La crisis de los
medios
Ramón Moreno
Castilla
A escala mundial, la
venta de diarios cae cada año un promedio de un 2%. Hay quienes llegan a
preguntarse si la prensa escrita no se convertirá en algo del pasado, un medio
de la era industrial en vías de desaparición. Se conocen las causas externas de
esa crisis. De una parte, la ofensiva devastadora de los diarios gratuitos, que
aceptan importantes flujos publicitarios, dado que los anunciantes no hacen
ninguna distinción entre los lectores que pagan por su periódico y el que lo
recibe gratis.
Para resistir a esa
competencia que podría resultar mortal para los diarios, proponen en cada
entrega, por una pequeña cantidad extra, una revista de historietas, DVD, CD,
libros, enciclopedias, vajillas, cuberterías y un sinfín de artículos.
"Ingresos atípicos" que, por otra parte, refuerzan la confusión entre
información y mercancía, con el riesgo de que los lectores ya no sepan lo que
compran. Así es como los diarios enturbian más su identidad, desvalorizan el
título y ponen en marcha un engranaje diabólico que nadie sabe en qué acabará.
La otra causa externa
es, obviamente, internet, que continúa su fabulosa
expansión. Llegándose al caso de que en los países desarrollados muchas
personas abandonan la lectura de la prensa -y hasta la televisión- por la
pantalla del ordenador. El ADSL (Asymetric Digital Subscriber Line) ha modificado
especialmente la situación. Existe además el fenómeno de los "blogs", característico de la cultura "web",
cuyo número ha aumentado de manera impresionante en todo el mundo, y que, con
el tono de un diario íntimo, mezclan sin complejo información y opinión, hechos
verificados y rumores, análisis documentados e impresiones fantasiosas. Su
éxito es tal que se encuentran en la mayoría de los diarios digitales. Esa
avidez muestra que muchos lectores prefieren la subjetividad y la parcialidad asumidos de los "bloggers"
a la falsa objetividad y a la imparcialidad hipócrita de la gran prensa.
En este contexto
mediático, la conexión a la galaxia internet a través
de los teléfonos portables-multifuncionales
puede acelerar aún más ese movimiento. De esta manera, la información se vuelve
más móvil y más nómada, y es posible saber, en todo momento, lo que ocurre en
el mundo. Resultado: todos los sectores de información fuera de internet pierden audiencia, dado el alto nivel de
competencia existente entre los medios de comunicación.
Pero la crisis tiene
también causas internas, que obedecen fundamentalmente a la pérdida de
credibilidad de la prensa escrita. En primer lugar, porque ésta pertenece cada
vez más a grupos financieros que controlan el poder económico y están en clara
connivencia con el poder político (¡a nivel doméstico tenemos algunos ejemplos
significativos!). Y también porque la parcialidad, la falta de objetividad, la
mentira, las manipulaciones o simplemente las imposturas no cesan de aumentar.
Sabemos que no ha existido ninguna época dorada de la información, pero
actualmente esas derivas han alcanzado también a los diarios de calidad.
En Estados Unidos, por
ejemplo, el caso de Jayson Blair,
el periodista estrella que falsificaba hechos, plagiaba artículos copiados de internet y que incluso inventó decenas de historias causó
un perjuicio colosal al New York Times, que a menudo
publicaba sus fabulaciones en portada. Ese emblemático diario, que era
considerado una referencia para los profesionales, sufrió una enorme conmoción
a raíz del mencionado caso.
A todos esos desastres
hay que añadir el cambio de manos de los grandes medios, transformados en
verdaderos órganos de propaganda al servicio de los gobiernos. Todos esos casos
-y otros, que sería prolijo enumerar ahora-, al igual que la alianza cada vez
más estrecha entre los medios de comunicación y los poderes económicos y
políticos, han causado un daño terrible a la credibilidad de la prensa, lo cual
revela un inquietante déficit democrático. Domina el periodismo complaciente,
al tiempo que el periodismo crítico retrocede. Cabe inclusive preguntarse si en
estos tiempos de la globalización y de los mega grupos
mediáticos no está desapareciendo la noción de prensa libre.
Si como señala el
director de ese gigante de los medios de comunicación franceses. Patrick Le Lay "la función
del canal TF1 es ayudar a Coca Cola a vender sus productos. Lo que nosotros le
vendemos a esa multinacional es tiempo disponible de actividad de cerebro
humano", habrá que convenir en los peligros reales que implica esa mezcla
de actividades, hasta tal punto resultan contradictorias la obsesión comercial
y la ética de la información.
Cada vez más
ciudadanos toman conciencia de esos nuevos peligros y se muestran muy sensibles
respecto de las manipulaciones mediáticas, convencidos de que en nuestras
sociedades hipermediatizadas vivimos paradójicamente
en estado de inseguridad informativa. La información prolifera, es cierto, pero
sin ninguna garantía de fiabilidad. Asistimos al triunfo del periodismo de
especulación y de espectáculo, en detrimento del periodismo de información,
veraz y objetivo. La puesta en escena (el embalaje), predomina sobre la
verificación de los hechos y la imparcialidad.
En lugar de constituir
la última defensa contra los efectos derivados de la rapidez y la inmediatez,
muchos diarios han fallado en su misión y han contribuido a veces -en nombre de
una concepción perezosa o policial del periodismo de investigación- a
desacreditar lo que otrora se llamaba el "cuarto poder". Un
"cuarto poder" que servía de contrapeso a los excesos y
arbitrariedades de los tres poderes tradicionales que propugnara Montesquieu: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, y que en
Canarias tiene sus propias y miméticas connotaciones, independientemente de la
profunda crisis que afecta al sector de las comunicaciones, y de manera
especial, a la prensa escrita, como veremos en el siguiente artículo.