Más trato colonial

 

¿Mantendría el Gobierno de España el mismo distanciamiento respecto a la inmigración irregular que llega por mar, si las pateras y cayucos no arribasen a las costas Canarias sino a Madrid? ¿Dormiría tan tranquila la presidenta de la Comunidad autónoma madrileña, Esperanza Aguirre, si sus centros de acogida de menores estuviesen tan saturados como los de Canarias? ¿Y si el problema lo tuviese Cataluña o el País Vasco? ¿Existiría tanta indolencia en ese caso por parte de Zapatero y su Gabinete? Lo dudamos.

Afirma Paulino Rivero que el ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, entiende el problema y apela a la solidaridad del resto de las comunidades autónomas, aunque "hace falta algo más que eso". Por supuesto que sí, añadimos nosotros. Hace falta que España renuncie a perpetuar nuestra condición de colonia. Mientras tanto, navegaremos sin rumbo en estos y otros aspectos no menos importantes. No cabe duda alguna de que el Gobierno español nos trata como ciudadanos de segunda. Sin embargo, no aspiramos a estar equiparados con los españoles de primera. Tan sólo queremos ser canarios, pero libres, soberanos y, en consecuencia, con capacidad para decidir nuestro destino.

Manifiesta también Paulino Rivero que escenas como la presenciada hace unos días en La Gomera, cuando llegó un cayuco con cuatro ocupantes muertos y varios más en pésimas condiciones de salud, hasta el punto que dos de ellos fallecieron poco después en el hospital, "nos deben fortalecer la conciencia y apelar a la necesidad a que intervenga la UE, y que España se implique más para impulsar medidas que ayuden a atenuar el impacto del drama de la inmigración en el mar". Pero España no se implica. ¿Por qué han de ocuparse en Madrid de los problemas de una colonia?

Una prueba de este desinterés lo tenemos en la repatriación de los adolescentes que llegan a Canarias a bordo de los cayucos. Señala el fiscal de Menores de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Manuel Campos, que la repatriación de estos jóvenes es inexistente, debido a las dificultades que ponen sus países de origen. De hecho, durante los últimos cuatro años ninguno de ellos ha regresado a su lugar de origen. Volvemos a formular una de las inquietantes preguntas con las que iniciamos este comentario: ¿ocurriría lo mismo si esos menores estuviesen acogidos en Cataluña y el País Vasco?

Existen múltiples razones para que dejemos de ser una colonia. La primera, y a nuestro entender la más importante, es rendirle a nuestros antepasados aborígenes el homenaje que le debemos por su numantina resistencia ante el invasor genocida. Sin embargo, aun en el caso de que no estuviésemos obligados como canarios a restituir lo que les fue robado a nuestros ancestros, el vejatorio trato que nos da la Metrópoli sería motivo suficiente para proclamar de inmediato nuestra soberanía. Además, se acerca el año 2010, y el tiempo se acaba.

Comentario de El Día, 25-07-2008