Cubillitis

 

Juan Manuel García Ramos

 

La cubillitis es un proceso inflamatorio patológico del cubillismo, doctrina ideológica emanada de don Antonio Cubillo Ferreira. Es decir, una insistencia en el error cada vez más grave.


No puede uno quedarse callado por más que lo intente ante la publicación en un periódico como El Día de las dos entregas del "Anteproyecto de la Constitución de la República Federal Canaria".


Por descontado que don Antonio Cubillo está en su derecho de expresar libremente su pensamiento y su ideología política (por descontado está además nuestro respeto a su persona), como nosotros estamos en nuestro derecho de lamentar que el nacionalismo canario se caricaturice de ese modo en un momento como éste.


No sé de dónde provienen cada tanto tiempo las aves de mal agüero que se abalanzan sobre los procesos de madurez y arraigo del nacionalismo canario para hacerlo retroceder y si es posible desaparecer.


Siempre pongo el ejemplo de la Unión del Pueblo Canario, con tan buenos resultados electorales en 1979, que apenas duró una legislatura para desinflarse luego como una burbuja, no sin antes dejar enfrentadas a muchas de las organizaciones políticas que conformaban ese movimiento, y a la casi totalidad de los dirigentes que figuraron en sus listas a las instituciones canarias y españolas.


El sino del nacionalismo canario es la bronca permanente, la descalificación del adversario, la atomización, la proliferación imparable de siglas, los reinos de taifa insularistas, la irracionalidad y la marginalidad enfrentadas a las posturas racionales y de integración social.


No hay más cera que la que arde y uno debería estar preparado para encarar lo que se le venga encima después de expresar su postura sobre asuntos como el que nos atañe.


He leído con atención las dos entregas del "Anteproyecto" de Antonio Cubillo y me quedo con dos de sus propuestas: la integración de su futura Canarias en la Unión Africana, antes Organización para la Unidad Africana -lo que conllevará nuestra retirada de la Unión Europea- y la puesta en circulación de la nueva moneda nacional canaria: el Áfrico. Dejo aparte la domicialización de las instituciones contempladas en la constitución cubillista, entre ellas las del distrito federal en las faldas del volcán Teide, el Senado en Gáldar y el Tribunal Constitucional en Tazacorte, además de esa gran Universidad Internacional abierta sólo a los estudiantes canarios y africanos.


Es decir, la africanización definitiva de Canarias, objetivo obsesivo de Antonio Cubillo desde que se erigió en líder carismático del independentismo canario, un objetivo que con toda probabilidad no sólo cuenta con el apoyo moral de algunos países del vecino continente, Argelia entre ellos, sino con otro tipo de apoyos no tan espirituales.


Desde hace ya algunos años vengo enfrentando estas tesis de africanización de Canarias y reflexionando y teorizando sobre la alternativa de nuestra condición atlántica.

¿De verdad somos un archipiélago africano? ¿Por qué? ¿Por nuestra cercanía a África?

Más cerca está la España peninsular: a sólo 14 kilómetros de la costa marroquí y dominada durante ocho siglos por el poder islámico. Nosotros nos encontramos a 100 kilómetros y nunca fuimos invadidos por esa potencia religiosa y política que conllevó en la media España de las centurias VIII-XV cambios institucionales, económicos, culturales y religiosos de evidente trascendencia.


Una definición convencional nos dice que la geografía estudia la superficie terrestre considerada como residencia del hombre; o las relaciones entre el medio natural y el hombre.


Si los canarios somos rigurosos con lo que "medio natural" significa, no nos cuadra que un archipiélago como el nuestro pueda asimilarse al medio natural continental africano. Ni 1) por origen geológico: nuestro vulcanismo tan determinante; ni 2) por el escenario natural: nuestra oceanidad, más decisiva todavía en cuanto a nuestra relación con otros pueblos; ni 3) por la índole poblacional: unas poblaciones estables en el continente, una población fusionada en Canarias: bereberes, normandos, andaluces, castellanos, vascos, lusos, italianos, flamencos, ingleses, holandeses, malteses..., ni 4) por la curiosidad cultural: tribalismo continental frente a porosidad a otras culturas por parte de nuestras islas; ni 5) por credos religiosos: cristianismo o poscristianismo nuestro frente a la generalizada civilización islámica de nuestros vecinos.


Canarias ha potenciado su personalidad social, cultural, económica y política en su proyección atlántica y no en el ombliguismo de los orígenes de sus primeros pobladores.

Cubillo sin embargo sigue insistiendo en convertirnos en un estado africano más, en desvincularnos de Europa, en tercermundializarnos, en obligarnos a dar un salto temerario en el vacío con desprecio inocultable por el bienestar y el futuro de nuestro pueblo, primer objetivo de todo nacionalista que se precie.


Después de muchos años de esfuerzos intelectuales y políticos, hay que fortalecer el nacionalismo de base social y huir de utopías incomprensibles para nuestros compatriotas menos informados. Hablarles a nuestros jóvenes, a nuestros campesinos, a nuestros industriales, a nuestros empresarios y trabajadores en general de abandonar la Unión Europea para ingresar en la Unión Africana es un disparate que no daña sino al nacionalismo con base en esta tierra y no en el cielo de megalomanías personales.


Cada cultura decide las instituciones por las que quiere regir su propia convivencia y la convivencia con otros pueblos, y la cultura canaria se ha caracterizado por un diálogo permanente con Europa y América en esa proyección atlántica que ha sido su vocación secular.


Este pueblo debe prepararse no para involucionar y africanizarse, sino para evolucionar y europeizarse y universalizarse, sin que ello quiera decir que abjuremos de los orígenes norteafricanos de nuestros antepasados insulares.

Este pueblo debe disponerse a superar la fragmentación de su movimiento nacionalista y a proceder a la integración y a la reunificación de todos esos esfuerzos para la consecución de objetivos políticos comunes a todos ellos: delimitación aguas oceánicas (¿dónde empieza y dónde termina territorialmente Canarias?), seguridad interior y control de nuestras fronteras, racionalización carga poblacional y medioambiental (lo que repercute en sanidad, educación, coberturas sociales, justicia, parques móviles, vivienda), lucha contra el paro, estabilidad económica y modelo económico renovado y mixto -Canarias como base logística y estratégica de intervención y de cooperación del mundo desarrollado y de los países en vías de desarrollo-, recuperar calidad educativa de nuestros centros docentes, extender y mejorar coberturas sociales...


El horizonte que diviso para la Canarias futura es un encaje directo en Europa sin pasar por intermediarios. Habrá que buscar los itinerarios jurídicos y políticos adecuados en los tiempos correctos, y todo ello sin romper el diálogo con el Estado español, aunque seamos el último resto de serie de su imperio perdido.


Las sociedades modernas se caracterizan por el diálogo permanente y no por la confrontación.

Pero hablemos en serio y dejémonos de cantinfladas.