El magnífico ejemplo de Cabo Verde

La visita de cuarenta empresarios canarios de la construcción a Cabo Verde nos produce dos sentimientos. Por una parte, nos alegra saber que en tiempos de crisis, como los actuales, nuestros empresarios son capaces de buscar nuevos horizontes para la supervivencia de sus negocios. Estas iniciativas, además de suavizar la pérdida de actividad en la construcción por la caída del mercado inmobiliario, favorecen el desarrollo de un archipiélago vecino de los canarios y querido por todos nosotros. Pero, por otra parte, nos oprime la pena de que unas islas con menores recursos que las nuestras sean un país libre desde hace más de treinta años, mientras nosotros seguimos cautivos de la metrópoli que nos sojuzga como a lacayos. ¿Cuándo surgirá en Canarias un héroe nacional con la categoría de Amilcar Cabral, capaz de lograr, aunque por medios pacíficos, la soberanía de Canarias?

Convendría que el ejemplo de este pequeño país, situado en medio del Atlántico, sirviese para reavivar la conciencia de los políticos canarios que se tildan a sí mismos de nacionalistas. Si realmente lo son, ¿por qué no plantean de una vez en Madrid, en Bruselas y en Nueva York la inaplazable soberanía para nuestro Archipiélago?

La existencia de Cabo Verde como nación independiente de Portugal, su antigua metrópoli, desmiente por sí misma la mayoría de los argumentos empleados contra la posibilidad de que Canarias sea, a su vez, un país soberano y dueño de su historia. Los enamorados de la españolidad dicen que es imposible sobrevivir sin la ayuda de España y de la Unión Europea. ¿Cómo sobreviven, entonces, los caboverdianos? Pues con una posición geográfica muy apta para el comercio y el turismo. Con menos recursos que nosotros, y un sector agrario no demasiado desarrollado -la agricultura sólo es viable en cuatro de sus nueve islas- que, además, sufre frecuentes inundaciones seguidas por intensas sequías, Cabo Verde tiene su bandera en la sede de las Naciones Unidas. Nosotros, no. Un país independiente con sólo 423.000 habitantes, mientras que un Archipiélago con más de dos millones, como es el caso de Canarias, continúa atado a su metrópoli. […]

Comentario de El Día, 30-06-2008