Hacia una codecisión
Juan Jesús Ayala
Situar el término codecisión
en los entresijos del debate es sinónimo de altas miras políticas, ya que lo
que se pretende significar con él es no permanecer enrocado en una sola disponibilidad
ni de criterios ni de toma de decisiones. O, mejor aún, es compartir
responsabilidades ya asumidas y que están en la conciencia colectiva de los
interlocutores.
Con el posicionamiento
del término, una vez que se asume se marca el lindero de pasadas y aun de
algunas actuales componendas políticas. Cuando se avanza en la búsqueda de
situar las cuestiones a dos bandas, cuando no es uno el que dicta y otro el que
copia sino que ante una situación nueva o difícil lo que se pone en la mesa de
la discusión es compartir, es decidir entre ambos, el camino que se pretende
transitar será mas dignificante y positivo.
Las transiciones
políticas, y más concretamente la aceptada y recorrida tras
Y esa segunda
transición deberá hacerse dentro de una estricta visión política de cómo está
desarrollándose la vida de nuestro entorno y pulsar qué políticas de carácter ombliguistas están en el camino de la inoperatividad y qué
nuevo rumbo debe ser considerado.
No obstante, las
reticencias guardarán su celo en cualquier esquina y aquellos que pretenden
tener las cuestiones controladas dentro de sus decisiones y espacio no estarán
por esta labor. Pero los hechos son muchas veces más tozudos que las exigencias
y componendas personales y las razones históricas de los pueblos son aun más
determinantes.
De ahí que las
respuestas ante muchas preguntas que permanecen en el aire vendrán, estoy
seguro, por el nuevo camino de la codecisión.
Codecidir es un verbo que está tomando presencia activa porque
las exigencias de los territorios así lo ponen de manifiesto. Y con ello se
logrará un mejor y más amplio espacio donde se instaure la verdadera esencia de
la democracia; en la que los implicados decidan y adopten posicionamientos y
acuerdos que redunden en beneficio de unos y de otros. De eso debe tratarse y
de nada más.
El discurso ramplonero es continuar empecinados en que la historia es
inamovible y considerar que los acontecimientos deben ser dirigidos ahora y
siempre desde un solo y único puente de mando. Y no.