60 años de derechos humanos

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Amnistía Internacional (AI) denuncia que España está entre los diez países que no han ratificado el Convenio Europeo sobre la lucha contra la Trata de Seres Humanos.

 

Sin que el mundo se hubiera recuperado de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, el 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tras el acuerdo, la Asamblea requirió a todo los países miembros que publicaran el texto de la declaración y fuera "distribuido, expuesto, leído y comentado en las escuelas y otros establecimientos de enseñanza, sin distinción, fundada en la condición política de los países o de los territorios".


En 30 artículos, se reafirman los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad, el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, con independencia de su origen étnico, de su color o de su religión. Publicada en más de 360 idiomas, la Declaración es el documento que más se ha traducido.

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Somos iguales ante la ley y tenemos derecho a la vida, la libertad, la seguridad y al reconocimiento de la personalidad jurídica. Nadie podrá ser sometido a esclavitud o servidumbre, ni a torturas, penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. La presunción de inocencia, mientras no se pruebe la culpabilidad, es una garantía imprescindible en un Estado de Derecho. Todos tenemos derecho a la protección de la ley, contra la injerencia arbitraria en la vida privada, familia, domicilio o su correspondencia. Tenemos derecho a entrar y salir, circular libremente y elegir nuestro lugar de residencia en todo el territorio del Estado. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad o al derecho de asilo, en caso de persecución. Hombres y mujeres disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, alcanzada la edad núbil. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad y del derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia, de opinión y de religión. El derecho de reunión, asociación y participación política tienen que tener las garantías legales para su puesta en práctica. Nadie puede ser excluido de sus derechos económicos, sociales, culturales o a la seguridad social; la libre elección de su trabajo, a igual salario por trabajo igual, vacaciones pagadas y a la protección contra el desempleo. No se pueden poner obstáculos legales al derecho a fundar sindicatos o a sindicarse para la defensa de sus intereses. El derecho a una educación gratuita, en la instrucción elemental, deber estar generalizada. Ningún Estado, grupo o persona puede realizar actos para restringir o suprimir los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.


Sesenta años después, la Declaración continúa siendo tan pertinente como el día en que fue aprobada. Son muchos los gobiernos que, frecuentemente, carecen de voluntad política para aplicar las normas, total o parcialmente, que aceptaron libremente. Este aniversario, que tendrá un año de duración, debería ser aprovechado para incrementar el conocimiento de su contenido y la necesidad de su aplicación.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha denunciado los escasos avances en la lucha contra la mutilación genital. Estima que entre 100 y 140 millones de mujeres han sido sometidas a esa práctica. Solo en África, tres millones de mujeres y niñas corren riesgo de sufrir tal mutilación.


Louise Arbour, Alta Comisionada de la ONU, considera que no se han hecho suficientes esfuerzos globales para eliminar la discriminación racial. "Las leyes nacionales contra la discriminación racial, en muchos países, son inadecuadas e insuficientes", dice. La falta de estadísticas relevantes, las prohibiciones constitucionales o leyes que protegen la privacidad, impiden evitar la impunidad de las agresiones y la discriminación racial.


Aún existen 78 países que continúan aplicando la pena de muerte. En 2003 se produjo una reducción importante de las ejecuciones, pasando de las 1.526 del año anterior a las 1.186, ejecutadas. China, 726; Irán, 108; EE.UU., 65; Vietnam, 64; Arabia Saudí, 50; Yemen, 30; Sudán, 10; Singapur, 10; Taiwán, 7, o Cuba, 3, formaron parte de los 28 países en los que continuó aplicándose la pena de muerte.


En 2007, se han producido menos ejecuciones, 1.252 personas fueron ejecutadas en 24 países, aunque algunos de ellos ocultan como secreto de Estado los datos sobre las ejecuciones. China continúa encabezando la lista, con 470 ejecuciones registradas, aunque, según AI, su número real podría alcanzar varios miles. 3.347 personas fueron condenadas a muerte por tribunales de 51 países.


En los últimos 19 años, más de 45 personas han sido ejecutadas por delitos cometidos cuando eran menores de edad. Pese a la prohibición en el derecho internacional, algunos países la mantienen. Irán, Nigeria, Congo, Pakistán, Arabia Saudí, Yemen, China y EE.UU. continúan manteniendo tan vergonzosa práctica.


EE.UU., en nombre de la democracia, se ha convertido en campeón de la violación de derechos humanos, bombardea ciudades indefensas; mata mujeres, ancianos y niños; defiende la utilización de la tortura, la violencia policial y mantiene la pena de muerte en una gran parte de sus Estados, donde se mata a la carta: fusilamientos, silla eléctrica, cámara de gas, ahorcamiento o inyección letal, sin que el número de delitos de sangre haya descendido. Todos los estudios, al efecto, confirman que la pena de muerte no tiene efectos disuasorios en la criminalidad. Por el contrario, en Canadá, desde la abolición de la pena de muerte, en 1975, el índice de homicidios ha descendido un 45%.


Mientras siga vigente la pena de muerte, el riesgo de ejecutar inocentes nunca podrá eliminarse por completo. Desde 1973, 131 condenados estadounidenses eludieron su ejecución porque surgieron pruebas, después del juicio, que demostraban que eran inocentes de los delitos por los que habían sido condenados. En todos los casos, existieron factores, que se repetían, que condicionaron la decisión del jurado: conducta indebida del ministerio público o la policía; el uso de testimonios, pruebas físicas o confesiones poco fiables o una defensa incompetente. No han sido pocos los presos ejecutados a pesar de existir serias dudas sobre su culpabilidad.


Amnistía Internacional (AI) denuncia que España está entre los diez países que no han ratificado el Convenio Europeo sobre la lucha contra la Trata de Seres Humanos; no publica datos oficiales sobre denuncias o procesos relativos a delitos racistas y es uno de los diez países con mayor número de casos de explotación sexual a mujeres y niñas extranjeras. Según un estudio de Red Europa, en 2006 se produjeron más de 4.000 agresiones racistas. La organización SOS Racismo informa que empleo, vivienda, educación, salud, fuerzas de seguridad, controles de identidad, acceso a servicios públicos y privados figuran como los principales campos en los que se ejerce discriminación sobre inmigrantes y pueblo gitano.


Los derechos humanos no pueden constituir una especie de ornamento democrático a exhibir cuando la vida pública transcurre con normalidad. El endurecimiento de las penas, la cadena perpetua, la pena de muerte o la ejecución de menores, no pueden utilizarse como un método para acallar miedos, temores y afanes de venganza, con fines electorales, convirtiéndose en la solución de partidos políticos o gobiernos, para alcanzar el poder o mantenerlo en situaciones de dificultad, inseguridad, incertidumbre o crisis, a lomos del miedo y los sentimientos de venganza generados en una buena parte de la ciudadanía. Todos y cada uno de los ciudadanos estamos legitimados para denunciar a quienes, ya sean individuos, instituciones o gobiernos, cometen o permiten la violación sistemática de los derechos humanos.