Costes ambientales y costes energéticos
Wladimiro Rodríguez Brito
La comunidad Autónoma
de Canarias ha producido 11.000 toneladas de neumáticos fuera de uso en el
último año, lo que equivale a 30 toneladas diarias; neumáticos que hemos dejado
de enterrar en los vertederos isleños exportándolos a Alemania. En las islas
estamos construyendo campos de césped artificial que demanda cada uno más de
100 toneladas métricas de granzón de goma, aparte de otras aplicaciones que se
pueden dar a este material, generando puestos de trabajo en nuestro territorio
y favoreciendo el transporte. Mientras, en Nápoles, los residuos urbanos salen
de la ciudad todas las noches en un tren para incinerarlos en la ciudad alemana
de Leipzig. Hemos de entender que el mover los
residuos tiene un elevado coste económico y, sobre todo, energético, y que
debemos ir hacia una economía reciclando los residuos en las proximidades de
donde se producen.
Esto pone de
manifiesto el esfuerzo que tenemos que hacer en conseguir instalaciones
industriales relacionadas con el reciclaje, algo que en nuestras Islas no es
fácil dadas las dimensiones de los mercados, los costes de las instalaciones y
el posible rechazo social que generaría en nuestro pueblo toda instalación que
tenga a los residuos como factor principal.
Las demandas y
exigencias que habitualmente expresamos en cualquier ámbito de nuestra sociedad
por el aire limpio y la naturaleza se contradicen desde el momento que asumimos
las emisiones de los tubos de escape y no lo hacemos con un simple gallinero o
una industria con chimenea. La tardía incorporación a los beneficios y efectos
que la revolución industrial nos ha traído en el último siglo hace que asuntos
de este calibre tengan un alto nivel de rechazo.
Sería bueno que
nuestro pueblo, tan dado a viajar, haga un recorrido por la historia de Gran
Bretaña, que en pleno siglo XVIII, cuando poseía la mayor industria de
construcción de veleros del mundo, dio un paso tan significativo para la
historia de la humanidad como fue la puesta en marcha de la máquina de vapor.
Entre otras cosas, aquellos aparatos llenaban de hollín numerosas ciudades
europeas en lo que fue el comienzo de la revolución industrial; hollín y vapor,
elementos que tuvieron mucho que ver con la expansión del imperio británico a
lo largo de los siglos y con la mejora de la calidad de vida para gran parte de
la humanidad.
Hoy en día, en el
siglo XXI, gran parte de lo que llamamos residuos hemos de convertirlos en
recursos y el Complejo Medioambiental de Arico tiene que generar actividad
económica y logros ambientales para los ariqueros y
para