CONSTITUCIONES
E INDEPENDENCIA
Francisco
Javier González
El hecho de que D. Antonio Cubillo esté publicando en
“El Día” -y en “El Guanche”- su proyecto de Constitución para una República
Federal Canaria está levantando, en estas ya asirocadas islas, polvaseras de todos los colores y calibres. Desde dentro
del nacionalismo con amplia división de opiniones, desde el rechazo total al
apoyo incondicional, y desde el españolismo y sus voceros mediáticos más
caracterizados, con una cierta sonrisa de irónica conmiseración que, en realidad,
oculta una enconada oposición y el miedo a cualquier supuesto que incluya la
independencia nacional de esta colonia a la que, a falta de argumentos, oponen
el intento permanente de ninguneo del nacionalismo por estos adalides del
hispano “Imperio de Cartón”.
Quisiera separar el hecho de que las sucesivas
entregas de este proyecto constitucional estén publicadas al calor y abrigo -y,
tal vez, como soporte complementario- de las sucesivas editoriales de D. José
Rodríguez en su periódico, pero no parece posible. Los medios de comunicación
son, en general, parte del aparato de dominio y control que ejerce el que tiene
el poder político o el medio de influencia de quienes aspiran a alcanzarlo. “El
Día” en Tenerife -como “
No entro a valorar el contenido de la propuesta
constitucional, y no solo por inacabada, sino por considerarla absolutamente
extemporánea. No entiendo que, en el estado organizativo actual del
independentismo canario, podamos plantearnos proyectos constitucionales. Me
recuerda a ese millonario europeo, polaco por más señas, que ha levantado una
casa asentando en el suelo su tejado de pizarra y techando con el piso, claro
que eso es una atracción turística y una Constitución para una República
Federal Canaria -objetivo que evidentemente comparto- es algo más. ¿A que
Parlamento Constituyente presentamos este proyecto para su debate y con que
fuerza política lo respaldamos? Mi opinión personal es que este tipo de
proyectos a día de hoy, vengan de quién venga y aunque levanten polvaseras
mediáticas, no ayuda al avance político del independentismo. Más bien ocultan
la verdadera tarea que nuestra praxis debe imponernos: la construcción de la
organización que necesitamos.
Luchamos contra un bloque hegemónico que engloba, hoy
por hoy, al aparato colonial y a la burguesía dependiente, constituida en clase
dominante. España controla el poder político y los aparatos represivos y de
coacción, detentando el uso de los medios y del sistema educativo y ostentando
la hegemonía cultural que, con la inestimable ayuda de la burguesía criolla,
durante más de 500 años de controlar y orientar desde la producción y recepción
de cultura a los medios de comunicación y hasta las mismas instituciones
religiosas, y todo ello basado un nuestra supuesta pertenencia a una
enteléquica “nación española”, le ha permitido producir una total alienación de
nuestras clases populares que nos impide el autoreconocimiento como pueblo y,
como decía Secundino, hacernos creer que somos lo que no somos, contando además
para mantener esa hegemonía con una abundante colección de intelectuales -de la
“intelligentsia” tradicional- a su servicio para
mantener esa superestructura. De ahí que para que las clases dominadas, desde
el proletariado urbano y campesino a la pequeña y media burguesía, podamos
romper esa hegemonía necesitamos, primero que nada, dotarnos de la
autoconciencia necesaria para ello y no creo que esto lo logremos mediante
voluntariosos proyectos constitucionales. Se logra mediante la actuación
intelectual continuada que nos permita autoreconocernos, romper las cadenas
mentales que siglos de alienación han forjado hasta el
punto de lograr que aceptemos como “natural” -y hasta “conveniente y necesaria”-
la dependencia colonial que nos ha apartado de nuestro lugar en la historia.
Durante los años postreros del franquismo y los
iniciales del constitucionalismo español logramos tener una buena pléyade de
intelectuales comprometidos -y no todos forzosamente independentistas- en la
construcción de una cultura nacional-popular en esta heptainsulana nación, paso
inicial e imprescindible para provocar la crisis del bloque hegemónico
españolista. Fueron los momentos del I Congreso de Poesía Canaria en el Ateneo
de Aguere (1976) (recomiendo a los compañeros las lecturas, sobre todo, de las
ponencias de Juan Jiménez y Ángel Sánchez y de los poemas posteriores de la
malograda Dulce Díaz Marrero); del Manifiesto de El Hierro también en el 76
(del que podrían hablar compañeros como Víctor Ramírez, Rafael Franquelo o
Alfonso O’Sanahan que han seguido manteniendo la misma lucha por la
independencia que entonces); de los cantautores (Teddy Bautista produce el
“Nuevo Cauce” de Taburiente en ese 76 -y Ach-Guañac en el 78- y gente como Caco Senante, Lito Martín -con
su poema “África”-, Ángel Cuenca, Taller y la “Nueva Canción”…. llenaban las
plazas de las islas), en que Hupalupa publicaba sus “Cuadernos de Historia de
Canarias” en las multicopistas de la recién fundada “Solidaridad Canaria” y
organizaba el primer Acentejo, en que Francisco Tarajano, regresado de
Venezuela, publicaba sus primeros libros de poemas, en que la bandera nacional
canaria diseñada por el MPAIAC se daba a conocer por las emisiones de “
¿Dónde estuvo el fallo? He reflexionado sobre eso y
creo -en contra de la opinión de algunos fraternales compañeros- que, antes de
integrarnos en un Frente patriótico interclasista teníamos que haber mantenido
y consolidado la herramienta que marcara la línea política y epistemológica de
la clase más interesada objetivamente en la liberación nacional y social: los
trabajadores. Por ello, a mi criterio, la tarea hoy, el núcleo del debate, tiene
que ser la creación de esa herramienta -el partido o partidos- necesaria para
romper el yugo colonial y, solo cuando hayamos quebrado la dominación española,
cuando el pueblo canario haya tomado el poder y ocupemos nuestro lugar en la
historia como pueblo libre llegará al momento, de acuerdo a la correlación de
fuerzas entonces existente, de plantearnos con que Constitución vamos a
gestionar esa libertad. Discutirlo ahora es restar fuerzas a la tarea real con
lo que damos armas gratuitas al colonialismo.
Gomera a 11 de Septiembre de 2007