Tres razones que no se deben olvidar

Existen tres motivos determinantes para alcanzar sin más dilación nuestra soberanía. El primero es la propia historia de Canarias. Le debemos un absoluto respeto a la memoria de nuestros antepasados los guanches, que lucharon de forma valerosa hasta su derrota. Perdieron porque su aislamiento no les permitía estar a la altura tecnológica de sus invasores, pero no porque les faltara valor y entrega en la lucha. A partir de este hecho, resulta evidente que en Canarias sobra un referéndum de autodeterminación. No por temor a un resultado inconveniente, como dicen los enamorados de la españolidad, sino porque estas Islas ya formaban parte de una tierra libre antes de la conquista. No se trata, como ocurre en algunas regiones españolas cuya situación es muy diferente a la de nuestro Archipiélago, de que un conjunto de ciudadanos cambien su situación política y administrativa. En el caso de Canarias se trata de que una población recupere la condición de país libre y soberano. La autodeterminación tergiversa la idea de que los guanches eran un pueblo libre.

Este planteamiento nos lleva a la segunda razón para que recuperemos cuanto antes nuestra soberanía: hay que devolverle a los actuales canarios lo que se les robó por la fuerza de las armas a sus antepasados. Porque hoy el pueblo canario está formado por una multiplicidad de razas. Así lo demuestra su folklore y sus romerías a las que, por cierto, son tan dados nacionalistas de pacotilla, que se exhiben en ellas con mantas esperanceras y otros atuendos. Quieren pasar ante el pueblo como los próceres de las Islas, cuando en realidad no son más que unos cobardes, incapaces de plantear en Madrid, Bruselas y Nueva York la soberanía canaria. Ha tenido que ser Antonio Cubillo, un patriota de indudable valía -aunque no compartimos todas sus ideas-, quien tome la iniciativa de enviar otra carta a las Naciones Unidas.

Ya no hay nada que justifique la existencia de una colonia en cualquier lugar del mundo. Ningún país puede ser propiedad de otro. Canarias no puede ser una propiedad de España. Debemos ser dueños de un territorio alejado de la Península, así como de su espacio aéreo y de sus aguas. Este es el sentido de la resolución 1.514 de la ONU, que impone la descolonización obligatoria de todos los territorios antes del 2010.

Existe una tercera razón para que alcancemos el estatus de país soberano. Si no conseguimos tener asiento y bandera propia en los foros internacionales, más pronto que tarde pasaremos a ser una provincia de Marruecos. Ceuta y Melilla están al caer. A continuación vendría Canarias. Canarias conservaría, como mucho, una condición de territorio autónomo, pero con un alto comisionado de Marruecos que viviría aquí y estaría a las órdenes directas de Rabat. España no es ninguna garantía para que eso no nos ocurra.

Comentario de El Día, 17-07-2008