DE
INFIERNOS Y COSTUMBRES MORTUORIAS EN
CANARIAS (III)
CULTO
A LOS ANTEPASADOS
El
mundo religioso de la sociedad guanche debió ser en extremo complejo, a pesar
de que las referencias que sobre el mismo nos han llegado son pocas y confusas
debido a la imposición traumática del catolicismo, cuya misión primordial fue
la erradicación furibunda e irracional de todo vestigio de la milenaria religión
profesada por el pueblo guanche. Los pocos documentos que hasta nosotros han
llegado, especialmente los conservados a través de la tamusni, y las escasas
referencias recogidas por los cronistas, aunque estas están expuestas desde un
punto de vista etnocristiano y etnocentrista, nos dejan vislumbrar un mundo
espiritual y una concepción del universo y de la función que el hombre
desarrolla en él, mucho más elevada que la que portaban aquellos bárbaros fanáticos
cuya religiosidad se basaba en unas simples prácticas externas, (teatrales)
carentes de conceptos elevados de la moral y la ética.
La
riqueza religiosa y espiritual del pueblo guanche, está modelada por milenios
de práctica en torno a los designios de
Es
por ello que debemos orientar nuestros espíritus, hacía el encuentro con los
espíritus de nuestros antepasados, para que, en estrecha comunión con ellos,
hagamos aflorar el cúmulo de virtudes que nos han trasmitido, que están
latentes en nuestro ser, y que nosotros hemos mantenido en parte oculto, por el
temor que han incrustado en nuestras conciencias, las prácticas represoras de
una religión deshumanizada, absolutista y, básicamente amoral, que nos ha sido
impuesta con la fuerza de las armas.
Al
contrario que la creencia monoanimista, propugnada por otras religiones,
Mientras
que el Espíritu Vital permanece de forma indisoluble unida al organismo, el Espíritu
Libre es puramente espiritual, independiente del cuerpo, al igual que los espíritus
y las Divinidades.
“Cuando
las funciones orgánicas se hallan desactivadas, como en el sueño, durante un
desmayo, en el delirio, etc., el espíritu puede separarse de su envoltorio físico
y puede viajar al otro mundo, a otros planos espirituales. Lo que allí ve y
experimenta lo trasmite al hombre en forma de sueños y visiones. Tras la muerte
del cuerpo, viaja al seno de Magek, va al más allá con los antepasados. Ya que
el hombre no es inmortal pero sí su Espíritu libre.” (Klaus E. Müller et
al, 2000: 481-ss.)
Los
espíritus, son entes libres o vitales de los antepasados, que desempeñan un
papel importante entre los poderes del más allá junto a otros espíritus y
dioses paredros que forman
Los
espíritus de nuestros antepasados, están íntimamente ligados a sus
descendientes más próximos, al entorno donde ellos moraron en vida y al grupo
donde desenvolvieron su actividad cotidiana. Se preocupan especialmente por
proteger a los suyos, siempre que estos se comporten de forma adecuada y les
rindamos correctamente los rituales, tal como hemos expuesto más arriba, así
nos veremos protegidos del peligro y de los estímulos negativos. Los hombres jóvenes
para adquirir su espíritu protector personal, deben mantener una búsqueda que
en ocasiones puede ser larga y nada fácil, debido a los impulsos propios de la
edad, pero esta búsqueda puede ser mucho más fácil si pone en ello verdadero
empeño, observando una vida honesta y haciéndose aconsejar de personas
mayores, entendidas y de buena vida.
También
debemos cuidar a los espíritus protectores de la región, ellos cuidan y
protegen a los ganados, los campos, los montes, las aguas y el aire, las
actividades profesionales y los lugares de trabajo. Estos espíritus han pasado
por diversas etapas de perfeccionamiento y
El
mundo de los espíritus dentro de la teogonía de nuestros antepasados, es
complejo y ha sido poco estudiada. La información que nos ha llegado es poca y
confusa, debido a que las creencias y ritos de la religión guanche fue
brutalmente reprimida, como hemos dicho, por el fanatismo cristiano, sí bien el
pueblo guanche se esforzó por conservar sus prácticas religiosas, el
transcurso del tiempo y los nuevos métodos de penetración empleados por la
iglesia católica, obligó a los detentadores de los ritos guanches a
sincretizar dentro de los ritos cristianos sus creencias, como único medio
viable para la supervivencia de las mismas. En la actualidad, aún perduran y se
practican determinados ritos de nuestra religión ancestral, pero estos son
celosamente guardados por un número muy limitado de familias que son
depositarias de éste legado religioso,
las cuales observan un total hermetismo sobre los mismos, traspasando estos
conocimientos entre miembros de una misma familia, preferentemente de abuelos a
nietos, y de tíos a sobrinos manteniendo así el culto primitivo y también los
aspectos hereditarios del sacerdocio.
Este
aspecto secreto del culto, mantenido durante generaciones, ha venido hurtando a
la curiosidad del investigador y del curioso muchos de los pormenores del culto
guanche a los espíritus. Así, en este estado de la cuestión, no es de extrañar
que algún investigador haciendo uso de su profundo academicismo, diga con razón:
“Resulta difícil comprender de las fuentes escritas qué idea tuvieron los
guanches acerca del espíritu de sus muertos, a donde iban en que lugar residían
y, en general toda, todo lo relativo a su concepción sobre este aspecto siempre
difícil de explicación para el comunicante, así como para quien recibe la
información.
En
este caso, probablemente, la transmisión de estas ideas resultaría más difícil
para los informantes que serían muy reservados a la hora de manifestar sus
opiniones sobre cuestiones siempre tan difíciles de comunicar, como por el
deseo expreso de no desvelar hechos íntimos, seguramente en una cierta aureola
de misterio, así como también por la propia formación religiosa de quien la
recibe. El Padre Espinosa, recopilador de la información de los guanches,
trasmite así su idea acerca del “alma” «...más ni conocían inmortalidad
de las almas. A. Espinosa, 1980: 35). En el sentido en que es conocida por un
cristiano, con toda probabilidad no supieron qué era. Un testimonio se recoge
en la crónica de A. Sedeño”. (Antonio Tejera Gaspar, 1988: 48-9)
Esta
“aureola de misterio” a que hace referencia el Sr. Tejera, no debiera
sorprenderle ya que el propio Espinosa da la explicación cuando nos dice: “Esto
es lo que de las costumbres de los naturales he podido, con mucha dificultad y
trabajo, acaudalar y entender, porque son tan cortos y encogidos los guanches
viejos que, si las saben, no las quieren decir, pensando que divulgarlas (a
extranjeros) es menosprecio de su nación...”). (Fray Alonso de Espinosa,
1980: 45)
La
negativa mostrada por nuestros antepasados a mostrar los fundamentos de nuestra
ancestral cultura y religión ante los invasores europeos, a la vista de las
profanaciones de que eran objeto por parte de los mismos, quedó recogida en un
documento de súplica que los invasores y colonos remitieron a la corte de la
metrópoli, del cual extraemos los siguientes párrafos: […]
y demás desto muchos esclavos guanches que se huen andan alçados cinco o seis
años entre los libres, porque como todos son de una nación y biven en los
canpos e sierras acójense y encúbrense unos a otros y esto házenlo tan
sagazmente, de más de ser la tierra aparejada para ello, segund los barrancos e
malezas e cuevas y asperujas que no se puede saver sino por presunciones.
Especialmente
por que es jente que aunque unos a otros se quieran mal encúbrense tanto e guárdanse
los secretos que antes morirán que descobrirse y tienlo esto por honra y este
estilo tenían antes que la dicha isla se ganase y todavía se les a quedado,
pues saverlo dellos por tormentos es inposible aunque los hagan pedaços, por
que jamás por tormento declaran verdad y por ser de esta condición e manera es
gente muy dañosa.[…] (Elías Serra Rafols y Leopoldo de
Por
otra parte, debemos tener en cuenta que por la época en que escribió su obra
Espinosa, y aún muchos siglos después, la iglesia católica negaba el que los
guanches-mazigios; los indios, e incluso las mujeres del propio orbe cristiano,
tuviesen “alma”, concepto éste netamente cristiano, por lo cual para el
resto de la humanidad que estaba fuera de la órbita de influencia del
catolicismo, eran poco más que animales provistos de cierto entendimiento.
El
concepto de “alma”, tal como lo interpretan los cristianos, es muy diferente
de la concepción que de “espíritu”
o maxio tiene el guanche. Por ello, para el guanche, cuando el cuerpo físico
muere el espíritu vital le acompaña, y éste, como parte integrante del ser,
siente las mismas necesidades que el cuerpo físico: hambre, sed, congojas y
penas, y siente alegrías y felicidad, ya que para el guanche la muerte no
supone una separación de la comunidad, sino un cambio de estado, un pasar a
otra vida, en la cual tienes las mismas emociones, las mismas actividad e
incluso las mismas necesidades que en este plano, por lo que este nuevo estado
no supone una pérdida de contacto con los suyos y con la comunidad, contacto
que mantienen mediante el Espíritu Vital.
En
ese nuevo estado del ser, tanto el cuerpo como el espíritu precisan -simbólicamente-
comer y beber, aunque en menor proporción. Consiente de ello, los vivos cuidan
de los muertos aportándoles regularmente comida y bebida en las tumbas. Este
rito mortuorio estuvo vigente en Canarias hasta mediados del siglo XIX, como
veremos en otra parte, los deudos
dejaban en las tumbas de sus seres queridos raposas de papas, botas de vino,
gofio, quesos, leche, baifos y gallinas, y en general frutos de la tierra,
productos que después eran aprovechados por los párrocos hasta que un
iluminado Obispo prohibió estas practicas por considerarlas paganas, lo que
produjo un considerable quebranto para las despensas de los párrocos, y
sustancioso aumento de las rentas episcopales, pues las ofrendas en
“especies” se sustituyeron obligatoriamente por misas dedicadas a los
difuntos pagadas en dineros en metálico. Hoy en día aquella piadosa práctica
se limita, por imposición de la iglesia católica, a la colocación en los
sepulcros unos ramos de flores.
EL
VIAJE DE LOS MAXIOS O ESPÍRITUS.
”Los
guanches y, con toda probabilidad el resto de las poblaciones insulares, creían
que los espíritus de sus antepasados iban a parar a
Es
posible que nuestra lectura resulte excesivamente forzada y los argumentos no
aparezcan suficientemente contrastados, pero queremos que se entienda como hipótesis
de trabajo dentro de la cosmovisión guanche que hemos venido exponiendo.”
(Antonio Tejera Gaspar, 1987:51)
En
este planteamiento del profesor Tejera Gaspar, sobre el viaje de la barca (o pájaro)
solar creemos ver un claro paralelismo con el
viaje de la deidad egipcia Ra (Magek). El demiurgo solar, por medio de
una sucesión de creaciones, pone en marcha un universo cerrado, animado por un
mecanismo exacto completamente a su servicio. Un himno, por ejemplo, ofrece una
descripción teórica de su acción y de su poder en el seno de este espacio: «Yo
te saludo, Ra, en el momento de [tu] salida, Aton, en el momento de tu puesta.
Sales cada día, brillas cada día, apareciendo glorioso, rey de los dioses. Tú
eres señor del cielo y Señor de la tierra; has creado a los seres de arriba y
a los de abajo. Dios único que al ser por primera vez, que ha hecho al país y
creado a los seres humanos, que ha el Nun [...] , que ha hecho las aguas y hace
vivir a todo lo que en ellas se encuentra, que ha levantado las montañas y dado
la existencia a los hombres y a los rebaños [...] joven divino muchacho,
heredero de la eternidad, que se ha engendrado y dado a luz así mismo,
absolutamente único en diversas formas.» (Dimitri Meeks et al, 1965:163) Este
carácter solar, aquí atribuido a Ra, es aplicable a Magek en cualquiera de las
representaciones que tiene en las diferentes Islas Canarias. En nuestras islas,
como en Egipto se adora a
COMUNICACIÓN
CON EL MÁS ALLÁ.
En
cuanto a la comunicación con el Más Allá, veamos algunas de las relaciones
que dioses semi-dioses y espíritus mantienen con el otro mundo dentro del panteón
egipcio: “Las opiniones sobre el origen de la creación del Más Allá
no son unánimes. Por lógica, este lugar abría sido creado para Osiris
y, a continuación, para todos aquellos, dioses u hombres, destinados a
permanecer en él. Sin embargo, que en la génesis del mundo de desechos,
muertos que por no haber vivido en el momento fundamental de la aparición de la
luz, a los que había que alojar en algún sitio. De hecho, según algunas
tradiciones, el demiurgo solar abría
creado el Más Allá para su reposo nocturno. Así pues, «el imperio subterráneo
de los muertos procedía de una idea», es decir, de una invención, que el
demiurgo abría llevado a cabo con mucho trabajo. Cuando el tiempo cíclico se
establece, el Sol sólo pasa por el Más Allá en un breve viaje nocturno que «hace
que la oscuridad sea aceptable» para los habitantes de esos lugares. Como los
habitantes del Más Allá no pueden soportar la plena luz,
Aquí
encontramos otro paralelismo entre las practicas religiosas egipcias y las de
los guanches, éstos empleaban un medio para comunicarse con los espíritus de
sus antepasados cuando la comunicación era urgente y no podían o no querían
esperar a efectuar otros rituales más complejos; el método consistía en
valerse de cualquier hendidura profunda del terreno y, a través de ella
comunicarse con los espíritus de los ancestros, cuando no disponían de grietas
naturales, simplemente abrían un hoyo en el terreno, y tendidos en el suelo,
hablando a través de él, se comunicaban. Así mismo, tenían otro medio de
comunicación con los espíritus, consistente en los llamados bucios de piedra,
éstos son unas rocas que se encuentran en determinados lugares y que han sido
perforadas por agentes naturales en forma de bocinas, las cuales eran usadas
como amplificadores de la voz para comunicarse con los espíritus de los
antepasados. En la actualidad, existe un ejemplar en Igueste de Candelaria,
conocida precisamente como el “bucio de los guanches.” Es posible que
determinadas piedras de origen volcánico, perforadas, de manera natural y otras
trabajadas por el hombre que han sido encontradas en cuevas, estuvieran
dedicadas al fin comentado.
En
la teogonía guanche, como es bien sabido, el culto universal está dedicado a
La
tamusni nos ha trasmitido la ubicación de varios de los lugares donde los
kankus llevaban a efecto estas ceremonias matinales de la bienvenida a
“En
todos los reinos tenían señalados estos diferentes lugares para las diferentes
épocas del año, que nos hacen pensar se estarían en relación con los
cambios de
En
el reino de Abona, hacía Fasnia: a la «Montaña de Santa» o de Fasnia,
ya a la «Montaña de
Por
el reino de Adeje, al “Roque de Jama” etc. Aún en los pueblos del Sur (isla
de Tenerife) se oyen las frases, aunque ya con sentido irónico: “¡vete a
buscar el sol”; y todavía es bastante conocida la broma que gastan con los de
Arafo llamándolos “cancos” y diciéndoles que vayan a buscar el sol. (Juan
Bethencourt Alfonso, 1994, t, II: 279)
Todos
estos lugares culturales mencionados por Bethencourt Alfonso, así como otros
muchos existentes en toda la orografía insular, reafirman su condición de
lugares sacros, por el hecho de que han sido sincretizados por la iglesia católica.
Por ello vemos en las cimas de las montañas o en los llanos pequeñas ermitas o
cruces implantadas con el ánimo de “santificar”, desde el punto de vista
del ritual católico, estos lugares sacros de nuestros ancestros.
Es
tradición y esta recogida por la tamusni, que cada mañana antes de amanecer,
los Kankus de Arafo se desplazaban tocando el Tajaraste hasta el lugar del Pino
Santo, donde al presente se encuentra una pequeña capilla dedicada a un Cristo
del Pino, para dar la bienvenida a
¡¡Uh!!
Magné Mastáy Achen tumba Manéy.
Tanemir
uhana gek magék Enehana benijime
harba
Enaguapa
acha abezan.
Cuya traducción al castellano es la
siguiente:
¡¡Oh!! Madre del cielo,
Madre de la tierra
¡Oh! Madre del cielo, Madre del crecimiento de la hermandad,
Madre de lo nuevo’.
Gracias poderoso Sol / por salir un día más
para alumbrar la noche.
Esta
oración que encierra en sí todo un tratado de filosofía religiosa, es una de
las básicas en todos los templos de la isla de Chinet (Tenerife,) y es
presumible que lo fuese en el resto del Archipiélago con igual o similar
contenido, ya que también está recogida en Tamaránt. Posiblemente la traducción
no se ajuste totalmente al sentido de la oración en lengua guanche debido a la
corrupción recibida al ser vertida al castellano, aun así, en el presente es
una de las oraciones de acción de gracias que dirigimos
LOS
ESPIRITUS INTERMEDIARIOS, TEMA DIFÍCIL.
Algunos
autores contemporáneos han afirmado que, el hombre del siglo XXI desarrolla su
vida en un mundo de desconfianza y materialista, para el que el tema de
los espíritus le resulta difícil. Esa afirmación resulta exagerada, ya que
supone adsulutizar una imagen del “hombre de hoy” (bien entendido que cuando
decimos hombre nos referimos indistintamente al hombre y a la mujer) lo que es
expresión tal vez sólo de algunos ambientes. Sin embargo, y con esa reserva,
conviene tenerla presente, a fin de atender pastoralmente a esa situación.
Estas dificultades de asunción, por parte del hombre Canario actual del hecho
espiritual, viene motivado por la
herencia recibida de siglos de alienación mental llevada a cabo por la religión
impuesta y dominante.
El
hombre del siglo XXI se halla habituado a la desconfianza racional de todo lo
que no cae bajo el dominio del dato concreto de la experiencia. Quienes se
mueven en esa esfera racionalista acaban, como advierte Regamey, por negar de raíz
todo el orden sobre natural y, por tanto, la existencia de seres superiores al
hombre, seres-espíritus.
Aun
en el campo religioso, en el que el peso de las costumbres y de las creencias es
tan hondo, se evaden con las teorías de los mitos: el espíritu como ente sería
un personaje mítico. Bultmann, que no puede zafarse de la presencia permanente
del espíritu de
Hay
otra dificultad objetiva, consistente en la imposibilidad de un conocimiento
directo, por el método de la experiencia de laboratorio, de la “mismidad”
de esos seres superiores. Son espíritus puros y, por tanto, se escapan, como
objeto empírico de comprensión, para la garra de la razón.
Hay,
en fin, para el creyente -y el teólogo lo es- un problema de tipo documental:
Por un lado, la inmensa tradición literaria y devocional, y, por otro, los
datos aportados por la tamusni (historia oral) sobre la naturaleza de los maxios
(espíritus). Por otra parte, influye en la percepción del hecho presencial de
los espíritus, el grado de sensibilidad que muestre o posea la naturaleza del
creyente.
La
existencia de los espíritus (maxios) es, fundamentalmente, una verdad de
fe. La fe será, por consiguiente, el punto de apoyo para sondear la
naturaleza de los entes espirituales. Incluso la iglesia católica, que históricamente
se ha erigido en perseguidora de los espíritus “paganos”, admite la
existencia de éstos sincretizados como ángeles desde el Antiguo Testamento
hasta la actualidad. Así, la iglesia católica afirma en el credo la existencia
de “seres invisibles”; en el concilio IV de letrán (1215) y en el Vaticano
I (1870,) lo define expresamente; la liturgia católica canta la existencia de
los espíritus, en el Prefacio y los invoca en el Canon: “Te rogamos, oh Dios
todopoderoso, que mandes llevar estos dones a tu excelso altar por manos de tu
santo Ángel”. Para el hombre moderno canario, “que no acierta a pensar en
los espíritus con la transparencia espiritual y la sutileza de los antiguos”,
no hay otra argumentación que ofrecerle sino es la de la fe. La razón
-obstaculizada por prejuicios o predisposiciones inculcadas por la religión
impuesta, no haya razones demostrativas concluyentes -. Sin embargo, el Doctor
de la iglesia católica (Agustín de Hipona, de orígenes mazigio y pagano, que
veneraba a Tanit antes de su conversión al cristianismo) formula una razón de
conveniencia de extraordinaria hondura teológico,
y perfectiva: “Es necesario admitir la existencia de algunas criaturas
incorpóreas –dice– porque lo requiere la perfección del universo” (1 q50
al). Quien ve con ojos limpios la obra creadora de
Dios, sabe encontrar y unir los hilos que lo tornan inteligible. Con
todo, es la fe la que juega aquí el papel primordial.
El
análisis del teólogo se hace sutilísimo. Los entes mediadores son criaturas
totalmente espirituales, sustancias completas, superiores
al hombre e inferiores a
Sorprende
el desdén que algunos teólogos “modernos” sienten por el tema. El hombre
canario actual, demasiado tecnificado, vive un mundo terreno, con actitudes
humanas paradójicas. Como “moradas vitales” entrañan, en su diversidad,
una lección: es necesario llevar a los hombres hacía la comprensión de la
realidad del espíritu, liberándolo así de la estrechez mental materialista y
enriqueciendo así sus espíritus. Para ello no hace falta extenderse en
imaginaciones sobre los espíritus maxios -lo que sería contraproducente -,
sino la firme adhesión a lo que los antiguos nos han trasmitido, tratando de
profundizar en el mensaje que está impregnado de manera indeleble en nuestra
naturaleza.
A
parte del culto a determinados entes espirituales, la devoción popular se ha
centrado en los espíritus custodios personales (muchos de ellos sincretizados
en santos católicos).
La
teología, en su arquitectura doctrinal, presenta una fértil enseñanza sobre
la misión de los espíritus guardianes.
*Guayre
Adarguma Anez’ Ram n Yghasen
Ciudad
colonial de Eguerew, noviembre de 2007.