Un plumilla
iletrado pero atrevido
Cierto plumilla, columnista de un periódico que no vende ni
un chícharo -aunque sobrevive mantenido a golpe de talonario por políticos de
Las Palmas para que cumpla su función de caballo de Troya en Tenerife-, nos
cita ayer como el diario de mayor difusión en Tenerife. Una mentira cochina. EL
DÍA, como pueden comprobar nuestros lectores con la información del Estudio
General de Medios (EGM) que publicamos hoy, supera en difusión a todos los
periódicos de Canarias. Como parece que el plumilla aludido no sabe de números,
nos tomamos la molestia de recordarle que 211.000 lectores diarios -los que
tiene EL DÍA- son más que los 181.000 de
Desgraciadamente,
algunos siguen sin enterarse de que un
canario no es un español nacido en Canarias, sino un ciudadano con nacionalidad
propia que lleva seis siglos sin la libertad que disfrutaban sus antepasados, a
causa de una conquista feroz y genocida. Un sentimiento de canariedad que
durante medio milenio se ha mantenido oculto, porque desde los tiempos de los
Reyes Católicos los isleños que se rebelaban contra los invasores sufrían
prisión, tortura y muerte. A causa de esta persecución contumaz, muchos han
sido los que se han rendido al peninsular. Luego, mediante un proceso
perfectamente definido en psicología como el Síndrome de Estocolmo, han llegado
a ser admiradores de quienes los aplastaron como pueblo. Por eso algunos
canarios aman tan fervientemente la españolidad, aunque cada vez son menos. En
una sociedad libre y democrática, donde la respetuosa expresión de las ideas ya
no es motivo de persecución -aunque sí objeto de crítica por plumillas
iletrados-, aumentan día a día quienes se atreven a expresar sus anhelos sin
los temores de antaño. Son esas aspiraciones las que, de forma pacífica y
mediante un diálogo inteligente con las autoridades de Madrid, deben llevarnos
a la soberanía.
Ser nacionalista no es
tocar el tambor en un estadio de fútbol cuando juega la selección nacional.
Para eso basta Manolo el del bombo. Ser nacionalista significa luchar -una
lucha pacífica y basada en el diálogo, insistimos en ello- porque un territorio
como el nuestro deje de ser la infame colonia que es ahora, y adquiera
personalidad propia. Desgraciadamente, los nacionalistas no asumen esta
importante tarea. Los parlamentarios nacionalistas que están en Madrid se
dedican a la política pura, mientras que quienes permanecen aquí como diputados
en el Parlamento de Canarias se ocupan, ante todo, de expropiar ilegalmente los
inmuebles colindantes para estar más cómodos en sus despachos -incluso le
arrebataron sus bienes a una pobre señora, que murió sin que se le hiciera
justicia-, de perpetuar las tres vergonzosas mentiras del Estatuto que denigran
a Tenerife, de crear una policía autonómica totalmente inútil mientras el
Archipiélago no sea un país soberano y, sobre todo, de subirse los sueldos en
una medida calificada por
Acierta el plumilla del periódico caballo de Troya, que nunca fue
nada y cada vez es menos, cuando dice que los editoriales de EL DÍA los inspira
el director, editor y propietario de este periódico. Indudablemente es él quien
establece la línea editorial, si bien en el pasado dos personajes, que por
fortuna ya no están en esta Casa, se arrogaban tales méritos. Se trataba de
simples amanuenses con ínfulas de notoriedad. Uno consiguió que lo premiaran
dos veces; el otro dirige ahora un periódico fagocitado por otra publicación de
tirada nacional. Veremos qué ocurre con él y con ese proyecto.
Se equivoca el plumilla, en cambio, cuando cita la euforia futbolística
como ejemplo de la españolidad de estas islas. Una cosa es el regocijo por los
goles en el fútbol, y otra los sentimientos profundos de un pueblo que hasta
ahora ha permanecido en un silencio amordazado. Que nadie se equivoque.
Comentario de El Día,
3-07-2008