Consumado el desalojo y demolición de Cho Vito
"Nos vendieron como hizo Judas"
16
casas demolidas y cinco inutilizadas, pendientes de tirar de inmediato
Operativo
de
Una pala
hincó sus dientes a las 10:30 horas de ayer [7-10-2008] en el
número 20 de Cho Vito. Fue la primera casa en caer y un golpe moral que tiró
las esperanzas de supervivencia de este poblado de Candelaria.
El Día - MEDINA/GONAR, Tenerife
MIÉRCOLES,
8-10-2008
La última noche en Cho Vito fue larga. Muy larga. La
casa de Tomás González, portavoz de los afectados por la demolición de 21casas
(ya son ocho las que se salvarán) de este poblado de Candelaria, fue el centro
neurálgico de la actividad junto con la plaza, lugar donde se tomaron
decisiones para evitar que Cho Vito cumpliera su condena de muerte. A última
hora de ayer, 16 casas ya habían sido demolidas y cinco inutilizadas,
pendientes de tirar hoy.
No eran las 22:00 horas del lunes y ya efectivos de
Durante esa madrugada consiguen "colarse" en
el poblado amigos y gentes de otros rincones de Tenerife afectados también por
Asamblea.- A
las 2:00 horas, residentes y visitantes se congregan en la plaza de Cho Vito
con el fin de trazar su estrategia para repeler la "invasión" de las
palas. La presencia de
Todos coinciden en poner resistencia. Hasta seis
hombres se ofrecen a inmolarse en "puntos fuertes" de Cho Vito que
saben que no serán pasto de la pala, caso de una cueva con puertas y casas no
afectadas por la demolición. A las 3:00 horas, los mayores se retiran a coger
fuerzas y son los varones de unos 40 años quienes deciden quedarse a defender
el poblado.
El temor a la llegada de la pala ya se había diluido a
las 5:30 horas. Pierde fuerza el planteamiento de aquellos que apuestan por una
resistencia agresiva, aunque todavía dos vecinos defienden quemarse "a lo
bonzo". La mayoría se decanta por una resistencia pasiva: que
Decepción con el pueblo.-
Los vecinos de las 23 viviendas afectadas por la demolición se afanan en
almacenar sus enseres y electrodomésticos en el interior de las casas que no se
van a tirar.
Poco después de las 6:00 horas, ya de mañana, Cho Vito
sigue a oscuras. La tensión ha mermado el ímpetu de los afectados, que no
ocultan su malestar por la falta de solidaridad tanto del pueblo de Candelaria
como de otros rincones de
La falta de respaldo vecinal hizo que se cuestionaran
de qué valía que llegaran a ser apaleados cuando no tenían respaldo popular y
se iban a tirar sus viviendas.
No amaneció en Cho Vito.-
Aún sin salir el sol, unas sombras comenzaron a proyectarse sobre el poblado.
En minutos, las sombras se transforman en agentes de
Voz en grito, uno de ellos dijo: "Quedan seis
minutos para que abandonen las casas los que no son de aquí". Aquellos que
deciden mantenerse para cumplir con el ejercicio de la profesión son increpados
por algún "madelman". "Los que sean
vecinos, que se queden y el que no, que salga fuera". Era una particular
cuenta atrás a lo que estaba por venir.
Los residentes son arrinconados en la plaza de Cho
Vito. Para entonces, ya ha salido el sol, pero en ese momento
Una de las tímidas muestras de apoyo llegó por mar.
Una embarcación que había partido del puerto de Tabaiba llega al litoral de Cho
Vito para solidarizarse con sus moradores. Rápidamente hizo acto de presencia
una patrullera de
Después de las 8:00 horas de ayer apareció la pala.
Antes de que bajara por el escarpado terreno, los guardias proceden a los
primeros desalojos. Los vecinos se decantan por la resistencia pasiva. Así, los
guardias se tienen que emplear a fondo para cargar a pulso a aquellos que tuvieron
que ser desalojados. Mientras, el personal de
Ya subsanados estos obstáculos técnicos,
A las 10:28 horas, la pala mordió la casa de Rafael,
la segunda que se encontraba a la izquierda de la bajada de la escalera
principal. También los peldaños pasaron a mejor vida. Los guardias sacan en
volandas a otros jóvenes que se re-sisten, entre los
vítores de los pocos vecinos que quedan. Luego vino la vivienda de Ángeles, la
de Tío Pa-cho -tan rebelde
que los guardias se emplearon a fondo para romper la puerta trasera-, hasta
llegar a la casa de Cho Víctor, que da nombre al poblado. Tras esta incursión
por la parte alta, la pala da la vuelta para rematar su faena por la playa.
Uno de los momentos más simbólicos de la
"muerte" de Cho Vito se produce cuando unos vecinos intentan romper
el cristal de
Mientras Montse llora en una azotea de las pocas casas
que continúan en pie, otros salen con dos bolsas plásticas. "Aquí llevo 33
años de mi vida. Me echan, no me voy", se lamentan. Y eso, sin obviar los
calificativos más lindos que dirigen los afectados al alcalde, José Gumersindo
García, "quien nos vendió como hizo Judas".
"Ésta es la democracia. Tiran la casa de los
pobres pero no la de los ricos. Ahí están los hoteles y el chalet de Antonio
Plasencia, el dueño de Candelaria, que invade la playa pero no se atreven con
él", reprochan. No sólo no se libran de los reproches los políticos y
periodistas, sino la misma jueza, quien "se leyó en hora y media 1.600
folios para decretar el lunes la demolición del poblado", dice un locutor
cuya vocación frustrada parece alimentar la cizaña contra Guardia Civil,
periodistas profesionales y hasta el alcalde. Así, en un momento de tensión
echa mano a su móvil y se pone en contacto con Sindo
-como llamó al alcalde- para desafiarlo a venir. "Lo digo como vecino y no
como periodista". Los derribos continuarán hoy. Al final, se impone la
ley.
Los políticos, como aves de rapiña
Hasta la playa de Cho Vito, un terreno de titularidad
pública en su mayoría, se trasladaron ayer concejales de la oposición,
remedando lo que había hecho el día de la suspensión cautelar de la demolición
el propio alcalde, José Gumersindo García Trujillo. El "primer
espada" del ayuntamiento, como lo definió un locutor que promovía la
revolución vecinal, acudió el viernes a dar la cara. Ayer, José Fernando Gómez,
del PP, fue el primero en personarse en el lugar de
la demolición para actuar de plañidera con cuantos iban desfilando según salían
con lágrimas en los ojos y los últimos enseres, ordenadores o ropa que
rescataron del interior de las casas a las que nunca más volverán. Cuando ya
estaba en marcha la demolición, llegaron los ediles de CC Pedro Méndez y María
Cira Medina, ésta última esposa de un mando de
Reproducido de
El Día, 8-10-2008