¿Corrupción
judicial?
Justo
Fernández Rodríguez
El Barómetro Global de Corrupción,
publicado en diciembre de 2006, basado en una encuesta contestada por 60.000
personas de 62 países, evidenciaba que la gran mayoría de los encuestados, un
69% a escala mundial, consideran insuficientes los esfuerzos de los gobiernos,
los partidos políticos, la policía, los jueces y tribunales y los medios de
comunicación en la lucha contra la corrupción.
El pasado año, coincidiendo con el Día Mundial de
A finales de mayo, Tansparency Internacional ha
publicado un informe sobre la corrupción judicial, con escasa repercusión
mediática, por lo menos en España, cuya conclusión resulta grave y alarmante.
La corrupción en el sistema judicial no solo niega el derecho a la igualdad
ante la ley, sino, las garantías constitucionales y los derechos humanos.
Un hallazgo desalentador es que, pese a décadas de iniciativas y creación de
instrumentos internacionales que protejan la independencia judicial, los jueces
continúan experimentado presión para fallar a favor de entidades políticas o
económicas poderosas, en lugar de regirse por lo establecido en la ley. Una
judicatura flexible ofrece amparo legal a los poderosos, acusados
de maniobras ilícitas, desfalcos, privatizaciones sesgadas o decisiones
políticas que, de otra forma, encontrarían resistencia en gobiernos y medios de
comunicación. La interferencia política se abre paso a través de la amenaza, la
intimidación y el soborno de los jueces, pero también a través de la
manipulación de nombramientos, sueldos y condiciones de servicio.
Huguette Labelle,
presidenta de Transparency Internacional, analiza el
resultado del Informe sobre Corrupción Judicial: "El trato equitativo
frente a la ley es un pilar de las sociedades democráticas. Cuando las Cortes
ceden ante la corrupción por avaricia o conveniencia política, la balanza de la
justicia se inclina y el ciudadano común se ve perjudicado. La corrupción
judicial implica que la voz del inocente no es escuchada, mientras que los
culpables son libres de actuar con impunidad".
El Informe entiende que la corrupción "abarca tanto la ganancia material o
financiera y la no material, como la promoción de aspiraciones políticas o
profesionales. Incluye toda influencia inapropiada sobre la imparcialidad del
proceso judicial". "Un magistrado puede admitir o excluir pruebas con
el fin de justificar la absolución de un acusado culpable que ostente un alto
estatus político, económico o social". "El proceso de apelación, una
importante vía para el resarcimiento en casos con veredicto errado, abre
oportunidades adicionales para la corrupción judicial. Cuando los poderes
políticos dominantes controlan la nominación de magistrados superiores, las
apelaciones suelen favorecer al litigante con mayor influencia política o más acaudalado. "La corrupción está socavando las bases de
la justicia en muchas partes del mundo, negando a las víctimas y a los acusados
el derecho humano elemental a un juicio justo e imparcial". Esta es la
conclusión crítica de un informe que estipula que, pese a décadas de reformas
para proteger la independencia judicial, la presión para fallar a favor de
intereses políticos sigue siendo intensa, aunque, lógicamente, es preciso
reconocer que muchos jueces actúan con integridad.
La corrupción judicial suele dividirse en dos categorías: la interferencia
política en el proceso judicial, por parte del poder legislativo o ejecutivo, y
el soborno. La importancia de una judicatura independiente no se puede resaltar
lo suficiente. Todos salen perdiendo cuando la justicia cede ante la
corrupción, en particular las personas de escasos recursos, que no pueden
competir en influencia, ni en pago de sobornos. Los jueces que se resisten a ser
comprometidos en la corrupción pueden ser víctimas de la represalia política.
Los calificados de jueces "problemáticos" pueden ser reasignados a
otras jurisdicciones o retirados de casos delicados que, a su vez, serán
transferidos a jueces más complacientes.
España no está fuera del mundo y, por lo tanto, la corrupción judicial
detectada, oculta, simulada o subterránea no muestra índices inferiores a los
de la mayoría de los países de
Encuesta de
Tampoco parece normal lo que ocurre en Canarias, donde la justicia muestra una
aparente pasividad ante casos de corrupción importantes, que afectan a algunos
políticos y que están pendientes de juicio o sentencia, desde hace quince,
doce, diez, ocho o cinco años. El Icfem, Tindaya, Casinos,
El ex magistrado italiano de Manos Limpias Gherardo
Colombo aclaraba en El País los procedimientos para la rehabilitación de
corruptos que se han practicado en Italia. En 1992, se investigó o procesó a un
millar de dirigentes políticos y empresariales de todo el arco político. Quince
años más tarde, el 50% de los incriminados han evitado responder ante la
justicia por la prescripción de los delitos. Con amargura, recordaba,
"pasaba demasiado tiempo sin sentencia". "A veces,
investigaciones que podían llegar a revelar delitos de dirigentes de muy alto
nivel fueron trasladadas a otras fiscalías y después no se vieron más".
"Han sido muy pocas las condenas definitivas". ¿Estamos, en Canarias,
ante una situación similar a la de