¿Estamos equivocados?
¿Estamos equivocados
en nuestros planteamientos? Rotundamente, no. Somos, simplemente, la caja de
resonancia de un clamor popular; un grito aún sordo porque lo amordaza el temor
a decir, con entera libertad, que los canarios aspiran a ser un pueblo soberano
en el mundo; a tener una representación propia en los foros internacionales.
Entre otras cosas, para no tener que ir a Madrid a pedir un dinero que, según
la voz sabia del pueblo, nos pertenece, pues es un dinero recaudado en Canarias
que luego va a Madrid.
También carece de
sentido pedir más competencias, aunque sea mediante la melopea
de la reforma del Estatuto de Canarias. Siendo soberanos, tendremos todas las
competencias. No habrá que implorarle a Zapatero, ni a ningún presidente, que
nos transfiera más atribuciones estatutarias. Queremos una sola, que es la
última y definitiva, pues genera por sí misma todas las demás. Queremos la
soberanía; ni más, ni menos. La única reforma admisible del Estatuto es incluir
el artículo adicional de la transición a la soberanía[…].
¿Por qué no damos de
una vez ese sensato paso al que optaron, en su momento, los pueblos que hoy son
libres? Hasta los Estados Unidos, actualmente el país más poderoso de
Decir esto no es
fomentar en Canarias un terrorismo de corte etarra,
como ha sugerido algún articulista; decir esto es proclamar, sin censura de
ningún tipo, que los canarios no queremos ser menos que los ciudadanos de Cabo
Verde, Malta, Isla Mauricio, el Congo y tantas otras naciones que iniciaron el
siglo XX como colonias y lo concluyeron con la gloriosa condición de países
soberanos.
Quienes ahora sienten
temor ante la posibilidad de que Canarias sea un país soberano rebosarán de
felicidad cuando puedan viajar por el mundo como ciudadanos de un Estado libre.
Y no sólo eso. También tendremos en nuestra tierra embajadores de otras
naciones, mientras que nuestros representantes diplomáticos y nuestra bandera
estarán en las capitales más importantes del planeta. Ese será un gran día para
nuestra tierra.
Comentario de El Día, 11-06-2008