Al César lo que es del César
(II)
Agapito
De Cruz Franco
Esta aculturación puede rastrearse a través
de la historia del Cristianismo. Los templos griegos y romanos se convirtieron
en los nuevos templos cristianos. La
Curia -edificio del Senado romano-, la Basílica -Casa Real-, el Sumo
Pontífice -Emperador- o el rojo imperial, pasaron a ser la arquitectura formal
de la Iglesia. Se
adaptó la mitología a la nueva religión. Demonios y ángeles se modernizaron. La
imagen de la diosa Isis amamantando a Horus, se transformaría, sin perder la luna y las
estrellas, en la de la
Virgen María y el Niño Jesús. Sólo que ahora con posturas
recatadas frente a la desnudez anterior. La Cruz del Nilo, fuente
de vida para los antiguos, cuyo lazo superior representaba el Delta, los brazos
laterales los dos desiertos del río, y el Nilo
benefactor el más largo, pasó a ser la Cruz de Cristo fuente de vida
eterna. Uno de los milagros más
grandes es haber convertido tres mujeres en una. Fue San Gregorio Magno en 591, quien creó a María Magdalena con tres personajes evangélicos sin relación
alguna: María de Magdala, principal testigo de la
resurrección de Cristo, María de Betania, hermana de
Marta y Lázaro y la pecadora anónima que baña con sus lágrimas y perfumes, sus
pies. (Andrés Guijarro,”Memoria. La historia de cerca”, nº IX ) El
resultado, la prostituta más famosa de Occidente y desconocida en la Iglesia de Oriente. Se
unió así la importancia evangélica de la primera al legendario viaje de la
segunda hasta la Provenza
y ambas bajo el papel de arrepentida de la tercera. En lugar de respetar el
gran peso apostólico y la importancia de la mujer en las primeras comunidades, se
estigmatizó a ésta para siempre en una Iglesia dominada por el hombre.
En vez de seguir las enseñanzas evangélicas,
y dar al César lo que le pertenecía, éste
fue asumido, metafóricamente hablando. Se apropiaron del estoicismo y sus
valores universales y de bondad, a los que añadieron los contra-valores de la
verdad absoluta. Desde muy temprano apareció la Institución con las
élites que la controlaban, y el pueblo de
Dios que vivía el Evangelio, pero siendo a su vez víctima de los
propietarios de una Verdad Revelada, que llega a la actualidad. Baste el
ejemplo del teólogo de la liberación, el ex-obispo Lugo reciente vencedor de las elecciones en Paraguay. Jerarquía,
que manipularía hasta las matanzas en el Coliseo, las cuales, no fueron
solamente de cristianos, sino de muchos sectores sociales.
Esta imposición frenó -hasta el
Renacimiento- los avances de la humanidad. Se persiguió toda idea de ciencia y
de saber. Me ha encantado que, en el marco del Egipto de hace 1.600 años, Alejandro Amenábar
(Los Otros, Mar adentro…) haya iniciado
en Malta el rodaje de Ágora. Un drama protagonizado por la británica Rachel Weisz, quien
dará vida a Hypatia de Alejandría, la primera mujer
científica, filósofa, neoplatónica y maestra de Occidente, que moriría
despellejada por los primeros cristianos en 415 por no querer convertirse al
Cristianismo. Lo que ya adelantaba sus maneras a lo largo de los siglos
siguientes con las Cruzadas, la Santa Inquisición, las guerras de religión, la
sangrante colonización de América, o la predilección de su Jerarquía por los
fascismos. Va a ser interesante cómo nos presenta Amenábar
a esta intelectual que en pleno período helenístico resultó ser para los cristianos
una bruja
peligrosa que había que eliminar. El Obispo San Cirilo de Alejandría -un católico que no toleraba el paganismo- fue,
según los historiadores, el principal responsable de su muerte. Ejecutada por
un grupo de cristianos violentos sería golpeada, desnudada, arrastrada por toda
la ciudad, torturada cortando su piel, para descuartizarla y quemarla después.
No es de extrañar que Benedicto XVI
no haya condenado la Pena
de Muerte en su reciente viaje a EEUU, que es junto con China e Irán los tres
países del mundo a la cabeza en asesinatos legales.
No puede. De hecho la idea bíblica y paulina de la sociedad, parece legitimar, desde
la perspectiva de la propia fe, la pena capital. Canónicamente no existe el
rechazo a la misma. Lo que se disimula con mensajes hipócritas en defensa de la
vida. “¿Qué se tiene contra la guerra,
quizás que mueran seres humanos que alguna vez tenían que morir?” (San
Agustín). Muy lejos todo de aquel mensaje evangélico: “Pedro, guarda tu espada en la vaina…” inicio de una religión de Amor.