UN PRESIDENTE SUMISO

Con la visita de zapatero a Marruecos se ha reproducido la misma imagen de la entrevista de Paulino Rivero, en calidad de presidente del Gobierno de Canarias, con Francisco Camps, presidente a su vez de la Comunidad Valenciana. De nuevo las piernas juntas -jamás han de estar cruzadas ante un monarca-, la mirada mansa, el gesto sumiso. Y, a su lado, Miguel Ángel Moratinos, que de tanto inclinar la cerviz ante sus amigos moros, camina ya siempre con la cabeza inclinada hacia delante. Triste imagen, se mire como se mire, de un presidente del Gobierno. Esa es la dignidad de Zapatero el grande de Europa; su mirada temerosa ante un desacuerdo, ante un simple gesto de enfado por parte del prepotente Mohamed VI, lo dice todo.

¿Qué pasaría si ese desacuerdo se produjese? ¿Qué ocurriría si Marruecos exigiese la inmediata entrega de Ceuta y Melilla, cuya soberanía ha vuelto a plantear tanto el rey alauí como su primer ministro, Abas el Fassi, durante la visita de Estado de Rodríguez Zapatero? El Gobierno de Madrid podría negarse. Es más: cabe suponer que se negaría. Le bastaría entonces a Mohamed VI con telefonear a su amigo Bush. No revelamos nada nuevo al afirmar que el apoyo táctico y estratégico de Estados Unidos a Marruecos es absoluto. Rabat le presta impagables servicios a la Administración norteamericana manteniendo a raya, como puede, el integrismo islamista. Lo cual tiene un alto precio para el Gobierno marroquí y, de manera especial, para el rey, que además de jefe de Estado es comendador de los creyentes. Es decir, la máxima autoridad religiosa del país.

Estamos convencidos de que la visita de Zapatero a Oujda es el preludio de la devolución de Ceuta y Melilla. Esto es ya irreversible. Quizá se intercale la soberanía compartida durante algún tiempo, pero al final ambas ciudades estarán por completo bajo la Administración marroquí. ¿Qué ocurrirá entonces con Canarias? Si consideramos que nuestras Islas están pintadas del mismo color que Marruecos en el mapa del Gran Magreb, no cabe esperar otro destino que el mismo reservado para las dos plazas españolas en el norte de África. Marruecos reclamará oficialmente la soberanía sobre Canarias cuando lo considere oportuno, y España poco podrá hacer para impedirlo. La comunicación entre Washington y Rabat, insistimos, es muy fluida.

Llegado este momento, no serán los partidos estatales españoles quienes salven al Archipiélago de su sometimiento a Marruecos. El PSOE porque está ocupado en asuntos como la ley del aborto o la eutanasia, para que ya no exista la necesidad de cuidar a los viejos en asilos y así quedarse cuanto antes con sus herencias. Y el PP porque está, igualmente, sumergido en sus peleas internas.

La única solución, mal que les pese a los amantes de la españolidad, es que alcancemos nuestra soberanía y seamos un país libre antes de que la debilidad de España nos entregue a Marruecos. No podemos esperar más, porque el tiempo corre en contra de nuestros intereses.

Comentario de El Día, 14-07-2008