EL DEBATE DEL PARLAMIENTO CANARIO

SOBRE EL ESTADO DE LA NACIONALIDAD FUE UNA “FARSA”

 

Fidel Campo Sánchez

 

El debate del parlamiento canario sobre el estado de la nacionalidad fue una “farsa” y además un autentico tostonazo,  en la línea de considerar a los canarios bobos de baba y un pueblo sumiso a los poderes de esa oligarquía de CC-PNC-PP, que se atrevieron hasta decir que habían resuelto el problema de las listas de espera en los Hospitales canarios e incluso ser los padres de la ley de Dependencia y de otras leyes sociales antes que el Estado.

 

Nos quejábamos de la letanía insulsa que suponía oír a Adán Martín en sus discursos de efecto adormidera. Pero ya se sabe, siempre puede ser peor: lo del Parlamento fue un tostonazo de envergadura adecuadamente a la talla del orador (l,59 de altura). Un espanto. Estamos absolutamente convencidos de que Rivero, que pretendió crecerse en las réplicas, sin resultado, y eso contribuyó a convertir en un auténtico desbarajuste e insulso el debate de de dos días de duración. Porque ese iba a ser el tono, por lo que de entrada tuvimos que decir: apaga y vamos, señor Rivero, pues si esa es su talla oratoria e intelectual de estadista, no comprendemos como ha podido llegar tal alto en política, por supuesto en la política de la falsedad, la manipulación propia de quien su discurso nos da la impresión que es propio de quien asistió a un curso acelerado de las huestes del PP, sus socios más españolistas que los del PSOE.

 

De farsa y de rechazo calificamos las críticas que hacemos al Ejecutivo por no haber propuesto ideas en el debate sobre el estado de la nacionalidad que siempre supone un examen al Gobierno. No un examen a la oposición y, por supuesto, mucho menos a su líder.

 

Un debate señores de CC-PNC-PP es un acto propio de comunicación humana consistente en la discusión acerca de temas que se suponen polémicos, una tesis y su refutación en vivo y en directo. No es lo que vimos y oímos a través de la caja tonta: una vulgar pantomima y una más que deleznable farsa de quienes se consideran portadores de valores eternos en lo universal, que diría su líder Franco u Aznar, tanto monta, monta tanto.

 

En nuestra humilde opinión el presidente del Grupo Parlamentario Socialista se expresó con locuacidad con ese verbo cálido y culto que es un don que no todos podemos tener, con firmeza y convencimiento, que es el discurso contundente que la ciudadanía quiere escuchar que vemos en él aquel Emilio Castelar, presidente del Poder Ejecutivo de la Primera República Española, en su tesón, valentía, oratoria y valores sociales y humanos, contra todo lo injusto y el totalitarismo.

 

En cuanto a la intervención del presidente del desgobierno y los portavoces insultantes y faltones, catedráticos en malos modos y maneras, evidentemente no estuvieron a la altura política, intelectual y de respeto al otro que se debe esperar de quienes gobiernan. La política canaria ha tocado fondo sobrepasando todos los límites propios de la bajeza y la degradación más miserable. El discurso de Rivero lo encontramos de “auto complacencia engañosa” y muy alejado de la realidad de lo que piensa la ciudadanía, la gente de la calle, el canarito de a píe. Indignante y de bochornoso motiva nuestro rechazo.

 

Pero además hay algo que deseamos señalar a un letrado diputado del PP a quien se le relacionó con un affaire en las Islas Baleares, en que se le incluía presuntamente en algo relacionado con blanqueo de dinero y es el que afirmaba desde la tribuna: “Yo podría decir que cada vez que pasa un diputado socialista al lado mío me echo la mano para ver si sigue en su sitio la cartera. Este diputado, tránsfuga y contrario a las peleas de gallos, varias veces del AP a aquella ATI y de ésta al PP nuevamente, le recomendaríamos que siga con sus aficiones de marchante de cuadros de pintores modernistas como Oscar Domínguez ya que pensamos que le irá mucho mejor que calificar de carteristas  a los socialistas.

 

Pero López Aguilar cansado de boicots de unos y otros, especialmente por parte de sus “compañeros” incluidas la diatribas de Jerónimo Saavedra, en su más que demostrada chochez y senectud, se nos manda a mudar con el mismo gesto autocomplaciente de quienes se mueren de aburrimiento en esta tierra y le piden algo más a Canarias. Juan Fernando deja a más de uno con un par de palmos de narices y el mentón desencajado. Su política de la reprimenda culta y democrática empezaba a deparar adeptos entre un electorado inerte que no traga a Coalición Canaria y es incapaz de encontrar alternativas por las incapacidades de unos ciudadanos que han hecho de la Política una profesión para sus medros personales. El vocabulario sobreabundante, pragmático, un tanto floradísimo de Juan Fernando tenía su tirón, hasta que el votante atento descubría que viene del aparente líder de un partido que gobierna en el Estado español, en bastantes ayuntamientos y en un par de cabildos de Canarias,  y en el que vimos la esperanza de poder tener los socialistas un líder en Canarias, después de mucho tiempo de vivir en la orfandad de tener  a quien seguir. Sobre todo dejaremos de oír a un gran parlamentario pero sobre todo escucharemos el  adiós a la sensación de pánico que se notaba en una Coalición que sabe que  Juanfer les ha hecho mucho daño y deberán atarse los machos muy bien para recuperar el electorado perdido y que perderán de aquí a los próximos comicios.

 

¿Qué les quedará a los socialistas tras la marcha de Juan Fernando López Aguilar? ¿Mantendrá el pulso el grupo socialista con Spínola al frente y de segundón a Blas Trujillo de nascencia en la Isla de enfrente y mentalidad saavedrista, con un discurso más relajante que una sesión de sauna y masaje y el pañito caliente que tanto les ha perjudicado? Se quedarán otra vez sin líder y ante una cuestión de muy difícil arreglo si tenemos en cuenta que tienen la Insular, aquí en Tenerife y las agrupaciones locales totalmente desarboladas y necesitadas de una reorganización a fondo, recuperando valores socialistas que se han auto apartado por al rigidez de quienes no desean abandonar y dar paso a otros en los aparatos del Partido.