De Carnaval, en Carnaval
Ramón
Moreno Castilla
Con la
diferencia de que este Carnaval que hoy termina es mucho más lúdico y divertido
que ese otro carnaval electorero que nos acecha (no exento de travestismo en su
"modalidad" política), y que sufriremos hasta el 9M, fecha en que se
celebrarán las elecciones generales españolas, y que aquí, en la colonia,
tienen su fiel reflejo, ¡como no podía ser de otra manera!
O sea, en este
territorio de ultramar, a miles de kms. de distancia, en otro continente, tienen lugar también unos
comicios de los cuales saldrá el que será, según gane el PSOE o el PP,
respectivamente (la cosa está entre Zapatero y Rajoy),
el presidente del Gobierno de España, la metrópoli, que nos coloniza desde hace
más de cinco siglos, y sigue tan campante. ¡El espectáculo, pues, está servido!
Con la particularidad
de que aquí también se ha bipolarizado el asunto, en
un mimetismo abyecto y servil que protagonizan los
"franquiciados" de las dos casas centrales,
que siguen al pie de la letra, y repiten como loros, las consignas de sus amos
en Madrid, descalificando a uno u otro candidato, según de quién se sea adepto
(¿o adicto?). Unos a favor del PSOE (¡el preconizado PSC no existe legalmente
al no estar registrado como tal!), y otros pro PP. Ambos partidos nacionalistas
españoles, a los que estos elementos, de una y otra formación sirven devota y
religiosamente, contribuyendo a que la anacrónica, inconsistente e insostenible
"españolidad de Canarias" se perpetúe "sine die",
pese a las clamorosas contradicciones que afloran a diario. Paralelamente, los
distintos medios de comunicación hacen su trabajo, sirviendo de correas de
transmisión, para que nada cambie y todo siga igual. ¡Es la ignominiosa y
perversa "opinión publicada", que sigue sustituyendo, de forma subrepticia,
a la "opinión pública", que no cuenta para nada, y a la cual se ningunea descaradamente!
Mientras, los pseudo
nacionalistas de Coalición Canaria prosiguen con su cantinela de la "voz
canaria en Madrid", argumento falaz, que no se corresponde con la
"promiscuidad política" de esa agrupación (¡de intereses!), ya que
esa "voz" está absolutamente afónica (aquejada de una severa
patología en las cuerdas vocales) y deja de ser audible cuando esos mercaderes
pactan con PSOE y/o PP, indistintamente, en aras
-dicen- de la "gobernabilidad" de Canarias o del Estado, según
convenga. Y lo que ya sería verdaderamente kafkiano:
si el PSOE ganara de nuevo, "no habría inconveniente" -según he
escuchado a cierta alcaldesa ática-, pactar con los socialistas en Madrid, y
mantener en Canarias el acuerdo CC/PP. ¡De manual de
praxis política!
En este sentido, hay
que denunciar públicamente que ni los "franquiciados"
-repito- del PSOE ni del PP alzarán la voz ni se opondrán a nada que vaya en
contra de lo establecido por sus ejecutivas, y seguirán pegados como lapas a
sus escaños en el Congreso y Senado españoles, votando disciplinada y
uniformemente lo que decidan sus formaciones, aunque los asuntos en cuestión
perjudiquen a Canarias (¡como todos!), a la que se sigue "homologando"
a las comunidades del Estado español. Es una vil patraña, por tanto, cuando nos
dicen cínicamente que así "defienden" mejor a nuestro Archipiélago.
¡Eso no se lo creen ni ellos! Pero esa es la necesaria colaboración que precisa
España para seguir alegando que: "aquí se habla, se piensa y se actúa en
español". ¡Menuda falacia!
No obstante toda esta
parafernalia, donde los árboles no dejan ver el bosque, hay que desmontar de
una vez por todas ese "nacionalismo de salón" del que alardean CC y
sus escindidos CCN y NC, en una deleznable estrategia de engaño y embaucamiento
de este pueblo que sigue, reitero, preso del "síndrome del
colonizado": sin conciencia, inerme, indefenso, confuso, sumiso, sin
autoestima… infravalorado. ¿Cómo se entiende eso que se dice desde las filas de
CC de que son "nacionalistas", pero no independentistas? ¡Vamos a ver
si nos aclaramos! O se es nacionalista -que viene de nación, no de
"nacionalidad"- o se es otra cosa perfectamente legítima, por cierto.
Lo que no es de recibo, es que se pretenda que todos comulguemos con ruedas de
molino. Debo insistir en que ese término, "nacionalidad", acuñado por
los llamados padres de
Por consiguiente, CC
tiene ahora mismo la "carga de la prueba" -en este caso, política- de
explicar al pueblo canario, claramente y sin eufemismos al uso, de dónde
procede su pretendido nacionalismo. Si viene de nación, como su propio nombre
indica, o éste sólo es una vaga acepción política de las denominadas
"nacionalidades" del Estado español. En cuyo caso, que es de lo que
se trata, estaríamos hablando de "nacionalidistas",
que no nacionalistas; a pesar de que CC haya suplantado al verdadero y
auténtico nacionalismo canario, "arropándose" con la bandera tricolor
de las siete estrellas verdes, e incorporando al histórico PNC, en un lucrativo
y sustancioso intercambio de prebendas. ¿O no es así?
En este contexto, de
confusionismo e indefinición ideológica, y lo que es peor, de indefensión polìtico-jurídica de este pueblo, ¿qué subterfugios
lingüísticos son esos -¡auténticas "boutades"-, de "nacionalismo no excluyente",
"nacionalismo constitucional", o "nacionalismo no
independentista"? Nacionalismo que, repito, viene de nación (como
tabaquería viene de tabaco), va inherente y es consustancial con
independentismo; en tanto en cuanto los naturales de un territorio aspiran,
legítimamente, a constituirse en un Estado libre y soberano, independiente.
Otra cosa es que el calificativo "independentista" se haya
estigmatizado y demonizado, y que a España le venga
muy bien ese tipo de "nacionalismo" que profesan los partidos
canarios citados, que no son beligerantes ni reivindicativos, y que solo
aspiran (¡pobres diablos!) a seguir siendo españoles de segunda o tercera. ¿No
estaremos ante una "versión ultraperiférica" de nacionalismo español?
Que nadie se lleve a
engaño: o esos partidos CC, CCN y NC aclaran a qué están jugando, o terminarán
engullidos por los estatalistas PSOE y PP, cuya
estrategia tiende cada vez más a consolidar el bipartidismo, excluyendo
cualquier minoría cualificada. ¡No seamos ilusos!