Algo más que un montaje

 

El ánimo anexionista de Marruecos debe ser un argumento más para desear la soberanía de Canarias antes de que sea demasiado tarde.

 

 

Sirve como base para un conocido fotomontaje en internet, pero lo cierto es que, individualmente, circula por muchos lugares de Marruecos.

• EL DÍA, 12-08-2008, Santa Cruz de Tenerife

Viendo el mapa y, sobre todo, lo que indican sus colores, se comprenderá me­jor lo que tantas veces hemos advertido desde este periódico: que el ánimo anexionista de Ma­rruecos hacia Canarias debe ser un argumento más para desear la soberanía de Canarias antes de que sea demasiado tarde. El afán por aña­dir nuevas tierras que la dinastía alauí consi­dera suyas la ha llevado a que en muchos luga­res de Marruecos se exhiban mapas como el que hoy mostramos, donde se considera parte de ese país la mitad sur de la península Ibé­rica, el Sahara, parte de Argelia y, lo que a noso­tros nos interesa, las Islas Canarias.

 

Ante estas intenciones, hay que reaccionar, y no será el Gobierno español quien lo haga, a tenor de cómo permite otras cosas a su vecino del Sur; es más, existe la posibilidad de que, detrás de las cesiones de soberanía a favor de Marruecos en Ceuta y Melilla, venga Canarias. Ya sabernos que este mapa forma parte de un montaje fotográfico puesto a circular por internet en el que aparecen el presidente espa­ñol, José Luis Rodríguez Zapatero, a un lado, y el rey marroquí, Mohamed VI, al otro. Por eso, reproducimos aparte la imagen verdadera con la que se hizo el montaje, que no aplau­dimos. Se trata del descubrimiento, en abril de 2004, de una placa en memoria de las vícti­mas de los atentados de Casablanca. El lugar era la plaza Mohamed V de Casablanca. Alguien aprovechó una toma fotográfica hecha frente a ambos mandatarios para colo­car en el centro, en lugar de los caracteres en árabe que figuran, un mapa muy parecido al que se reproduce en esta página. Pero eso no resta trascendencia al fondo de la cuestión. Y es que, como se sabe, esa reproducción tan par­ticular de las fronteras marroquíes cuelga de la pared de muchos hoteles y despachos ofi­ciales del país vecino.

 

• EL DÍA, 13-08-2008, Santa Cruz de Tenerife

Tanto si se trata de un documento verdadero, como si estamos ante un fotomontaje -lo que en realidad es- el mapa de Marruecos, que incluye el antiguo Sahara español, las Islas Canarias y Andalucía con el mismo color que el reino de la dinastía alauita, debería movernos a la reflexión. Porque, ¿no son esas, en el fondo, las intenciones marroquíes? Sólo los ingenuos de solemnidad pueden negarlo.

Rabat aspira a integrar en su territorio, y de forma inmediata, a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Desde hace meses se comenta que el Gobierno de Zapatero, muy débil en política exterior debido a su distanciamiento de Estados Unidos, podría aceptar la cosoberanía de ambas ciudades. Eso calmaría las apetencias de Mohamed VI, si bien sólo de forma momentánea. El siguiente paso sería la plena integración de ambas plazas en el territorio marroquí. Paralelamente, comenzaría la presión alauí para conseguir también el Archipiélago canario. Marruecos considera que España y Europa terminan en Gibraltar, y que de ahí hacia el sur comienza África. Con este criterio, Canarias forma parte de África y, por proximidad, las Islas deben ser marroquíes.

Mientras este peligro se cierne sobre nuestro Archipiélago, los políticos canarios siguen discutiendo que si galgos, que si podencos, que si Estatuto. Ese estatuto cuya sola mención nos repugna tanto como pensar en los machangos con melopea que se empeñan en modificarlo inútilmente. Lo repetimos con claridad: el Estatuto no nos vale ni como está, ni con la reforma que suplican en Madrid los mendicantes políticos canarios, cuando el ejercicio de la política pura les deja tiempo para ello. Ni nos sirve el Estatuto, ni los necesitamos a ellos. El mejor servicio que podrían prestarle al pueblo canario es marcharse y dejar paso a gente nueva; personas capaces de limpiar tanta podredumbre.

Los ciudadanos están hartos de esperar. Porque, además de realizar una labor inútil -cuando no perjudicial- para los intereses de la nación canaria, los diputados autonómicos siguen sin rebajarse los sueldos y devolver lo que han cobrado de más durante este tiempo. Mientras no lo hagan, no habrá paz en el Archipiélago y serán repudiados por la ciudadanía más de lo que ya lo son. ¿Con qué cara se presentarán estos personajes a las próximas elecciones? Esperemos que entonces existan listas abiertas, para que ninguno pueda ampararse bajo las siglas de los partidos.

Lo repetimos: la soberanía es la única salida para alejar el peligro de las apetencias marroquíes. Es un grave error y una irresponsable pérdida de tiempo permanecer de brazos cruzados. Ha llegado la hora de que los machangos dejen de hablar del Estatuto y comiencen a ocuparse de una Constitución soberana para Canarias. El único Estatuto útil es aquel que establezca en qué condiciones hay que traspasar a las Islas el poder que ahora está en manos de la Metrópoli. Nada más. Hablar del Estatuto actual y de su reforma es hacer vomitar al pueblo.

Comentario El Día, 12 y 13-08-2008