¿El Estado contra Zerolo?

 “Supongamos que todo un poder colosal e imprevisible se ha puesto en marcha, y que el asunto central que lo moviliza no es el ‘caso de Las Teresitas’”

1.- Jugando a Simón Bolívar.

Me repetiré en esta ocasión; me repetiré en un artículo publicado en otro medio por el que firma cuando hace varios meses comenzaban a caer los primeros dardos sobre la figura del alcalde de Santa Cruz de Tenerife, Miguel Zerolo, a cuenta del escándalo de Las Teresitas. Aquel artículo, con el título: Miguel Zerolo, ¿problema de Estado? partía de las siguientes hipótesis de trabajo:

«Supongamos que el Estado considera al señor José Rodríguez, una pura anécdota, un enfermo de gloria y de hermosa talla esclerotizada, que sabe de sobra que en la vida, por muy venado que esté, se lanzaría al monte del independentismo si no fuera porque sus compañeros de viaje son gente que él confunde con el Tenerife profundo, el de las abisales y arraigadas costumbres de largas generaciones, los furiosos intérpretes del héroe de su existencia, aquel que lanzó la frase «Ha llegado la hora de Tenerife», aquel que puso en marcha la dinámica del insularismo más furioso, el ex presidente del Gobierno de Canarias, Manuel Hermoso».

«Supongamos que el Estado banalice el Archipiélago, que en relación con las pretensiones históricas de Euskadi y Cataluña trate a Canarias como un subproducto nacionalista y que, de repente, a la vista de determinados editoriales reclamando la separación política de España, se diga a sí mismo: «hasta aquí hemos llegado con estos señoritos a los que les hemos permitido mantener un acervo, unas diferencias fiscales únicas en el entorno de la Nación, cuyo nivel de vida se basa en esencia en unas subvenciones multimillonarias procedentes de los recursos del Estado y de la Unión Europea». Supongamos que el Sistema se defiende a sí mismo, como en tantas otras ocasiones, y llegue a la conclusión, a través de sus servicios de espionaje, que los que estuvieron en la trastienda de ‘Las Teresitas’ son exactamente los mismos que mueven la marioneta del independentismo con Rodríguez de encantado bufón».

«Y supongamos que alguien, alguien desde Madrid, alguien desde la caverna del Estado, desde esa caverna que envió a la cárcel a Mario Conde, a Ruiz Mateos, a Javier de la Rosa y lesionó la credibilidad del tesorero del Rey, Manuel Prado de Carvajal, haya perdido la paciencia y diese orden de recordar que esto de la unidad de la patria no es un jueguito de pasión y risa, que ya bastante hay con soportar las compulsiones de Ibatrretxe, la quema de banderas de Ezquerra Republicana, y los histrionismos del nacionalismo radical, para que ahora Canarias, y el periódico de una isla exigiendo lo que nadie es capaz de poner en tinta en las dos territorios históricos, se instalen en el sinsentido, en el desagradecimiento a favores prestados recientemente, en la locura de hacer proselitismo con una población que ya tenía ese fantasma enterrado».

«Supongamos, en definitiva, que todo un poder colosal e imprevisible se ha puesto en marcha, y que el asunto central que lo moviliza no es el ‘caso de Las Teresitas’, ni ‘Fórum’, ni la privatización del agua santacrucera, sino el ardor y la desesperada inconsciencia de los que se disfrazan de Símon Bolívar para escapar de la responsabilidad de sus propios actos, para intentar obligar al Estado a una negociación a cambio de impunidad».

2.-Resucitar a Cubillo no sale gratis.

La gente se olvida que a Canarias le faltó el canto de un duro para ser independiente. Y no fue hace mucho. Nos situamos a finales de los años setenta, con UCD mandando en la salida del túnel de la dictadura, con Suárez de presidente del Gobierno central, y con Antonio Cubillo dando el coñazo desde Argelia.

A Cubillo no se le debe despreciar. Desde Argel, aparte de crear un buen grupo de aficionados a sus peroratas radiofónicas, bien financiado por el régimen de Bumedian, logró penetrar en las reuniones de la OUA (Organización para la Unidad Africana), y allí defendió la no españolidad de Canarias, la africanidad de las Islas o, si lo prefieren, una Canarias independiente. Y lo hizo con un éxito evidente. Hasta el punto de que el asunto canario fue recogido por la ONU con la apertura de un expediente de descolonización, dándose la circunstancia trágica, desde el punto de vista del Estado, de que para su desgracia Canarias cumplía con todas las condiciones exigidas en las normas de la Organización de las Naciones Unidas para ser declarada república independiente, como posteriormente, en esas mismas fechas, ocurrió con Cabo Verde.

Todo se complicó de forma notable. La mayoría de las fuerzas vivas locales se asustaron y reclamaron de Madrid una rápìda actuación. Consta que tanto el Rey como Suárez hicieron lo imposible para detener a Cubillo. Cualquiera que lea con detenimiento la sentencia que acusa al matarife que quiso asesinar a Cubillo una semana antes de la reunión de la ONU donde él, y la supuesta república independiente canaria, iba a ser la figura estelar, concluye que Martín Villa, a la sazón ministro del Interior, ordenó la desaparición del molesto abogado en defensa de la integridad de la nación española.

Bien, pues ese señor, el que ahora sobrevive en silla de ruedas, el que fue buscado y limpiado de toda mácula por el entonces delegado del Gobierno, Eligio Hernández, es el que aparece permanentemente en las páginas de El Día publicando sus ideas, e incluso la Constitución de la nueva república guanche. En él se alía Rodríguez para hallar filosofía política donde sólo hay chantaje al Estado. ¿Qué se pensará en esa caverna del Sistema cuando observa que aquel individuo, al que intentaron eliminar hace 28 años por considerarlo un peligro para la unidad del territorio nacional, vuelve al escenario para proclamar su ideario soberanista, ser convertido en un libertador de un paraíso inexistente, un tipo al que se le hace caso aunque todo lo que pregone huela a rancio? ¿Acaso aquellos a los que se les urgió «una actuación especial» para erradicar el cáncer del soberanismo en los años 70, no se sentirán insulados, incluso engañados?… ¿No se preguntarán si para este viaje hacían falta alforjas cuando Canarias, justamente por no acabar como Cabo Verde, por mantener sus fueros, por permitírselo el Estado, por introducirse en Europa por la puerta central, porque esa apuesta por el europeísmo ha supuesto un cambio drástico de nuestra economía, evolucionado en poco tiempo como jamás habíamos sospechado…, se preguntarán, digo, qué clase de estupidez adorna la cabeza de nuestros políticos que juegan con las cosas de comer y aún pretenden, resguardados en el victimismo, que el Estado se postre a sus pies?

3.-Las casualidades.

En política nada o casi nada es casual. La antigua ATI se ha pasado de lista en la defensa de Miguel Zerolo; el propio Miguel Zerolo ha pecado de precipitación al dejar su defensa en manos de un editorialista que carece de respetabilidad, un señor exagerado, que no conoce de medias tintas, y que una vez impulsado es imposible de parar. El daño que le ha hecho es irreparable. La insensatez del Gobierno autonómico, incapaz de predecir las consecuencias del enfrentamiento, llama la atención. Cada día en que sube el nivel de los vergonzosos insultos entre Paulino Rivero y López Aguilar, confirman a Madrid en su tesis de la existencia de una conspiración proindependentista cuyo origen es Tenerife.

Miguel Zerolo lleva una semana pensando en dimitir. Se entiende. La apertura a los medios de comunicación de un tercio del sumario a dos meses de las elecciones es una «casualidad» brutal. Por mucho que los poderes tinerfeños hayan logrado establecer la ley de la «omertá» en su isla, da igual: la ciudadanía se informa a través de Internet y de radios; las fronteras han dejado de existir. Uno se pregunta si hubo interés en el TSJC por depositar ese sumario incendiario en manos de los periodistas con los comicios a la vuelta de la esquina, y uno termina por responder que los jueces también leen, saben lo que opina el ciudadano, y saben la escabechina que producen determinadas decisiones. Mucho me temo que el juicio verdadero, el que declara culpables a los autores de un pelotazo de libro, es el que se está efectuando en estos momentos.

Domingo, 3 de Febrero de 2008

Francisco Javier Chavanel

Las Palmas de Gran Canaria

 

Comentarios de los lectores

 

3. Por suponer, supongamos que los canarios nos hartamos de los españoles que hablan en nuestro nombre. Supongamos que no le hiciéramos caso a sus dislates españoleros, que respondiéramos a sus desafueros anticanarios, de su connivencia con lo que denomina 'cavernas del estado', de su 'España imperial una grande y libre'; supongamos, los independentistas patriotas canarios, que está haciendo una apología de nuestro exterminio... En la sentencia, a la que hace referencia, a quien se condena por terrorismo de estado, es al Gobierno español. Eligio Hernández no solo fue Delegado del gobierno español en Canarias, fue asimismo Fiscal General del Estado español, menospreciado por los españoles en España y por los españoles en Canarias, como el Sr. Chavanel. Hay un calificativo para quienes, como el Sr. Chavanel, 'muerden la mano de quien le da de comer'.  Quienes vamos a perder la paciencia somos los canarios. Tiempo al tiempo... Rodolfo 09.02.2008

 

2. Muy bueno el artículo, y es que toda paciencia tiene sus límites. Fer 03.02.2008 20:42

 

1. Sencillamente anonadado, Chavanel. Me quedo hecho polvo con esta opinión, que yo diría que es un verdadero informe. Entiendo que tiene que salir a la palestra, en la campaña electoral, esta situación. Observo que en Tenerife, Coalición Canaria (antes ATI, con algún añadido de ICAN) se ha desencadenado una lucha por hacerse con el control de CC, que lógicamente dejará un montón de muertos en el camino, o quizá una escisión, como la que hubo en Gran Canaria entre CC y NC. Solo cabe esperar que los elementos que queden en CC abdiquen de pensamientos independentistas, porque sigo pensando que una fuerza política, exclusiva de Canarias hace falta en el panorama isleño (no importa la denominación o etiqueta de nacionalistas). Y que el poderoso medio que aglutina el periódico del Sr. Rodríguez quede aislado en su orientación, y que los empresarios (neocaciques) y demás adláteres, también. ¿Soy un iluso? Tenoyo 03.02.2008 12:24

Fuente: ¿El Estado contra Zerolo?

Canarias7

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