No se puede hablar de españolidad en Canarias

Desde hace unos días, un destacado ex político y magistrado, por un lado, y otros dos hombres de partido que continúan en activo, los tres pertenecientes a formaciones no nacionalistas, están escribiendo en los periódicos sobre la españolidad de Canarias, dándola por sentada. Dos de estos comentaristas se sorprenden, incluso, de que algunos dirigentes de Coalición Canaria hayan exteriorizado su opinión sobre el grado de soberanía al que debería aspirar el Archipiélago y de que enseñen los dientes, metafóricamente hablando, al Gobierno central, ese cuyo presidente todavía no se ha dignado recibir oficialmente a su homólogo canario. Es un lujo que se permite el amo, el dueño de la colonia, sobre el vasallo.

La verdad es que a nosotros se nos hace muy difícil aceptar que, a partir de una situación histórica que podría equiparse a lo que es un robo con violencia, como lo fue la Conquista de Canarias, se pueda hablar de la españolidad de esta última. Es algo que va contra la razón. No obstante, para recorrer el camino inverso, es decir, para que las Islas se desliguen de España hasta alcanzar la soberanía, no se daría esa violencia, todo lo contrario, primarían el diálogo y el espíritu pacífico para llegar a un acuerdo antes del plazo del año 2010 en que la ONU ha declarado que el mundo debe verse libre de colonias. Y después, como repetimos insistentemente, tampoco se cortarían todos los lazos con España, sino que persistirán los de tipo afectivo, económico, etc.

Hoy día, la triste realidad es que quienes deciden el destino de los canarios son los dos grandes partidos de ámbito estatal, el PP y el PSOE, lo cual es una desgracia añadida para Tenerife, pues ambos tienen su centro de operaciones, su "cuartel general", en Las Palmas. Hace pocos días hemos visto la enésima prueba de lo que decimos: viene Rajoy a Canarias a pedir apoyo por los problemas internos de su partido y ¿a dónde se dirige, y sólo allí?: a Las Palmas, y vuelta a Madrid. Esta situación de "apoderamiento" que quiere tener una isla sobre las otras seis rompe la armonía entre los canarios y es un motivo añadido para que el Archipiélago reclame ser soberano y así poder decidir cómo se distribuye el poder aquí dentro. […]

Fuente: El Día, 2-05-2008