O
Eduardo Pedro García Rodríguez *
Es una constante histórica desde la baja edad media europea el hecho de
que determinados pueblos cuyas bases existenciales estaban – y están -
sustentadas en la depredación de otros pueblos menos preparados técnicamente,
pero más capacitados para producir los medios que facilitan la existencia tanto
material como espiritual, éstos últimos despierta las apetencias de saqueo y
dominio de los pueblos parasitarios, los cuales para conseguir sus objetivos
ponen en marcha sus máquinas de guerra masacradoras enmascarándolas con
silogismos como: “Civilizar” es decir, imponer a otros sus bárbaras
costumbres por la fuerza de las armas, o “Difundir el evangelio”, o lo que
es lo mismo, tratar de implantar a otros pueblos sus creencias y prácticas
religiosas generalmente “predicadas” a sangre y fuego, cercenando las
creencias y prácticas religiosas de los pueblos invadidos y que generalmente
para mayor escarnio, los invasores suelen pregonar que lo hacen en nombre de su
Dios, al tiempo que cortan las cabezas de los prójimos que no asumen el total
sometimiento como aceptación de ese supuesto mandato divino.
Para conseguir sus fines los pueblos parasitadores suelen usar todos los medios
a su alcance, siendo uno de los más empleados por su efectividad en el seno de
la sociedad a parasitar, el fomentar las incidencias internas y captar a
determinados individuos más o menos influyentes en la misma, fáciles de
corromper por sus apetencias de poder, ambiciones económicas o de notoriedad.
Generalmente estos individuos corruptos suelen ser distinguidos por parte de los
invasores con calificativos como “El Bueno”, ya que conviene a sus fines
fomentar entre la sociedad invadida el concepto de “El buen salvaje”, es
decir, el natural que es proclive a las apetencias del invasor. Ejemplos de
“El buen salvaje” tenemos varios en nuestra nación, en esta ocasión vamos
a ocuparnos de uno que fue conocido como don Fernando Guanarteme, uno de los
conversos que más contribuyó a la invasión, saqueo y conquista de las islas
de Tamarant (Gran Canaria) y
En las últimas décadas se ha venido produciendo en Canarias un cierto
movimiento empeñado en rehabilitar la figura de Tenesor Semidán, Guanarteme de
Galdar en la época de la invasión y conquista de la isla por los mercenarios
españoles, quien contribuyó al sometimiento y esclavitud de sus hermanos de
raza y a la entrega de la isla a los invasores. Hay autores que incluso afirman
que este acto de alevosa traición fue un hecho que mostró unas elevadas dotes
de estadista en Fernando Guanarteme, de ser así, es indudable que dicho
episodio rindió buenos frutos tanto a los invasores como a los canarios
conversos, pues después de varios siglos de sometimiento, los herederos ideológicos
de unos y otros continúan en franca camaradería, pues no han sido ni son pocos
los canarios de servicio que contribuyeron -y contribuyen- al mantenimiento de
la situación de dependencia colonial de Nuestra Matria Canaria.
Uno de los argumentos esgrimidos por quienes defienden las supuestas dotes de
estadista de Fernando Guanarteme, es la de un no menos supuesto pacto denominado
de Calatayud, hipotéticamente firmado entre el rey de Aragón y Tenesor Semidán
(supuesto éste poco comprensible teniendo en cuenta que la invasión y
conquista de las Islas fue promovida por y para la corona de Castilla) y según
el cual tal como afirman sus propagadores se pactó la integración pacifica de
toda
Los fines que movieron a la corona de Castilla para la “evangelización” de
las Islas Canarias quedan meridianamente expuestos por la propia reina Isabel I,
en un documento mediante el cual asume para Castilla el monopolio de los
despojos resultantes de la acción “evangelizadora”, en los siguientes términos:
"Otrosí, por cuanto las islas, y
tierra firme del mar Océano e islas de Canarias fueron descubiertas y
conquistadas a costa de estos mis Reinos, y con los naturales de ellos, y por
esto es razón que el trato y provecho de ellas se haya, y trate y negocie de
estos mis reinos de Castilla y León y en ellos y a ellos venga todo lo que de
allá se trajere; por ende ordeno, y mando que así se cumpla, así en las que
hasta aquí están descubiertas, como en las que descubrieren de aquí adelante
en otra parte alguna. (En: Fernando Díaz- Plaja, 1973:151)
De hecho catalanes y genoveses súbditos del imperio de Aragón tenían
prohibido no sólo comerciar y extraer esclavos materias primas en Canarias,
sino que se les aplicaba la condición de extranjeros y por consiguiente no podían
tener en las islas ingenios azucareros o propiedades que superasen los
doscientos mil maravedis.
“...Los españoles también pasan por
alto que el 30 de Mayo de 1481, en
Traicionado el pacto y asesinado Tenesor Semidán por los españoles, el
silencio durante cinco siglos de los canarios ha permitido que ellos presente
una versión interesada en la que el 29 de Abril es el día de la incorporación
de Gran Canaria (primera mentira) a Castilla (segunda mentira) tras el
desriscamiento de Bentejuí ante la derrota militar (tercera mentira)” (2).
No deja de ser significativo el interés del autor por elevar a Thenesor Semidán
de Guanarteme de Galdar a rey de Canarias, es decir, de todo el archipiélago,
ignorando que en aquellos momentos cuatro de las siete islas estaban ya
sometidas y en régimen de señorío.
En cuanto al término Estado de las Españas,
este es otro aspecto de la cuestión que algunos autores parece no tener muy
claro, veamos: la unión entre Isabel I, de Castilla y Fernando II, de Aragón
fue una unión personal y religiosa pero no territorial, pues ambos reinos
fueron gobernados independientemente uno del otro, y mientras que Fernando era
co-rey de Castilla Isabel era simple reina consorte de Aragón. En cuanto al
concepto de Estado en el sentido político que algunos quieren aplicar a aquel
periodo histórico de
De
hecho el primer rey Austria que fue Carlos de Habsburgo, hijo de Felipe el
Hermoso y Juana de Castilla (la loca), recibió en primer lugar la corona de
Castilla, ya que en Aragón continuó reinando su abuelo Fernando hasta su
muerte.
Aunque Castilla (con menos de la quinta parte del territorio ibérico) por
acciones militares o mediante alianzas ejercía su hegemonía religiosa sobre
otros reinos de la península ibérica, éstos eran solamente feudatarios que
conservaban sus leyes y sistemas de gobiernos propios que no dudaron en defender
incluso con las armas antes los intentos centralizadores de monarcas
posteriores. Espero que el lector sepa disculpar esta digresión, necesaria para
situarnos en el contexto histórico en que se desarrollaron los hechos de que
estamos tratando.
Esta demostrado documentalmente que Fernando Guanarteme pactó con los invasores
a parte de su propia vida y libertad, la de cuarenta miembros de su familia, tal
como queda reflejado en unos documentos del Registro General del Sello, fechado
en Córdoba (España) a 27 de septiembre de 1491, los cuales fueron resumidos y
publicados por el investigador Eduardo Azanar Vallejo, en uno de ellos se
recoge: “Orden a Francisco Maldonado,
pesquisidor de la isla de
¿Corresponde
esta situación con el supuesto pacto mediante el que: “el
Reino de Canarias se vincula al Estado de los Reinos de las Españas, respetándose
el carácter de Reino de Canarias así las estructuras políticas y sociales, y
la libertad de los canarios”?.
Otros autores tienen una visión diferente de la figura de Fernando Guanarteme,
veamos como ejemplo la de una de ellos: “El
juicio de la historia no deja lugar a dudas de que este personaje para salvar a
su familia y sus intereses inconfesables pactó con los invasores españoles, y
cuando regresó de España se puso a las órdenes del genocida y asesino Pedro
de Vera, luchando contra su propio pueblo en Tamarant (Gran Canaria). Prestó
una gran ayuda, aportando hombres y conocimiento a este y al otro genocida y
asesino: Alonso Fernández de Lugo y con la connivencia de otro traidor canario,
el Mencey Añaterve, de Güimar lucharon contra los guanches en Chinet
(Tenerife). Todo esto le supuso poder participar en los botines y saqueos de las
batallas y, en definitiva, de la conquista: datas y más tierras se les dio a
este nefasto personaje, a su familia y amigos por su inestimable colaboración
con la potencia colonial.” (3) (Juan Francisco Díaz-Palarea).
Marín de Cubas nos relata como Fernando Guanarteme se dirigió a los canarios
para que pararan la batalla de Axodar o Ajodar, arengó a los suyos dando voces:
"Amigos, parientes, no me matéis, dejad las piedras", y dejando de
arrojarlas, bajaron diciendo: "Salta
fuera Guayedra,(4) que viene el día en que hemos de quedar dueños de nuestra
tierra, que estos perros traidores, que mataron a su dios, nos la quieren
quitar, y tú por un vestido que te dio el de España te has dejado engañar, y
ahora podemos darte otra vez la tierra; Salete fuera del peligro, no te mate
alguna piedra de estas." (Marín de Cubas, 1992:157)
Como prueba de la característica gratitud y respeto que los invasores
acostumbraban mostrar hacia los primitivos canarios que tan fielmente les servían,
a quiénes en esta ocasión le debía el salvar su vida y la de sus mercenarios
gracias a la intervención de Fernando Guanarteme, Pedro de Vera ordenó a éste
que, “asistiese a enterrar los muertos”,
infligiendo así la máxima afrenta que se podía hacer a un canario noble, que
era el tocar sangre o manipular cadáveres, tabú tan arraigado en la sociedad
guanche que de no haber sido tan pusilamine Tenesor Semidan, a no dudar hubiese
optado por la muerte antes de cumplir con lo ordenado por el nefasto Pedro de
Vera.
En el episodio de Ansite, el converso Fernando Guanarteme influyó de manera
decisiva en la pérdida de la isla. Pero los espíritus de los antepasados aún
pudieron hablar por boca de Bentejui: -“Déjanos
morir con honra… Canarias existe: mírala en píe sobre estos roques”- contesta
el Guanarteme Bentejui a su tío y anterior rey-consorte Fernando Guanarteme,
enviado por los conquistadores españoles para pactar la rendición de los
canarios hechos fuertes en Ansite. La mayoría de los asediados aceptaron los
consejos de su antiguo rey-consorte, pero Bentejuí y el Faykan de Telde optaron
por el suicidó ritual antes que ver
Como un ejemplo más de la manipulación y tervergización de la historia
colonial de nuestras Islas a que nos tienen acostumbrados las instituciones
autodenominadas canarias veamos lo que en torno a la figura de Fernando
Guanarteme nos dice la página web oficial u oficialista de
“Tenesor Semidan, más conocido como
Fernando Guanarteme, uno de los personajes claves en la historia moderna de España.
Es el artífice de la incorporación pacífica de Gran Canaria,
En todo caso, el converso Fernando Guanarteme posiblemente poseedor de un carácter
pusilamine siempre mantuvo estrechas relaciones de servilismo con el inhumano y
sanguinario verdugo de los pueblos canario y gomero, Pedro de Vera, a quien jamás
tuvo el valor de enfrentarse en defensa de las múltiples ofensas y escarnios
que éste infligía al pueblo canario y al propio Tenesor, solamente cuando el
masacrador fue defenestrado políticamente, Guanarteme Semidán gestionó tímidamente
algunas reclamaciones en beneficio propio, así el 12 de diciembre 1491 el
Consejo de Castilla cita a Pedro de Santana vecino de Sevilla, procurador de
“Fernando de Galdar Guanarteme, vecino de Gran Canaria, a petición de
Fernando de Dávila, procurador de Pedro de Vera, gobernador de dicha isla en el
pleito que ambas partes trataron ante Francisco Maldonado. Juez pesquisidor de
Gran Canaria, sobre ciertas cabras y maravedís, y de cuya sentencia ha apelado
Pedro de Vera ante el Consejo.”
La investigadora española Luisa Fernanda Álvarez de Toledo nos trasmite un
dato interesante: “el ex Guanarteme de
Galdar se integró de tal manera con los invasores hasta el punto de que en las
postrimerías de la conquista de la isla Fernando Guanarteme ya poseía
plantaciones de caña de azúcar: “Fernando de Galdar de Guanarteme, aborigen
castellanizado, dedicado al cultivo de la caña, al que la historia oficial
convierte en príncipe, aguardó la caída de Vera para reclamar devolución de
préstamo en azúcar, incobrable mientras tuvo poder.”
Retomando
el tema del supuesto Tratado de Calatayud, que como hemos dicho no pasa de ser
un deseo de algunos autores que pretenden trasmitir la idea de una no menos
hipotética situación de igualdad entre sometedores y sometidos, debemos
aclarar que el supuesto compromiso contraído por la potencia invasora no es más
que unas simples benévolas concesiones por parte de los invasores tendentes a
ganar la voluntad de servicio y fidelidad de Thenesor Semidan, sus parientes y
parciales para la causa de los ocupantes, como tendremos oportunidad de ver más
adelante.
En
cuanto a la pretendida equiparación en derechos entre castellanos y canarios,
que tanto gustan de propagar determinados sectores criollos al servicio del
colonialismo, de documentos de la época se desprende que tal pretendida
equiparación no deja de ser una simple entelequia manejada arteramente por
dicho criollos para tratar de influir en los colonizados
para fomentar un sentimiento de gratitud hacía sus opresores, manejando
sibilinamente los nobles sentimientos y profundas convicciones religiosas
que ancestralmente han adornado al pueblo canario, prácticas que el
sistema en un principio desarrollaba desde los púlpitos de los templos católicos,
y que actualmente continua empleando además los denominados medios de
comunicación social, que en el caso de Canarias conforman un poderoso medio de
adoctrinamiento masivo al servicio de la metrópoli.
Interesado
por el dichoso “Tratado de Calatayud” he tratado de localizar el texto del
supuesto tratado en cuestión sin que hasta la fecha haya conseguido sino vagas
referencias en torno al mismo, incluso me he puesto en contacto con algunos de
los autores que han hecho referencia a dicho tratado y de los cuales sólo he
recibido vagas indicaciones en el mejor de los casos, en los demás, la callada
por repuesta, si bien el Sr. Corujo en su artículo nos remite al historiador
don Antonio Rumeu de Armas, no nos indica en que parte de la ingente obra de
este historiador trata de dicho “Tratado” en todo caso, pienso que dicho
documento no iría más allá del firmado en el Bufadero en Añazu (Santa Cruz)
y otros similares con que los invasores trataban de legalizar la situación de
ocupación de las Islas según su peculiar forma de aplicar “sus” normas
derecho y que poco o nada tenía que ver con las leyes autóctonas, en todo
caso, estos supuestos tratados siempre fueron papel mojado en manos de los
invasores españoles.
El
único documento que podido consultar sobre esta cuestión y que hace referencia
a unas concesiones gratuitas y benevolentes por parte de los nefastos reyes católicos
a los primitivos canarios para que pudiesen comprar mantenimiento en la metrópoli
sin que oficialmente pudiesen ser esclavizados, insertado en una carta de Juana
de Castilla “La loca”, es el publicado por
el Dr. Wólfel en su: Estudios
Canarios, en él podemos comprobar que las coronas castellano-aragonesa jamás
mantuvo una actitud de igualdad entre dichas coronas y los canarios sometidos.
Veamos dicho documento en su totalidad:
“AS,
RS, 1515, Enero, dia (en blanco), Valladolid.
Doña
Juana etc. a todos 1os corregidores, asistentes, alcaldes e otras justicias
qualesquier de qualesquier cibdades e villas e lugares de los mis reynos e señorios
e a cada v no e qualquier de vos en vuestros lugares e jurisdiciones a quien
esta mi carta fuera mostrada salud e gracia. sepades quel Rey mi señor e padre
e
Archiepiscopus
granatis. Doctor Carbajal. Licenciatus Aguirre.licenciatus de Sosa. Doctor
Cabredo. E yo Tomás del Mármol etc.” (En: Dominik Josef Wólfel 1980: XLV)
Por
otra parte, existen serias dudas de que la presentación de Thenesor Semidán a
los reyes castellano-leónes tuviese lugar en Calatayud, nada extraño teniendo
en cuenta las frecuentes falsificaciones históricas a que nos tienen habituados
determinados autores de servicio. Según el investigador Sergio Sapataría, en
un excelente trabajo titulado “Fernando de
Guanarteme: Calatayud y la historia”: “Vicente
de
“Esta
información la entresacó de Zurita, en cuyas Crónicas no encontraba, el académico
bilbilitano, referencias del presunto encuentro de 1483. El Archivo del
Ayuntamiento de Calatayud tampoco aportó ninguna. Todos los testimonios y
documentos se limitaban a revelar una visita a Calatayud de un guanarteme, que
no era el de Gáldar, sino el de Telde-Gran Canaria estaba dividida en estos dos
reinos-, y el viaje no tuvo por finalidad la firma del Tratado de Unificación,
sino transmitir las quejas contra los métodos inhumanos de Pedro de Vera. Se
sigue hablando de 1480 y no de
Antonio
Rumeu de Armas en su libro "Gran
Canaria" sigue una línea expositiva similar a la que estamos
desarrollando.
Hay
una variante en las referencias de Rumeu. Según él, al llegar el guanarteme de
Gáldar a la metrópoli se le trasladó en la primavera de
Sapataria
apoyándose en el historiador inglés William H. Prescott
expone la tesis de que el encuentro de Thenesor Semidán pudo haber
tenido lugar en Sevilla al apuntar que, “El
genérico de Castilla que emplea Ladero Quesada muy bien podría encajar con el
concreto Sevilla de la ovetense, pues dicha ciudad ya había sido conquistada a
los árabes para Castilla.”
La
verosimilitud de que Sevilla fuese el lugar del encuentro y bautizo se refuerza
repasando las "Crónicas de la vida de los Reyes Católicos". Y
continua “Según el historiador inglés, en 1482/1483 tuvieron lugar las
batallas de Loja y
Recopilado
lo expuesto, comprobamos que la llegada del guanarteme de Gáldar a la actual
España, y su bautizo como Fernando, así como su compromiso de ayudar a los
conquistadores fue en 1483, en un lugar que oscila, según la fuente de
consulta, entre Castilla, Madrid y Sevilla, pues ya se ha justificado que en
aquellas fechas el rey Fernando estaba en Córdoba entrevistándose con Abu
Abdallah. Tampoco hemos de olvidar que la guerra de Granada comenzó en 1482 y
la costumbre del rey aragonés era estar siempre junto a sus tropas.”
Por
su parte el investigador Felipe Ross sitúa la fecha del hipotético pacto en
1481, fecha que también figura en un documento del registro sello publicado por
D.J. Wölfel, por lo que es posibles que se produjese más de una presentación
de los régulos canarios a los monarcas castellano-aragonés.
En
todo caso, de haber existido tal tratado, el mismo sería nulo y sin valor
alguno conforme a las leyes propias de los canarios, las cuales determinaban que
la función de los Guanartemes era ejercida en tanto que fuesen consortes de las
auténticas detentadoras del poder político y territorial de la isla, poderes
que se trasmitían hereditariamente de madres a hijas, sobre la base del
ancestral sistema matriarcal imperante en las islas. De hecho, la ocupación de
la isla de Tamarant no se dio por efectiva hasta que
Más
adelante prosigue el autor describiéndonos la entrega de
Continuará…
Febrero
2008.