El Chova, el fuego y las papas
Wladimiro Rodríguez
Brito
Es bueno que
leamos lo ocurrido en Tenerife en los últimos días de julio, lectura que hemos
de hacer para aprender y corregir, en lo posible, el rumbo de la nave. Hasta
ahora, la calle reclama más medios, incluido el consejero de Medio Ambiente del
Gobierno de Canarias, tema éste recurrente en la vida misma.
¿Cuál es el techo de
medios que pone un colectivo para resolver un problema? ¿Cuál es la capacidad
de transformación y de cambio que produce la voluntad colectiva de un pueblo?
En los incendios
anteriores el fuego se producía en masas arboladas, principalmente en pinos;
las tierras de cultivo y los caseríos quedaban fuera del alcance de las llamas.
En el de este verano, en cambio, más de un tercio de la superficie quemada no
es forestal y una parte de la superficie de ahora no lo era hace veinte años.
Sin embargo, el lenguaje al uso es "la pinocha" y "los
medios" y de los aspectos colaterales del fuego no se habla: agricultura,
ganadería y control de las edificaciones en las proximidades. Nuestros
"expertos en fuegos", numerosos por la profusión de opiniones
vertidas desde el 30 de julio, hacen una lectura urbana del problema: bomberos,
bomberos y más bomberos, mientras los ciudadanos son objetos pasivos.
Veamos algunos
ejemplos que son ilustrativos. Don Cristóbal Pérez García, El Chova, es un señor del Amparo que tiene 76 años y nos
presenta una finca cultivada limpia de maleza dentro del monte quemado en un
lugar que llaman 'Los Tres Caminos' ubicado en lo alto del Reventón Montiel; finca sin un arañazo del fuego. Son numerosos los
ejemplos de tierras en las que sembraron papas que hicieron de barrera natural
contra el fuego, luego ¿no es más barato garantizar un precio a las producciones
locales en nuestras medianías -papas, manzanas, cereales, frutales y pastos-
que apagar los fuegos, penalizando las tierras balutas para que sus
propietarios las arrienden a los agricultores?
Estas producciones
permitirían espacios libres de combustible en los veranos, además de
suministrar alimentos frescos y garantizar los puestos de trabajo. En ese
sentido, no debemos olvidar lo que está ocurriendo en el mercado internacional
de los alimentos y cultivos que garantizan población vinculada al territorio y
a su cultura.
La lucha contra el
fuego más sostenible y barata es la tradicional, la de siempre, la rural, la
campesina. La otra es más peliculera, más cara y más problemática, tanto para
el medio ambiente como para el bolsillo de los contribuyentes. Valga como
ejemplo que un helicóptero alquilado con tripulación cuesta más de 780.000
euros al año.
Creemos condiciones
demandando productos de la tierra, poniendo algunas barreras a las
importaciones, aunque
Los vecinos de los
caseríos de Las Abiertas, San Francisco de