(*) Artículo
publicado en Espartaco, el 18 de noviembre de 1933,
firmado por Guillermo Ascanio, y que es el cuarto de
una serie que lleva el mismo título.
“La crisis económica del proletariado canario”
Por Guillermo Ascanio (*)
Este es el planteamiento real de la
situación canaria con toda su vida económica en las manos de unos cuantos
capitalistas en su mayoría trusts extranjeros al estilo
de Fyffes, convertida en una semicolonia que explotan
estos elementos al amparo de los poncios que nos
envían de Madrid para gobernar a los pacíficos isleños. No se diga que los
canarios somos españoles y tenemos el derecho de intervenir y hasta de formar
parte del gobierno español, porque esta es precisamente la prueba de lo que
digo, ya que cuando los canarios son ministros en Madrid, entonces tienen que
gobernar para España y no para Canarias. Lo que la población laboriosa canaria
necesita no son ministros en Madrid, que tienen que ser forzosamente ministros
del estado capitalista español y por lo tanto gobernar por y para los
capitalistas españoles, sino que necesita tener la posibilidad de dirigir sus
propios negocios y precisan reclamar urgentemente el derecho de gobernarse por si
mismos. Es caminando y luchando en este sentido que se encuentran todas las
posibilidades de desenvolvimiento económico y político de Canarias. La
población laboriosa de las siete islas necesita urgentemente unificar sus esfuerzos
para luchar por la conquista de un gobierno propio, acomodado a todas sus
características geográficas, económicas y sociales sobre la base de destruir el
poderío económico de las grandes casas exportadoras, y en general de toda la
gran burguesía.
Es indudable que en Canarias existen ya los gérmenes para un movimiento de esta
naturaleza. Bien claras están las luchas de la clase obrera contra las
omnipotentes patronales de los grandes puertos canarios, núcleo fundamental de
nuestra gran burguesía, todos los que han intervenido en esas luchas saben bien
perfectamente cual es el papel que en ellas han desempeñado los órganos del
estado español –gobernadores, guardia civil, juzgado, etc.– y que no es otro
que mantener a toda costa la explotación sobre las clases laboriosas
acribillando, si es preciso, a quienes piden pan y trabajo.
Por eso todos los obreros canarios ya sean anarquistas, comunistas o
socialistas, tienen que tener en cuenta esa experiencia y dirigir su lucha
decididamente contra la gran burguesía y contra los órganos del Estado español,
conjuntamente.
Un movimiento de esta naturaleza sólo puede ser llevado a cabo sobre la base de
una estrecha unidad de acción entre las grandes masas del proletariado y de la
pequeña burguesía urbana y rural, siendo su
finalidad inmediata la constitución de un gobierno obrero y campesino canario,
que instituiría inmediatamente el monopolio total, en sus manos del comercio
exterior, y por lo tanto, de toda la exportación frutera.
La enorme importancia que para toda la población laboriosa de Canarias tendría
este cambio se percibe claramente. La monopolización del comercio exterior en
manos de un gobierno obrero y campesino canario, supone no solamente la
destrucción de todo el poderío de nuestra gran burguesía, sino además el hecho
de cortar de raíz con todo interés privado en los fundamentos de la vida
económica del país y que el estado dispusiera de las enormes sumas que ese
tráfico proporciona, para dedicarlas a la misma reorganización económica, así
como a la cultura del pueblo y su bienestar material. El panorama del
desenvolvimiento de Canarias en este sentido es tan basto, que requeriría
muchas páginas el esbozar sus líneas generales. A este propósito sería
interesantísimo conocer, si quiera sea aproximadamente, el total de
contribuciones que satisfacen actualmente Canarias, la cifra de negocios y
beneficios de las principales compañías fruteras y el total cobrado por carga y
descarga en los puertos para establecer con aproximación la cifra total que se le
sustrae actualmente al pueblo y que pasaría luego a ser el fundamento de su
desenvolvimiento. Seguramente que entre las dos provincias no bajaría de 200
millones de pesetas anuales, sumas verdaderamente colosales en relación con la
población del archipiélago.
A nadie se le oculta la diversidad de problemas que plantea el desarrollo de un
movimiento de tal índole, que supone la
segregación respecto del estado capitalista español, la destrucción, como
clase, de la gran burguesía canaria y la estructuración de un nuevo estado
sobre una base económica conteniendo
elementos capitalistas y socialistas conjuntamente.
Es claro también que estos problemas habrían de ser tratados separadamente con
la amplitud que merecen, para lograr su esclarecimiento. Por el momento, sin
embargo, me interesa destacar lo siguiente:
Primero. La constitución de un gobierno obrero y campesino canario y la
instauración del monopolio del comercio exterior significa
la destrucción de la gran burguesía canaria, puesto que desaparece la base
económica que la sustenta actualmente.
Segundo. La nueva situación representaría claramente los intereses de las
clases medias y del proletariado. Para esto supone liberarse de la opresión del
capitalismo y convertirse en clase dirigente de todo el futuro desenvolvimiento
canario. Para las clases medias supone que de su situación actual, sufriendo la
miseria y el hambre a consecuencia de la crisis, y teniendo que asistir a
ellas, impotentes para remediarlas, pasarán a ser miembros conscientes de una economía
dirigida, capaces de actuar sobre ella y por lo tanto, de evitar las crisis, y
teniendo por delante todas las perspectivas de desenvolvimiento que es capaz de
operar el trabajo humano.
Tercero. El control del comercio exterior pone en manos del gobierno obrero y
campesino la parte preponderante de nuestra economía, cuestión fundamental para
su lucha política y social contra la reacción y para el ulterior
desenvolvimiento del mismo.
No quiero terminar sin aclarar una cuestión fundamental, que es la referente a la
unión entre el proletariado y la clase media. En las líneas anteriores he
hablado profundamente sobre la necesidad de esa “unión” la realidad nos
demuestra, sin embargo, que uniones de tal índole no existen, sino que lo que
ocurre es que la clase media es arrastrada por el proletariado a la lucha
contra la gran burguesía, cuando su descontento no es utilizado por esa gran
burguesía para aplastar a las organizaciones obreras. Es a este hecho al que
nos referíamos al hablar de la “unión”. Por lo tanto resulta que la “unión”
entre el proletariado y la pequeña burguesía sólo es una consecuencia de la
capacidad de acción, de la actitud organizada y de la unidad orgánica de que
demuestra la clase obrera. Sólo, en efecto, cuando la pequeña burguesía oscilante
vea claramente, prácticamente, la combatividad de la clase obrera y su espíritu
de organización en la lucha contra la gran burguesía, se decidirán a unir sus
esfuerzos a los del resto de los trabajadores. Si esta combatividad y esta
unidad proletaria no existe, lo probable es que la
pequeña burguesía se entregue en brazos de los grandes capitalistas. Es por
esto, entre otras cosas, que todas las cuestiones referentes al frente único y
a la unidad sindical proletaria tiene una importancia fundamental en todo
proceso revolucionario.
RECOPILADO POR CELULA COMUNISTA JOSÉ MIGUEL PÉREZ
EL CANARIO Nº 3., ÓRGANO DEL COMITÉ DE SOLIDARIDAD Y
AMISTAD SUECA CANARIA. 1987