DE
INFIERNOS Y COSTUMBRES MORTUORIAS EN
CANARIAS (y V)
Guayre
Adarguma *
La
comunicación con los antepasados

En
la isla Chinet (Tenerife), durante el ceremonial en el que se entroniza al nuevo
Mencey se establece comunicación con el mundo de los antepasados: a través del
hueso de un antecedente del nuevo jefe, al entrar en relación con el primer
antecesor del linaje de quien depende el poder que le ha sido conferido por el
valor sagrado que poseen aquéllos. Esta comunicación con los muertos se
renueva con ocasión de la muerte de un Mencey.
El
viajero italiano Benedetto Bordone, que pasó por las islas Canarias en la
primera mitad del siglo XIV, nos dejó una breve descripción de sus habitantes
y costumbres entre las que recoge la figura del mensajero al “más allá” en
los siguientes términos: “...que la menor de ellas es de circunferencia de
De
cebo de pico y de zumo de hierbas hacen de ello una composición con la cual se
untan para hacer su piel gruesa. Habitan en las cuevas de las montañas, y sus víveres
es el pan de cebada, carne y leche de cabra. Tienen vino y higos abundantemente
y las cosechas es de marzo y de
abril. Viven sin alguna religión que el sol, y que la luna y que otra cosa como
ellos más es disgusto, adoran. Y
entre ellos las mujeres no son comunes, pero cada uno tantas coge, cuantas a él
gusta, haría alguno “por vil que sea” que alguna de aquella fue mujer a
casa condujera si con el señor suyo no fuese virgen, eso que a grandísima vergüenza
con tal cosa se tendría, esto dormir que hace la mujer con el señor a grandísimo
honor se tiene.
Y
además de aquella costumbre, hay otra que está hecha de esta manera: que
creado el señor, y en la señoría puesto sin otro impedimento, habrá algunos
de sus súbditos a su señoría se presenta, y aquella para honrar la fiesta se
ofrece de sí mismo matar, y por tal cosa ver, o sea el efecto de la ofrenda
hecha todo el pueblo se reúne en un cierto valle profundísimo, y aquello, que
de morir por el señor mismo se ofrece, a altísima rupe
accede, y después de algunas ceremonias echas, y algunas palabras en
laude de su señor dichas, subido en de aquella rupe altísima se tira, por
aquella, no queda más que en el fondo de aquel valle en pedazos combertido,
donde después del pueblo es encontrado, y el señor por tal efecto, a sus
parientes de mucho agradecido le queda.
Estos
isleños son buenísimos saltadores, y una piedra con mano trayendo, donde le
gusta la ponen. Sua carnes con zumos de hierbas pintan, estas sus pinturas son
de diferentes colores echas, o sea verde, amarillo, y bermellón, con muchos
bellos animalitos, y además de follaje, y otras cosas” (Diogo Gomes, en B.
Bonnet, 1941: 98-99).
Este
texto resulta muy explícito sobre la comunicación con los antepasados a través
de un emisario joven, por medio de un auto sacrificio. Esta información no se
hace extensiva al resto de la población, seguramente porque a través del
Mencey difunto re- cibirían todas las noticias, al repetir en el mundo de los
muertos, igual modelo social que el de los vivos.
Quizás
es en este contexto donde deberíamos estudiar los denominados suicidios
rituales, de los cuales nos son más conocidos los llevados a cabo en la isla
Tamaránt (Gran Canaria) por el caudillo Bentejuí y el Faykan de Telde, el
hawarita (Palmero) Tanauzú y e los penúltimos menceyes de la isla Achinet,
Bentor e Ichasagua. Estos caudillos de la nación canaria, al ver el extremo
peligro en que se encontraba
El
pueblo canario ha venido manteniendo abiertamente la comunicación con los espíritus
de los nuestros ancestros ubicados en el seno de Magek, y de manera no cruenta
hasta fechas muy recientes. A pesar de la brutal persecución
desatada por el sistema imperante el cual ha conseguido que esta piadosa
tradición haya dejado de practicarse públicamente. La documentación escrita
nos ha legado múltiples ejemplos de esta práctica, aunque ya con profundas
connotaciones cristianas, como por ejemplo los denominados “Baile
de los muertos” o “Bailes de los
angelitos”.
Veamos
algunas muestras: Por los antecedentes que he recogido se puede asegurar que
hasta tiempos relativamente recientes se celebraban en casi todo el Archipiélago
los funerales de los angelitos con jolgorios, bailes y banquetes rituales
mortuorios.
Como
resto de esa tradición podemos citar para la segunda mitad del siglo XX, “el
baile de los muertos”, en Valle Gran Rey, de
Al
son del tambor, las chácaras y la flauta rompe el baile (El Tajaraste) el
padrino llevando en los brazos el cadáver del ahijado y después de dar un par
de vueltas por la sala lo entrega a la madrina para que haga lo mismo.
Seguidamente
depositan de nuevo el cadáver de la criatura sobre la mesa y se da comienzo a
la juerga general que dura algunas horas. Al dar por terminado el baile empiezan
los recados, unos después de otros se acercan al cadáver y le prenden con
alfileres a las ropas alguna flor o bien un trocito de cinta o trapito como señal
para que el Ángelito recuerde el encargo, a la vez que envían recados a las
personas queridas que moran en el cielo (Seno de Magek); quien
los padres y hermanos, quien a los parientes y amigos; cuyos recados
consisten unos en las intenciones y otros para que sirvan de intermediarios con
Dios para que la cosecha sea buena, para recobrar la salud, etc. (B. Alfonso,
1985:261)
Generalmente
los sentimientos más profundo de un pueblo cuando son despreciados y
ninguneados por cualquier sistema excluyente, busca refugio en el folklore, último
reducto de resistencia, de
conservación del espíritu nacional y de la memoria colectiva, a pesar de los múltiples
esfuerzos desplegados por los estamentos oficiales para reconducirlos hacía sus
proyectos de aculturización. En el tema que nos ocupa, una Asociación cultural
de la isla de
“El
hijo de Cristóbal Chinea –Antonio- murió con siete años -se
desriscó mientras cuidaba unas cabras- al trabársele el hastia subiendo
por el camino de
Tardó
en llegar al cielo. El llanto de sus padres empapó sus alas de angelito. De su
caja no colgaron las coloreadas cintas con los recados a los seres queridos
(‘Cuando llegues al cielo, si ves a mi madre, dile que no me olvido de
ella’, ‘cuando veas a Dios ruégale por mi hermanita enferma’). La suya
fue una partida triste, sin el tambor, sin las chácaras, sin el baile del
tambor, sin el aliento de sus antepasados...
El
tambor estaba presente en todos los momentos de la vida. Cuando un niño nacía,
ya esa noche se mataba una oveja, se buscaba vinito del mejor. La taza de caldo
para la mujer, el pedazo de carne y el vino para el marido. Y la juelga de
tambor ya se producía en esa casa. El tambor haciendo acto de presencia cuando
aquél ser venía al mundo. Era de alegría, de haber dado a luz la mujer y
tener ese hijo que se esperaba.
Al bautizar el niño, ¡eso era ya una fiesta! Se llevaba al niño desde el
caserío hasta la iglesia, con los padrinos y los acompañantes al toque de
tambores y chácaras (“Qué buenos padrinos tienes / Hiloria si no te
mueres”).
Pero
lamentablemente demasiados niños morían en aquél tiempo y muchas veces el
mismo traje del bautizo sirvió de mortaja al niño muerto. Esa noche,
amortajado el niño y colocado sobre una mesa en la habitación más espaciosa
de la casa, se reunían, primero los padres con los padrinos, y luego, después,
los familiares y vecinos para acompañar y festejar el suceso con el baile de
los muertos y algún ‘cancanaso’ de parra o vino de cuando en cuando. Al son
del tambor, las chácaras y la flauta rompía el Baile del Tambor. Había por
norma que el padrino tenía que agarrar al niño de donde yacía muerto, cogerlo
en sus brazos y dar una vuelta a toda la habitación, bailando a golpe de tambor
(“Sube al cielo María del Pino / y ruega por tu padrino”). A continuación
se lo entregaba a la madrina para que hiciera lo mismo (“Quiero que me guardes
Hiloria / un traje para mí en la gloria”). Luego se colocaba ese angelito en
su lugar otra vez y así se pasaba la noche, cantándole y tocando y bailando
hasta el día siguiente en que se llevaba al cementerio. Durante esa noche y al
partir para el campo santo, todos los vecinos que tenían familiares que se le
habían muerto, con ese angelito, le mandaban recados a las personas queridas
que moraban en el cielo y para que los recordara le ponían cintas y flores para
enramar la caja (‘Dile a mi padre que la niña que dejó pequeña ya se casó,
y que por aquí estamos todos muy bien. Y para que te acuerdes te pongo esta
cinta de color verde’). Y la frase ritual del pésame: ‘para que usted mande
muchos angelitos p’al cielo’.
El
tambor estaba manifestando un gesto de duelo pero también de júbilo, toda vez
que se pensaba que cuando un niño moría, si se le cantaba hacía más rápidamente
su recorrido hacia Dios. Era ‘pecado’ llorar ya que ello impedimentaba el
camino recto del angelito hasta el cielo, ‘llorar por dentro se llora, aunque
por fuera se canta’ (“Ay buen Dios, dolor tan grande / muerto el niño y
canta el padre”, “Al cielo subes María / y tu madre esternecía”). Eso es
lo que se creía. Se cantaba y se bailaba hasta llegar al cementerio (“Hiloria
le lleva un ramo / a la virgen del Rosario”).
Luego
vinieron las chanzas, los desprecios. La gente de la costa cuando se encontraban
con los de ‘los altos’ o los padres del muerto los llamaban ‘magos’ en
forma despectiva y le hacían chanza repitiendo las mismas canciones y los
encargos que le habían hecho al niño fallecido. Ya a finales del siglo XIX y
principios del XX se hacían los ‘velorios de angelitos’ a puerta cerrada. Y
poco a poco la tradición se desvaneció, el baile de los muertos fue un eco
cada vez más lejano y los angelitos ya no tuvieron quien los velara.
La
línea se cortó...
Pasados
unos días de haber enterrado a este angelito, había una juelga de tambores
frente a la casa de Cristóbal en Guadá. Y él, asomado a la ventana, estaba
contemplando aquella juelga con una infinita tristeza. Pero su mujer se dio
cuenta y le dijo: ‘Pero bueno Cristóbal, ¿qué te pasa a ti? Mira, por qué
no te quitas lo que puedan decir de ti.
Vete
allí y cántale a tu niño’. Entonces ‘garró’ el hombre el tambor y
cuando los demás lo vieron ir hacia ellos, se dieron cuenta a lo que venía y
acordaron dejarlo cantar. Y él entró cantando con fuerza y sentimiento, para
que su niño llegara al cielo, tal y como lo habían hecho sus antepasados:
“Yo mandé un ángel p’al cielo / y si no canto me muero”. (Asc.Guadá.)
Por
otra parte, en la actualidad vasta visitar cualquier cementerio de nuestras
ciudades o pueblos para ver como muchas personas hablan con sus difuntos como si
realmente estuviesen presentes físicamente, en ocasiones se puede escuchar diálogos
realmente enternecedores, propios solamente de los pueblos portadores de una
profunda espiritualidad como el canario.
COSTUMBRES
MORTUORIAS CANARIAS
[...]
Toda esa noche se iba agudizando el duelo de hora en hora hasta la amanecida,
que era el tiempo reglamentario para la celebración de los chaxacos o
entierros; pero antes de ponerse en marcha el cortejo fúnebre, tanto los
hombres como las mujeres que sentían grima saltaban por encima del cadáver o
le besaban una mano “para que nos les dejara miedo” costumbre que aún
conservan algunos caseríos de
La
comitiva iba atronando el aire con sus lamentaciones, hallábase formada por los
individuos de ambos sexos de la familia civil y de la individual,
precediendo las mujeres y detrás los llorones, sacerdotes, amigos y
numerosas personas de los distintos auchones o tagoros según el prestigio y
clase del difunto. Llegada a la necrópolis, después de un variado ceremonial
del clero en medio de grandes alaridos del séquito, encerraban con el xaxo
cierta cantidad de alimentos y tapiaban cuidadosamente la puerta de la gruta;
alimento que como ya dijimos renovaban de vez en cuando por fuera de la cueva,
para que comiera el sosia en sus visitas.
Seguidamente los doloridos y todo el acompañamiento
retornaban al auchón para disolverse después de “celebrar el banquete fúnebre
que daba el muerto”. (Juan Bethencourt Alfonso, 1994, t.2:300)
Esta piadosa práctica estuvo vigente hasta
no hace muchas décadas entre las poblaciones rurales de las islas aunque ya con
una gran carga de conceptos impuestos por la religión foránea.
El
Escobonal.
Al
que muere lo bajan en el acto de la cama, porque si tiene pena está penando
mientras se encuentra en la cama. Porque como Dios prometió que
habíamos de ir a la tierra, cuanto más tarde, más pena. En el acto
mismo quitan del basal la loza y la ponen dentro de una cesta, hasta que salgan a la
misa porque si la dejan el basal viene
el espíritu a trafegar y hacer ruido
en la loza. El que muere con un ojo abierto y otro cerrado es porque llama a
otro.
Garachico.
El
Obispo católico Fernando de Rueda, en
su decreto visita del año 1584, mandó «que ninguna mujer, ni hija, ni hermana
del difunto fuese a los entierros,
como era costumbre, a llorar en la iglesia, y
estar besando, abrazando y tocando el cuerpo cadáver, como si fuesen
gentiles.
Vilaflor
de Chasna.
Hasta
principios de este siglo (s. XIX), cuando moría un individuo en los pagos
lejanos de Vilaflor , jurisdicción que contaba entonces algunas leguas, los que
conducían el cadáver al pueblo, así que llegaban a un punto que dominara algún
caserío tocaban un caracol (bucio) como señal preventiva,- gritando luego tres
veces: «A las obras de misericordia» y todos los que oían la voz se acercaban
al cadáver para sustituir a los que le habían traído hasta allí; que a su
vez hacían lo mismo cuando llegaban a otro punto más o menos habitado.
Tacoronte.
El
pésame más común es: «Dios le dé mucha vida para que ruegue a Dios por el
alma de…”.
Se
dice que antiguamente daban el pésame en la siguiente forma: «Aquí vengo, sí;
aquí vengo, no; a quitar pesares, que a dártelos, no. A romper canillas, calcañal
y hueso, y a quitar pesares, de aquel que está tieso».
Los
Realejos.
El
pésame que dan a los padres que pierden un niño es el siguiente, «Mucha vida
les dé Dios para que manden angelitos al cielo!». Si el cadáver es de persona
mayor, en este caso los doloridos se sientan en un rincón y el acompañamiento
pasa por delante uno a uno, diciéndole: «Mucha vida le dé Dios».
Valle
Guerra.
En
el Valle de Guerra, Esperanza y otros pagos, testan señalando la cantidad
indispensable para dar de comer y beber a los que acompañen a sus cadáveres.
Candelaria.
Gran
llanto al morir el individuo «pues cuanto más gritan más siente.
Si
el cadáver procede de algún pago es costumbre obsequiar al acompañamiento en
Candelaria, con papas, pescado salado, pan, queso y vino.
De
regreso el acompañamiento va a la casa mortuoria o de los doloridos y formados
en círculo, uno de ellos se coloca al lado del Cristo y las velas que
estuvieron a la cabeza del cadáver y reza tres padrenuestros tres avemarías y
un responso de réquiem. Luego desfilan los hombres y las mujeres quedan
llorando. Al tercer día tiene lugar la misa del finado, a la cual acompañan
los que fueron al entierro. Acabada, el cura, con el acompañamiento, se dirige
a la casa de duelo y repiten el rezo dirigido por él.
Terminado
hay nuevo llanto de mujeres; pero aquí termina. Es de advertir que los vecinos
van a acompañar a llorar a los doloridos. Hoy no se lleva ningún traje
especial a los entierros.
Tacoronte.
A
la muerte de un individuo, su familia manda a decir 30 misas, que llaman de San
Gregorio (cuestan l0 pesos). Estas misas deben decirse sin interrupción para
que sean eficaces.
Los
duelos de despedida, después de rezar un padrenuestro, diciendo, «mucha vida».
Después
de la misa de duelo, iban hasta hace pocos años a echar, el acompañamiento, un
trago en la casa del dolorido.
Vilaflor.
La
gente cree que los niños ruegan en el cielo por su familia y si mueren, 7 de un
mismo padre, dicen tiene un coro de ángeles, y que por lo tanto la salvación
eterna de los padres, es segura. Al día siguiente del entierro, se dice la «misa
de difuntos» a la que asisten, sobre todo; las mujeres, casi todo el pueblo,
después de la misa se dirige a la casa mortuoria (que es la habitación) y
repiten la fórmula anterior (de pésame), el cura con algún hombre, pero no
las mujeres. Es costumbre que las mujeres que acompañan a las mujeres de la
casa-habitación del difunto lloran a grito, al sacar el cadáver, ha-ciendo
coro a la familia.
El
día de finados llevan pequeños jarros de agua bendita a las casas, no sólo
para beber algún buche sino para regar las habitaciones, para que el enemigo
(el diablo) no entre.
El
Escobonal.
En
la sierra de Chaboime, sobre Arico se ve con frecuencia luces azules, que son «almas
en pena».
Para
saber si son se le dice: «Si eres anima del otro mundo y te paras, te rezo un
padrenuestro y un ave maría».
Si
es, se para. Así que se reza o se le acaba de ofrecer vuelve a caminar. En
cuanto un alma del otro mundo viene es que no está en el infierno.
El
Escobonal.
El
que muera, aunque esté en gracia, si dejó dinero enterrado no entra en el
cielo. Se sabe que está en gracia porque viene vestido de blanco; pero no entra
en el cielo, hasta que saquen el dinero.
Esero
(El Hierro).
El
cuadrante o ¿derecho? era el libro en que se sentaban las misas que dejaban los
testamentos. Id. del libro de capellanías.
En
el Hierro, si bien la costumbre ha decaído, acompañaban los cadáveres tanto
hombres como mujeres, del vecindario, desde los campos a la parroquia; deteniéndose
en ciertos puntos, llamados goronas
(que consisten en una especie de corral semicircular, con asientos para
descansar) y en otros puntos, aunque
no fueran goronas, pasos dominantes de
regiones más o menos extensas, para llorar al muerto: continuando después
tranquilamente.
En
el llanto se hacía mención o ensalzaban las excelencias del difunto.
Después,
comen y beben, no se sabe si por hábito originado de las distancias grandes que
recorren.
A
los que mueren en Esero (El Hierro,) se acostumbra lavar los pies, manos y cara.
A los niños y solteros, de cualquier edad hombres y mujeres, que están en
concepto del público, vírgenes, les ponen, después de muertos, las manos
enlazadas sobre el pecho, con un ramo de flores. Si no disfrutan del concepto de
virginidad se los colocan como a los casados; es decir, los brazos tendidos
sobre el pecho, dispuestos paralelamente. Los padres y demás familia, no
abandonan la habitación mortuoria hasta que el cadáver sea conducido al
cementerio.
Tanto
los padres como las familias acostumbran en sus llantos manifestar a gritos las
virtudes y generosidad del muerto, su valor, la protección que dispensaba, etc.
Lo
que unos callan, lo dicen los otros. El cadáver después de enterrado, el
acompañamiento se dirige a la casa mortuoria donde se despide el duelo, después
de rezar juntos un padrenuestro y un ave maría. El domingo próximo; por lo
regular, se celebra la misa de difunto. Para esto todos se dirigen a la casa
mortuoria, y acompañando a los padres, hijos y hermanos, se encaminan juntos a
la iglesia; concluida la ceremonia religiosa, nuevamente se dirige el acompañamiento
con la familia del difunto a la casa mortuoria; rezan otro padrenuestro y otro
ave maría. Terminado esto, algunos piden de favor un padrenuestro u otra oración
por el alma de algún deudo, etc. Terminado esto se pone una mesa, donde todo el
mundo come, y a todos se le permite cierta alegría y buen humor. Concluido, se
despiden y se marchan.
Fórmula
de pésame, con motivo de alguna muerte, de los que acuden a expresar su
sentimiento a la familia del duelo: «Aquí vengo, sí. Aquí vengo, no. Con mi
cara mondinga, a quitarle el pesar, a dártelo, no!». Luego contestan los
doloridos, en verso, que desconozco aún.
Titoreygatra
(Lanzarote)
Hasta
hace poco tiempo se celebraba la muerte de un niño, comiendo,
bebiendo y bailando.
Bailes
mortuorios. Hay la tradición de que antiguamente cuando moría un niño,
celebraban el acontecimiento con bailes en la casas.
En
Yaiza. Si un niño muere antes de cumplir el año, todos los gastos del
entierro son por cuenta del padrino.
(Lanzarote
y Gran Canaria)
Se
dice que una persona tiene un alma arrimada cuando el espíritu de individuo que
haya muerto, vive constantemente o periódicamente en comunicación con ella y
que se le arrima por lo regular con objeto de pedirle perdón por algún daño
que le hizo en la tierra.
Para
que desaparezca el alma y vuele al
cielo, es bastante que el interesado realice lo que aquella le pida, tal como
decir misas, cumplir promesas; etc., y si es por daño que recibió el individuo
que la tiene arrimada, con que le diga: «yo te perdono para aquí y para
delante de Dios».
Haría.
Hay
algunos que creen que se les arrimaban (almas) y se les ponían encima de la
espalda y les hablaban, para notificarle dónde había dejado el dinero
enterrado, para poder subir al cielo. Al que se le arrimaba se echa en el suelo,
boca abajo, al peso del mediodía pues avisado por la noche en la cama, salía a
ciertos puntos «para descargar al alma de la pena que tuviera». Como decirles
misas, etc.
Teguise.
Creen
que hay almas arrimadas, hace poco tiempo que a una de Guatiza le empezó un
alma a maullar como gato. Casi siempre se arriman para pedir perdón por haberle
hecho en_vida algo malo. Basta decirle para que no vuelva «Yo te perdono para
aquí y para delante de Dios».
Creeen
que ay gente que tiene el diablo en el cuerpo.-
Tamaránt
(Gran Canaria: Agüímes).
Cuando
está muriendo un individuo los domésticos y parientes rodean con solicitud al
moribundo. Así que muere levantan todos un llanto ruidoso que dura hasta que
enronquecen sin separarse del cadáver. Delante de ellos lo amortajan, y a su
vista permanecen sin separarse hasta que 1o entierran, momento en que redoblan
el llanto.
En
la casa mortuoria no se hace de comer en 9 días. Los parientes y vecinos traen
de sus casas la comida preparada y acompañan a comer. Después una de las
mujeres que acompañan dice en voz alta, lo que cada uno ha traído (Ato. 1793).
Gáldar.
«Son
parcos en sus convites de bodas y generosos en sus funerales». Pues en el día
del entierro no es necesario hacer de comer en la casa mortuoria: los amigos le
envían lo necesario y preparado aque1 día; cuya urbanidad es recíproca».
Erbania
(Fuerteventura).
En
algunas partes los doloridos se sientan en el mismo punto donde estaba la cama
del enfermo y allí lloran en voz alta, las virtudes del que ya es cadáver.
Tumban los bancos, vuelven las láminas o cuadros, quitan los platos «losa»
del vasar.
Betancuria
Los
hombres llevan el sombrero desalado, corbata negra y barba crecida en señal de
luto.
Las
mujeres llevan sobretodo negro por la cabeza y encima sombrero también
desalado.
Cuando
muere algún individuo de la familia se vuelven los cuadros y espejos, y se
quita de la destiladera la loza y
demás adornos mientras dura el luto no se blanquean las habitaciones ni se
caldea el horno y si quieren
amasarlo (el pan) van a casa de un vecino.
En
Erbania (Fuerteventura) cuando entraban a los velorios por muerte de alguien,
decían: «Dios guarde el calafote frío, de la calavera mundana». Respondía
el dueño: «Quien estas palabras viene a palabriar; allí está la silla, váyase
asentar».
Antes
se hacía comida en la casa en que fallecía un individuo, para comer el acompañamiento,
al regresar del entierro.
Cuando
se llora a un muerto, es costumbre pregonar sus virtudes y hechos gloriosos; así
como la falta que hace en la casa.
Todo
niño que muere sin haber “mamado leche pecadora” será un serafin; es
decir, que no pasa por el Purgatorio sino la punta del dedo margaro. Si llega
aunque sea una sola vez a mamar “leche pecadora” pasa por el Purgatorio.
Los
niños que mueren sin ser bautizados van al limbo, donde siempre están diciendo
fin, fin. Porque para salvarse necesitan que venga la fin del mundo. Los
entierran en punto no sagrado.
Alajeró.
Cuando
muere alguno todos los vecinos acompañan el cadáver al pueblo, y el que no
puede o quiere, se trepa en un morro a llorar a gritos por el muerto.
Rezado
para dar el pésame al dolorido (en casos de muerte). «jAquí vengo sí, aquí
vengo no (o yo) a dar alegrías que pesares no, del pértigo tieso que de aquí
salió».
Contestación
«Entre
vecino, que en siendo su tiempo, haré lo propio».
Benahuare
(
Tedote
ayt Benahuare (Santa Cruz de
A
los ocho días se dicen misas de difuntos o se hacen los funerales; con ofrendas
de pan y vino. (Bethencourt Alfonso, 1991).
* * * * * *
Este
somero repaso a algunos aspectos de nuestra cultura y tradiciones,
espero que haya servido para refrescarnos la memoria en torno a las mismas, pues
otro fin no persigue. En un próximo artículo trataré en torno a los sitios
culturales de nuestros
antepasados, en el cual podremos ver que, a pesar de la sincretización sufrida,
el substrato de nuestras tradiciones mazigias en torno a nuestros difuntos
continua vigente.
*
Guayre
Adarguma Anez’ Ram n Yghasen
Fuentes
consultadas:
www.portal.rds.org.hn/listas/hibueras/msg78911.html
Graciela Paula Caldeiro, en
Creative Commons.
Elías
Serra Rafols y Leopoldo de
Acuerdos
del Cabildo de Tenerife, tomo II, 1508-1513.
Fontes
Rerum Canariarum
Instituto
de Estúdios Canarios
Dr.
Juan Bethencourt Alfonso
Costumbres
Populares Canarias de Nacimiento Matrimonio y Muerte.
Introducción.
Notas e Ilustraciones de Miguel A. Fariña González
Ed.
Aula de Cultura/Museo Etnográfico de Tenerife
Exmo.
Cabildo Insular de Tenerife 1985.
Buenaventura
Bonnet y Reverón
Revista
de Historia, Varios números.
Rafael
Muñoz Jiménez
Ed.
Museo Arqueológico de Tenerife
Cabildo
Insular de Tenerife
Santa
Cruz de Tenerife, 1994.
Antonio
L. Cubillo Ferreira
Comunicación
dada en
21-23
de julio de 2000. En: www.elguanche.net
Agrupación
folklorica de Chacaras y Tambores Guadá
En:
www.gomera.com.es/El%20Trastero/velorio.htm
Ignacio
Reyes García
Guanche
un gentilicio mestizo
Publicado
en el periódico
Dr.
Ignacio Reyes García en:
Amawal
Esekenamazigh
Diccionario
ínsuloamazighe
Isekenen
n Tkanaren, 2956)
Antonio
Tejera Gaspar
Edición
de: Asociación Cultural de las Islas Canarias
Leonardo
Torriani
Descripción
de las Islas Canarias
Traducción,
Introducción y notas por Alejandro Ciuranescu
Goya
Ediciones, Santa Cruz de Tenerife 1959.
El
Infierno del miedo. Becao: el Escribidor
Profesional
En:
www.sindioses.org/sociedad/infierno.html
El
origen de Tenerife
Dr.
Ignacio Reyes García
En:
Y:
www.terra.es/personal5/ygnazr/hablas.htm