COMPROMISO OBRERO

 

Ekade

 

    No es momento para aburrir con la historia del movimiento sindical, ni este espacio para convertirse en loseta desencantadora de minorías que -aún- esperan exaltaciones propias de quienes pretenden “vivir de las rentas”. Es mi única intención analizar la actualidad haciendo mínimas referencias a un pasado que, por triste que sea, ya quedó definitivamente atrás. Aquel sindicalismo clasista y batallador hoy sólo es “renta” para afianzar a un puñado de vividores y, otros, inestables e inconstantes obreros ilusionados y miopes ante la realidad de un sindicalismo tendente a contentar a la patronal, sujetando a la masa obrera, y desencantar al trabajador.

 

   Quiero hablar de un movimiento obrero que está ralentizado, por intereses ajenos a los propios, por representaciones de impostores que huyen cobardemente de un conflicto natural de clases y se vendieron hace tiempo a la sociedad del consenso que define el explotador de personas, para justificarlo y abogar por él ante indefensas obreras que ya pasamos a ser personas totalmente dependientes del capital y el estado, quedando huérfanas e indefensas ante el desconocimiento de nuestro propio problema: la patronal y sus maneras.

 

   El sindicalismo de élite se ha divorciado de las bases trabajadoras, para actuar como articulación de clases. Se ha convertido en cartílago para acolchar la fricción de los enfrentados intereses de patronal y trabajadores, pasando a ser “trabajadores liberados y representadores” con potestad para hablar con la patronal en nombre de todas aquellas personas que cada vez conocen menos y cuyas necesidades se dedican a moldear según el tipo de mano de obra del mercado que demande el capital.

 

   Necesitamos otro sindicalismo. Un movimiento obrero que azotado desde las bases imponga nuevos y mejores derechos, acercando las clases sociales hacia una igualdad real.

 

   No podemos eludir, entonces, como misión primera, acabar con el sectarismo de los sindicalistas acomodados en puestos de mando, maleados hasta haberse convertido en vividores conformantes de una nueva “clase social”, equivalente a lo que el capitalismo clasificó antaño como clase media, con el único fin de utilizarlos como colchón para evitar fricciones con la clase obrera.

 

   Llegó el momento de arrancar las máscaras que estos impostores crearon para falsear posiciones creadas por los intereses de la patronal, para continuar engañando y explotando a los trabajadores, para perpetuar el moderno esclavismo del primer mundo que está basado en una clase trabajadora sin representación sindical y, encima, se pretende aparentar que si la hay.

 

   Llegó el momento de que las bases tomemos las riendas, posiblemente con más valentía que preparación -léase “contactos”- para que la humanidad retome el camino de la interminable lucha por la igualdad que, admitamos, no nos beneficia a todas, pero sí a la mayoría de las personas.

 

 

(19 de Febrero de 2008)