios con los
norteafricanos continentales. Autores que han buscado en lenguas extrañas y
lejanas el significado de nuestras palabras heredadas de los guanches. Autores
que actúan como auténticos policías culturales, "capando"
las iniciativas que tratan de abordar científicamente el pasado de las islas.
Seguramente, -como me
ha ocurrido a mí- a cualquier canario que tenga el placer de leer este libro le
picará el gusanillo de dar el salto hacia Agadir -la capital del Valle de Sus-
para conocer la cultura que describe el Profesor Sabir
en sus hipótesis. Yo ya lo he hecho y he tenido el placer de conocer a esta
estupenda y agradable persona, y aunque quizás mi opinión no es la más
imparcial, tengo que reconocer que sólo hace falta bajarse del avión para
empezar a captar esa sensación que, indudablemente, es la que siento al ver una
foto de un abuelo o familiar lejano, o una escena antigua del campo canario.
Creo que esa sensación tiene un nombre, y se llama: parentesco.