Una Constitución distante y ajena
En
estos días observamos la crítica pertinaz de determinados medios de
comunicación a las ideas de separatismo, independentismo y soberanía de la
nación canaria. Conceptos que siempre han formado parte de los sentimientos más
profundos de los isleños de bien, pero que hasta ahora muy poco, y muy pocas
veces, se habían expresado con la claridad exenta de temores con que lo estamos
haciendo nosotros. […]
Estos
son los individuos con quienes se alían esos medios de comunicación; esos
pasquines -algunos sin más difusión que una mera hoja parroquial- reacios, por
orden de quienes los sustentan, a que el pueblo canario exprese sus
aspiraciones de soberanía; a que seamos los canarios, y no otros, quienes
decidamos nuestro presente y nuestro futuro sin las ataduras que nos han
impedido decidir nuestro pasado. Llegados a este punto, nos preguntamos si
tiene sentido acusar de separatistas a quienes defienden estas ideas. ¿Es
separatismo la legítima e inaplazable aspiración a recuperar una situación
anterior? Una situación, debemos recordarlo, que le permitía vivir en libertad
a un pueblo sometido por conquistadores y mercenarios llegados de tierras muy
distantes. Un pueblo que poseía sus propias estructuras sociales, algunos de
cuyos miembros, además de perder en unos casos la vida y en otros sus tierras,
fueron exhibidos en las cortes europeas como raros especímenes
o, simplemente, vendidos como esclavos. ¿Es separatismo, insistimos, el deseo
de reparar semejante injusticia?
También
carece de sentido, a nuestro entender, criticar a los que hablan, por fortuna
ya abiertamente, de la independencia de estas islas. Las islas -lo han dicho
numerosos autores- son de los continentes. Por lo tanto, la dependencia natural
de Canarias no es España, de cuyas costas nos separan nada menos que
Nos
hemos convertido, debido a trampas políticas, en una comunidad más del Estado
español. Una de esas trampas es la propia Constitución. Un texto legal
construido a mucha distancia de Canarias, y luego impuesto por la fuerza al
pueblo de este Archipiélago. "Los canarios también votaron a favor de
Son
estos planteamientos los que deben hacer los diputados canarios en las Cortes
españolas. Nos referimos a Ana Oramas y José Luis Perestelo
en el Congreso, y a Alfredo Belda en el Senado. Ana Oramas ha gozado, goza y
sigue gozando de nuestras simpatías tanto por su atractivo personal -dicho con
todo respeto-, como por su inteligencia y su probada valía en la defensa de los
intereses de su pueblo. Por eso queremos que no se limite a pedir más dinero y
competencias para Canarias. Eso está bien, pero resulta insuficiente. El
siguiente paso -un paso que no admite demoras- es pedir la soberanía. Ana
Oramas, y José Luis Perestelo, y el propio Alfredo
Belda tienen que dar a conocer ya las aspiraciones de Canarias sin miedo y sin
temores. Sin ni siquiera ese pudor hacia la historia impuesta, o como
consecuencia precisamente de dicha historia sobrevenida por la fuerza de las
armas, que alguna vez ha citado Borges. ¿De qué tiene miedo Ana Oramas? ¿Acaso
van a encarcelarla o fusilarla por manifestar lo que ya se comenta en muchos
ámbitos de estas Islas? En los hogares, en la calle, en todas partes se habla
sin cortapisas de que los canarios queremos ser canarios, y sólo canarios.
Respetamos,
eso también lo hemos dicho siempre, a los que sienten o aman la españolidad. Un
respeto que en ningún caso nos impide decirles que deben atemperar su carácter
a nuestras costumbres o marcharse de aquí. Porque la españolidad es una argucia
perversa cuando se utiliza para mantener a esta tierra bajo el dominio colonial
de los españoles. No pueden recurrir a la españolidad quienes pacen en estas
islas; quienes se alimentan con sus bienes y disfrutan de sus encantos. La
españolidad es incompatible con la canariedad que reclamamos para Canarias y su
pueblo. Una sociedad ansiosa, hoy más que nunca, de recuperar su propia
identidad.
* * *
Ana
Oramas, Anita entre nosotros, no siga
decepcionándonos. Pida de una vez la libertad de los canarios. No dilate más lo
inevitable. Canarias y sus habitantes deben ser dueños de su territorio, de sus
aguas y de su espacio aéreo. Aspiración que sólo se puede conseguir con la
soberanía.
Comentario de El Día, 13-05-2008