Derecho al pasado

 

Se tiende a desconocer que la derrota de La Matanza de Acentejo (mayo 1494) no fue la única sufrida por las huestes castellanas. En aquel momento, cada isla produjo su propia resistencia. A veces desconocida, me limito a exponer otra muestra de los registros entendidos de la historia:

 

En 1447, Guillén Peraza -comandante castellano, hijo de Hernán Peraza (el viejo) e Inés de las Casas y heredero al derecho a la conquista de Canarias- parte de La Gomera con tres naves y 500 hombres, dirigiéndose a tomar Benahoare (La Palma). Tras desembarcar en el menceyato de Tihuya, donde reinaba Echedei, se produjo una terrible batalla donde los naturales derrotaron a los españoles. El mismo Guillén de Peraza falleció durante los combates tras ser alcanzado por una pedrada.

 

En junio de 1492 (45 años después), Alonso Fernández de Lugo, capitula con la Corona de Castilla las condiciones de conquista de La Palma, isla de la que, aún sin dominar, es nombrado gobernador. En septiembre desembarca en Tazacorte (iglesia de San Miguel) con 900 hombres y caballería. Por medio de pactos y aprovechando rivalidades internas de los guanches, sometió a nueve de los doce cantones, ocupando sin oposición el bando de Aridane y todo el Sur, hasta llegar a Tigalate y Mazo. En Tigalate tuvo que librar la batalla de Timibúcar para vencer la resistencia de los cantones aliados de Tedote y Tigalate, venciendo a Bentacayse, jefe de Tedote, y a los hermanos Jariguo y Garehagua, que compartían el poder en Tigalate. Sólo restaba el cantón de Aceró (la Caldera de Taburiente), donde se habían refugiado muchos pobladores.

 

En esa época, el mencey era Atanausú, que significa "el que razona bien". Hombre valiente, primero se distinguió por defender esa comarca de los ataques de su tío Atogmatogma, jefe de un cantón que se extendía desde el barranco de Hiscaguan hasta Tijarafe. Era la región más importante de la Isla, tanto en tamaño como en número de habitantes, aunque más difícil de defender que Aceró. Con la ayuda de algunos primos suyos que gobernaban otros bandos, Atanausú presentó tal oposición a su tío que a éste casi le cuesta la vida. Al final, Atogmatogma tuvo que desistir de sus planes y entre todos acordaron las paces.

 

Hay que significar varias curiosidades, en cuanto a los guanches: 1.- Se conservan registros de la utilización del lenguaje del silbo en La Palma y Tenerife. 2.- Iban a las batallas con sus mujeres, que les portaban la comida y si morían, los trajesen a sus entierros y cuevas. No hacían daño alguno los vencedores a las mujeres ni hijos de los vencidos, ni a los viejos y hombres que no fuesen de guerra. Antes, los dejaban en paz volver a sus casas. 3.- Las mujeres eran más valientes que ellos, profiriendo alaridos, amenazas, desafíos e insultos y en las emergencias iban ellas en adelante y peleaban virilmente, con piedras y varas largas. 4.- Antes de ser capturadas se arrojaban por los barrancos, salpicaderos, riscos y saltos. Hay muchos topónimos que dan fe. 5.- Ellos y ellas vestían como los otros isleños, con pieles y un pequeño faldellín tejido con hojas de palma colgada de su cintura; cultivaban habas y cereales y mantenían ganados. Recogían frutos y animales marinos. Su principal alimento era el gofio, grano tostado y escachado en los molinos de mano.

 

El nombrado gobernador produce inmediatamente el asalto a Aceró, pero, conducidos por Atanausú, los isleños triunfan sobre los castellanos en la batalla del paso de Adamancasis. En la primavera de 1493 Fernández de Lugo lo vuelve a intentar por el barranco de Ajerjo (o de las Angustias), de donde regresa nuevamente derrotado y con muchas bajas. En la intención de no abandonar la isla sin apaciguar a ese peligroso bando alzado, prepara una treta en mayo de 1493. Manda a un tal Juan de Palma, pariente de Atanausú ya cristianizado, para convencer a este de que saliera por El Paso para hacer un pacto de caballeros. Uno de sus seguidores le advirtió de que podía tratarse de una emboscada, pero el mencey siguió adelante porque no podía concebir que fuera un engaño. Entre los aborígenes, el faltar a la palabra dada o el mentir era la peor de las bajezas posibles y el respeto a la palabra era un signo de grandeza. Pero Fernández de Lugo, incansable y acostumbrado al engaño, sin escrúpulos, aunque temeroso de Dios, no hizo honor al compromiso. Atanausu con sus guayres (capitanes, consejeros o notables) fue reducido cuando entró en la tienda desarmado para parlamentar en el lugar conocido hoy como El Riachuelo, cerca de La Cumbrecita. Después cargó raudo y por sorpresa contra el resto de los benahoritas en armas, que esperaban a sus jefes, para evitar que pudieran replegarse de nuevo hacia la fortaleza de Aceró.

 

Tanausú se dejó morir en el barco que lo llevaba a la Península, ya que no quiso comer en protesta por la sucia traición. La huelga de hambre lo llevó a la muerte mientras, según la leyenda, pronunciaba constantemente la palabra "vacaguaré" (ubak ga guarec), que era una frase ritual que significaba algo así como "quiero morirme".

 

JOSÉ A. INFANTE BURGOS

infburg@yahoo.es

 

Glosario:

Tihuya, Tazacorte, Aridane, Tigalate, Mazo, Timibúcar, Tedote, Aceró, Taburiente, Hiscaguan, Tijarafe, Adamancasis, Ajerjo, Acentejo (Tenerife)

Echedei, Bentacayse, Jariguo, Garehagua, Atanausú, Atogmatogma

menceyato, mencey, guayres, benahoritas, vacaguaré (ubak ga guarec)

 

Fuente: El Día, 9-09-2008