¿Cuánto
vale la vida de un canario?
Jaime
Bethencourt *
Según avanzan las
fatídicas agujas del reloj, la sucesión de datos y noticias en torno el trágico
accidente aéreo acaecido el pasado miércoles en el aeropuerto de Madrid-Barajas,
empujan hacia el lado más dramático y funesto. El latigazo recibido por la
comunidad canaria ante la incomprensible muerte de un alto número de
compatriotas que desde Barajas se disponían a regresar a su tierra, ha dado
paso a un mantenido sentimiento de indignación e impotencia colectiva ante la
evidencia de que está nueva y funesta página de la historia de nuestras islas
podía haber sido evitada.
Horas antes del
suceso, cual presagio, algunas voces ya denunciaban el caos de gestión de Spanair, una compañía en la que sus diferentes
departamentos son compartimentos estancos sin coordinación. Meses atrás, los
representantes de los trabajadores hacían llegar a la dirección de la empresa
aérea su convicción de que el desconcierto operativo y la falta de recursos de
la compañía estaban poniendo en riesgo a los pasajeros. Personal del
aeropuerto madrileño acusaban a la misma compañía de deficiencias en el
servicio técnico encargado del mantenimiento y reparación de los aparatos, y es
solo tras el accidente cuando es conocida la intención de la compañía de
retirar el modelo de aeronaves que provocó la tragedia, según la empresa por el
alto consumo de combustible, aunque la razón inconfesable podría ser la
reiteración de averías y el desgaste de las máquinas voladoras de una firma
comercial con descenso acelerado de sus beneficios.
Queda ahora por
dilucidar -si ello algún día ocurre-, la conformidad o reticencia del
comandante y la tripulación del MD-80 para realizar el segundo y mortal
despegue y si este se produjo tras presiones de los responsables de Spanair en un intento de evadir los sobrecostes
añadidos que conlleva la suspensión definitiva de un vuelo de largo trayecto,
ello aún poniendo en grave peligro la vida de 173 personas.
Evidentemente, la
mordaza mortal impuesta ahora a los miembros de la tripulación, es utilizada
por los responsables de la compañía en su sucesión de lacónicos e
ininteligibles pretextos que, por activa o pasiva, pretenden esconder la
escalofriante cifra de más de mil muertos, resultado de los siete graves accidentes
sufridos por el mismo tipo de avión en los últimos ocho años.
Nos resistimos a
dar por válida la teoría de la fatalidad para justificar la alta frecuencia con
que nuestras islas ocupan la primera plana de la crónica negra de los medios de
comunicación estatales e internacionales. Esperamos y exigimos que los
compromisos del Gobierno de España para llegar “hasta donde sea necesario” en
la investigaciones para concretar las causas y las responsabilidades habidas en
el accidente aéreo, sean diligentes y efectivas.
En estas fases
últimas de la horrible pesadilla, cabe preguntarse si el temor instintivo
manifestado por algunos de los pasajeros y su deseo de abandonar el avión, no
era motivo suficiente para no insistir en el fatídico y repetido despegue. ¿En
sus macabras finanzas, por cuantos euros estaba dispuesta Spanair
a sacrificar la vida de cada pasajero?
Creemos que ante
la magnitud del siniestro,
No sólo porque los
familiares de las víctimas, claman justicia y verdad; también porque todos los
canarios demandan explicaciones del por qué la mortal guadaña ha cegado
inútilmente la vida de tantos de nuestros hombres, mujeres y niños. Pero además
y principalmente, para desterrar la sospecha que este sobrecogedor accidente
nada ha tenido que ver con el destino geográfico del vuelo y que los medios de
desplazamiento y seguridad utilizados para la ruta aérea entre Madrid y el
Archipiélago, no eran inferiores a los disponibles para cualquier otro punto de
la geografía española o europea.
Bien está la
amplia campaña de apoyo y solidaridad que el Gobierno viene desarrollando hacia
los familiares y allegados de las víctimas, pero para que estas condolencias
con el tiempo no se convierta en una nueva escena de macabra hipocresía,
exigimos la depuración de responsabilidades políticas en las posibles
negligencias cometidas por el organismo, Aviación Civil, y paralelamente a
ello, la ejecución de todas las acciones políticas y materiales de los poderes
del Estado para que hechos como el que hoy estremecen a nuestra nación canaria,
nunca jamás vuelvan a repetirse.
*
Delegado
de Intersindical Canaria