DERRIBOS
EN
Cho Vito es un
ejemplo
La
resistencia pasiva de sus habitantes en el derribo, desenlace de una tensa
vigilia en el poblado marinero de Candelaria.
ESAÚ HERNÁNDEZ -
Diario de Avisos, 8-10-2008
CANDELARIA
Una
unidad del Grupo Rural de Seguridad (GRS) de
El
resto eran escombros, y poco tardará en seguirle la otra mitad del lugar, al
que al final hay que restarle, además de las seis casas consideradas como única
vivienda por
Una tensa vigilia.
Cho
Vito es un pueblo que ha estado sumido en la desesperación por perder un trozo
de su historia: hace un año, dijeron que estaban dispuestos a organizar un
suicidio colectivo. Un pueblo que suspendió los encadenamientos y la huelga de
hambre cuando el Gobierno canario les recibió; un pueblo preparado, hasta
mediada la madrugada, a salir de sus casas como parte de los escombros; un
pueblo que, a las tres de la mañana, tenía montada una barricada en las
escaleras de la entrada principal, lista para arder, y no era lo único porque
algunos invitados estaban dispuestos a dar lo que el morbo pedía, incluso con cóteles
molotov que terminaron escondidos. Incluso alguno de los foráneos autoinvitados a la protesta había amenazado con inmolarse, con
quemarse a lo bonzo, pero nada de eso ocurrió, la sinrazón no triunfó
y los vecinos de Cho Vito supieron imponer su criterio en unas reuniones que se
sucedieron desde las cinco de la mañana con miembros de
Algunos
decían estar dispuestos a todo; tanto, que mientras montaban de madrugada una
de las barricadas planteadas, se afanaban en impedir que los medios de
comunicación les grabaran, como habían hecho con el resto de los vecinos, que
dijeron más de una palabra, pero de agradecimiento. A medida que se iban
tapando la cara con camisas o cubriendo con capuchas, el temor a una batalla
con la policía cobraba fuerza, ya que, mientras los agentes de
No
fueron los únicos descontentos con su función en el día del derribo, porque los
conductores de las grúas se negaron a presentarse para retirar de la entrada
los coches de los vecinos. El operador de la pala, el primer operador de la
pala (hubo un segundo), se negó a seguir trabajando después de destrozar las
tres primeras casas, la última, la de Cho Vito, el pescador que le da nombre a
un pueblo que caerá, pero que no desaparecerá:
"¿Dónde
está el resto de Candelaria?". "¿Dónde están los otros pueblos de la
costa afectados, Bajo
La
casa de David era una de las marcadas para derribar. Se le ponían con spray
las letras D. P. (domino público) y el número de la vivienda. A las que no
quedaron destrozadas ayer mismo se les retiraron muebles y puertas para no
hacerlas habitables, pero con David se echaron atrás ayer por la tarde y le
devolvieron lo que quedaba de sus enseres familiares.
Los
guardias civiles sudaron la gota gorda, literalmente, cargando en peso a todos
aquellos que decidieron plantarse dentro o fuera de las casas, en un visible
acto de resistencia pasiva, pero no silenciosa. "¡Que se ganen los 80.000
euros!". Se referían al dinero que costaba el operativo, que contó además
con una veintena de obreros que desalojaron de muebles y enseres todas las
viviendas, que luego tiraron a un improvisado vertedero, y con el trabajo de
funcionarios y técnicos de Costas a los que se les presentaba un problema,
mantener fuera de peligro a las casas que dan pared con pared. Una funcionaria
de Costas dijo que "el Ayuntamiento conocía desde el primer momento todo
sobre el derribo, e incluso nos han ayudado", según dijo el concejal del PP en Candelaria, José Fernando López, que se presentó como
personal del Ayuntamiento y sorprendió a la citada funcionaria al confesar que
era de la oposición.
Llega el alcalde.
Después,
el alcalde, Sindo García, llamó a uno de los vecinos
y éste le invitó a venir "para que veas lo que has conseguido", una
invitación que el regidor esta vez no aceptó. Según el abogado de los
afectados, Eduardo Silgo, "se informó al alcalde de que podía ordenar a la
policía local paralizar el derribo, porque no tiene ni licencia de obra, ni
estudio de impacto medioambiental, ni nada, pero no lo hizo". Silgo no
podía ayer tarde reunirse con sus clientes, pues la valla perimetral impedía su
entrada, algo que le resultó "indignante" y dijo que va a llevar a
los juzgados. Explicó que la juez le había comunicado que, después de la
suspensión provisional del derribo que dictó el pasado viernes, seguramente se
volvería a ampliar el lunes, algo que no ocurrió. "Además, también nos
planteó pagar los 80.000 euros para suspenderlo, pero no lo propuso al
final". Uno a uno los vecinos fueron desfilando sobre los cansados brazos
de los agentes. "¿Esto es democracia?". "¿Por qué no tiran los
hoteles de Lanzarote?". Sólo gritos y aplausos; sin agresiones, sin
defenderse, tan solo convirtiendo su cuerpo en un peso muerto al que hubo que
apoyar en el suelo en varias ocasiones demostrando que a los agentes se les iba
la fuerza por la boca, ya que dedicaron la otra parte de sus energías, durante
todo el día, a dificultar el ejercicio del derecho a la información de los
ciudadanos, intentando impedir a los medios hacer su trabajo, que se pudo
llevar a cabo gracias al tejado o la terraza de los vecinos que, de momento, se
libran del derribo.
La
paradoja de Tabaiba Baja y Cho Vito no dejaba de sobrevolar las cabezas de los
afectados: "¿Cómo puede ser que
Reproducido
de Diario de Avisos, 8-10-2008