Detrás de Ceuta y Melilla puede ir Canarias

Habrá quien considere que exagerábamos cuando dijimos que entra en lo posible que el Gobierno de Zapatero, a medio plazo, acceda a la pretensión de Marruecos de compartir con España la soberanía de Ceuta y Melilla. No es tan descabellada la idea -recordemos que ya hay noticias al respecto de medios peninsulares- si se atiende a la más simple lógica: la geografía. Ahí están los ejemplos de las colonias portuguesas en Goa (India), Macao (China) y Timor Oriental (Indonesia), las francesas de Indochina, el Hong-Kong británico, etc., etc., para llegar a la conclusión de que, al final, es indefendible la posición de que un territorio ajeno inserto geográficamente en un Estado no le pertenece también políticamente. Y, dado ese paso por parte de Marruecos, creemos que la monarquía alauí se atrevería a dar el siguiente: la reclamación, por las mismas razones geográficas, de Canarias. Tal vez sin mucho convencimiento de conseguirlo, pero lo haría. Esa sería la forma de parar a España en otros asuntos delicados que afectan a las relaciones bilaterales: la autodeterminación del antiguo Sahara español o el trazado de la mediana en las aguas que separan la costa de la ex colonia con las Islas, que tiene implicaciones económicas tan importantes como la concesión de permisos para realizar prospecciones petrolíferas a las numerosas compañías internacionales interesadas. Llegado a ese punto de tensión con un vecino al que Zapatero valora tanto, y que, además, es un poderoso aliado de Estados Unidos en África, el presidente podría tener la tentación de solucionar el problema cediendo. Es decir, compartiendo la soberanía sobre Canarias.

En todo caso, mientras durase el tira y afloja, el Archipiélago ya sería el pim-pam-pum de dos Estados enfrentados. Y no tendríamos más remedio que aguantarnos porque no tenemos otra salida. Mientras este archipiélago siga siendo una región ultraperiférica de la UE, por mucho Estatuto de Autonomía, mucha Constitución y mucho Tratado de la Unión que tengamos, seguiremos sin capacidad para tener voz y voto sobre nuestro destino. Ni siquiera el presidente de Canarias tiene posibilidades de maniobra en esas reuniones del Comité de las Regiones a las que puede asistir.

Ante esta amenaza en potencia, Canarias puede hacer ahora algunas cosas, aunque sean simbólicas. Para empezar, recuperar la esencia y la presencia humana que tuvo antes de la Conquista. La descendencia de los aborígenes no desapareció totalmente; quedan personas que son las que ahora reclaman la soberanía, que algunos quieren llamar independencia. Nosotros, no. La independencia que sí queremos es la política y administrativa del Gobierno de Madrid, no la ruptura de la comunión económica, cultural, lingüística, afectiva, etc. con la Península. Lo que desearíamos es que Canarias fuera un país soberano con presencia en organismos internacionales como la ONU, la UE o la OTAN. Entonces sí podríamos vivir tranquilos, sabiendo que nos podremos defender por nosotros mismos de intromisiones ajenas. En el editorial del próximo domingo incidiremos más en cómo fue conquistada esta tierra y se dominó a un pueblo que vivía tranquilo. Una tierra que era conocida como Canarias y que después pasó a ser España, aunque ésta se encuentre a 2.000 kilómetros de distancia. A ver cómo se entiende eso.

Y ahora que se aproximan las elecciones generales, no está de más recordar lo que nos espera tanto si gobiernan en Madrid el PSOE como si lo hace el PP. […]

Comentario de El Día, 8-02-2008