¿Estamos equivocados?

¿Estamos equivocados en nuestros planteamientos? Rotundamente, no. Somos, simplemente, la caja de resonancia de un clamor popular; un grito aún sordo porque lo amordaza el temor a decir, con entera libertad, que los canarios aspiran a ser un pueblo soberano en el mundo; a tener una representación propia en los foros internacionales. Entre otras cosas, para no tener que ir a Madrid a pedir un dinero que, según la voz sabia del pueblo, nos pertenece, pues es un dinero recaudado en Canarias que luego va a Madrid.

También carece de sentido pedir más competencias, aunque sea mediante la melopea de la reforma del Estatuto de Canarias. Siendo soberanos, tendremos todas las competencias. No habrá que implorarle a Zapatero, ni a ningún presidente, que nos transfiera más atribuciones estatutarias. Queremos una sola, que es la última y definitiva, pues genera por sí misma todas las demás. Queremos la soberanía; ni más, ni menos. La única reforma admisible del Estatuto es incluir el artículo adicional de la transición a la soberanía[…].

¿Por qué no damos de una vez ese sensato paso al que optaron, en su momento, los pueblos que hoy son libres? Hasta los Estados Unidos, actualmente el país más poderoso de la Tierra, fue una colonia antes de su independencia, en 1776. ¿Por qué no hemos de liberarnos nosotros también? ¿Por qué hemos de seguir siendo lacayos de Pepiño Blanco, Zapatero, el propio Aznar y tantos otros políticos españoles, que no comprenden nuestra idiosincrasia y hablan con otro acento que no nos gusta? Los canarios nos expresamos de forma distinta, aunque la lengua de nuestros antepasados guanches fue extirpada por los sanguinarios conquistadores que masacraron a nuestros ancestros. ¿Por qué no recuperamos esa memoria histórica, ahora que está tan de moda sacar a la luz luctuosos acontecimientos del pasado?

Decir esto no es fomentar en Canarias un terrorismo de corte etarra, como ha sugerido algún articulista; decir esto es proclamar, sin censura de ningún tipo, que los canarios no queremos ser menos que los ciudadanos de Cabo Verde, Malta, Isla Mauricio, el Congo y tantas otras naciones que iniciaron el siglo XX como colonias y lo concluyeron con la gloriosa condición de países soberanos.

Quienes ahora sienten temor ante la posibilidad de que Canarias sea un país soberano rebosarán de felicidad cuando puedan viajar por el mundo como ciudadanos de un Estado libre. Y no sólo eso. También tendremos en nuestra tierra embajadores de otras naciones, mientras que nuestros representantes diplomáticos y nuestra bandera estarán en las capitales más importantes del planeta. Ese será un gran día para nuestra tierra.

 

Comentario de El Día, 11-06-2008