VENEZUELA Y UNA DERROTA CONVERTIDA EN VICTORIA (I)

Andrés García Montes

    No es fácil, ni está al alcance  de todos, el convertir una derrota en victoria, sea ésta el producto del desarrollo normal de un proceso histórico dado o aún más complejo, si es el producto de una estrategia sabia y audazmente aplicada. Tan complejo proceso exige una capacidad y una visión poco común, distinción sólo de algunos privilegiados, dotados por la naturaleza de facultades excepcionales que sólo poseen pocos elegidos.

    Precisamente, esto es lo acaba de ocurrir en Venezuela con motivo de las elecciones del 2 de diciembre del 2007 y la victoria de la oposición con una ventaja de algo más del 1 por ciento. Tan categórica afirmación exige una amplia y convincente explicación, eso es lo que pretendo hacer a continuación, para que el respetable lector llegue a sus propias conclusiones.

    ¿Cuál es el complejo cuadro político administrativo en el cual el Presidente Hugo Chávez toma la decisión de reconocer el triunfo de la oposición con una diferencia tan ínfima, no obstante que faltaba por escrutar algunas actas de las zonas más adeptas al gobierno que podrían cambiar la ínfima diferencia a favor del gobierno?

    Necesario es esbozarlo para que el amable lector tenga los elementos de juicio necesarios para que elabore sus propias conclusiones.

    Sabido es, como el proceso de transformación y cambio que está ejecutando la sociedad venezolana, se ha convertido en la chispa que está despertando a la izquierda mundial, acorralada, disminuida, confundida y desorganizada, después de esa especie de holocausto que representó el fin de la Guerra Fría y la disolución de la Unión Soviética, donde el capitalismo se alzó como el ganador y los Estados Unidos de América (EUA) se pavonea como la única superpotencia, declarando el fin de la historia y al sistema social capitalista, como la máxima organización social a que el hombre podía aspirar, decretando su eternización.

    Es lógico que al desarrollarse y consolidarse un movimiento revolucionario en Venezuela que demuestra la mentira de estas pretensiones, no sólo los EUA con la hegemonía que desde hace casi dos siglos ejerce en Latinoamérica, sino que toda la derecha mundial le adverse con rabia y odio, manifestación centrada en la figura de su líder central Hugo Chávez Frías, al que se han propuesto derribar a cualquier costo, ya que a esta determinante causa, se le suma otra no menos importante y poderosamente vinculada.

    Para que el  capitalismo pueda conciliar un sueño tranquilo y reparador, tiene que implantar su hegemonía en el mundo, hegemonía seriamente cuestionada, ante el avance de una crisis en gestación que no tiene capacidad para minimizar, menos para controlar o eliminar (contaminación ambiental, cambios climáticos, necesidades de 6,500 millones de habitantes, desplome del dólar como moneda del mercado mundial, crisis energética entre otros). Ello plantea como necesidad incuestionable el dominio de los centros energéticos mundiales, pues la única materia prima indispensable para la vida es la energía, de allí que un control sobre los medios energéticos, sea indispensable para ejercer el dominio e imponer sus intereses a nivel mundial, pues el impedir el suministro de petróleo  o gas, pone de rodillas al más rebelde y condiciona a cualquier adversario.

    Ese interés es el causante de la invasión  a Irak y las amenazas a Irán, los únicos rebeldes del medio Oriente, región que tiene el 60 por ciento de las reservas petroleras conocidas. Pero como es bien conocido, su estrategia para controlar esos recursos está sufriendo un serio revés. El pueblo iraquí ha presentado una heroica resistencia, que la asociación de esa derecha mundial dirigida por EUA no ha podido, ni puede controlar. Ellos creen que la fortaleza de esa resistencia se debe a la ayuda que Irán le proporciona, de allí una de las causas, las amenazas y los deseos, de invadir a Irán, bajo el manido alegato que quiere fabricar armas termonucleares, como si no tuviese el mismo derecho de los países que las tienen, frente a las demostraciones iraníes de esa mentira. Pero no se atreven a invadir a Irán por las consecuencias que tal locura puede traer, pues si por la invasión a Irak y los vaivenes de la política internacional, el precio del barril de petróleo ya ha tocado los 100 dólares ¿Qué pasaría si se les ocurre atacar a Irán? Segundo productor y exportador de la OPEP, el precio del petróleo saltaría a valores que la economía mundial no lo soportaría, creando una crisis de imprevisibles alcances. Pero con todo lo catastrófico que esto pudiese parecer, esto está lejos de ser lo peor. Irán es el país más influyente y avanzado de la región del Medio Oriente y si es atacado no sólo dejará de suministrar su producción al mundo de más de 4 millones de barriles diarios, sino que este país está en capacidad de cerrar el Estrecho de Ormuz, por donde irremediablemente pasan entre el 40 y 50 por ciento del petróleo que exporta el Medio Oriente. La gigantesca crisis que esta situación creará, asusta hasta la misma imaginación y no es aventurado vaticinar que la misma puede no sólo derretir al Imperio, sino tragarse al mismo sistema o aun peor, acabar con la vida en el Planeta.

    Por muy desesperados y locos que estén en la Casa Blanca y esa derecha internacional, esta realidad que golpearía fuertemente sus intereses, los tiene que poner a pensar y por muy desesperados que estén por controlar a Irán, se impone la realidad que antes de invadirle hay que resolver el problema del suministro de petróleo que provocaría dicho acto.

    El único país fuera del Medio Oriente que puede asumir ese desafío es Venezuela, pues la otra fuente energética que puede cumplir con este compromiso está en manos de Rusia y allí esa derecha mundial tiene que tratar con un igual. Esta realidad coloca a Venezuela a encabezar la lista de los países a dominar para la conquista de la cada vez más necesaria e indispensable hegemonía de esa decadente derecha mundial. Ello explica el por qué cubriéndose con el manto de la Reforma Constitucional, esa derecha encabezada por los EUA, han venido adelantando una feroz y bestial campaña, tanto interna como externa para, tomando como pretexto un supuesto fraude en las elecciones del 2 de diciembre, desencadenar la violencia en el país y llegar, si fuese necesario, a la Guerra Civil para justificar y dar el pretexto a los EUA para aplicar la llamada Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos OEA, que es la figura que más le conviene al Imperio, por ser la menos costosa y tener una apariencia legal. Pero hay poderosas razones para creer que si no consiguen tal propósito, recurrirán al magnicidio o a la invasión directa. Ante lo avanzado de la crisis, no pueden darse el lujo de esperar. Esta realidad explica el por qué de esa bestial campaña internacional para crear la matriz de opinión de un Chávez dictador, arbitrario, bruto y antidemocrático, que tiene al país sumido en una crisis espantosa, mientras mantiene al pueblo bajo una fiera represión. Al mismo tiempo que en el campo interno, los dólares de la CIA y el Departamento de Estado suplen su incapacidad de convocatoria con delincuentes comprados en barrios y urbanizaciones, lacayos y sicarios dispuestos a hacer cualquier cosa por dinero, y paramilitares colombianos bien entrenados y disciplinados que, junto a los grupos fanatizados y engañados principalmente estudiantes de colegios y universidades privadas, se encargarían de crear el caos una vez que el Concejo Nacional Electoral (CNE) hubiese dado el primer boletín dando por ganador al gobierno y al amparo de sus encuestas acomodadas y su propaganda interesada, se sentirían autorizados para utilizar todo tipo de armas en defensa de sus supuestos derechos conculcados.

    En pocas palabras, esta era la estrategia montada y bien dispuesta a entrar en acción llegado el momento y contando con el ambiente propicio que los actos y la propaganda han venido preparando desde hace meses, en medio de enfrentamientos y divisiones de una oposición  que no termina de ponerse de acuerdo. Todo indica que los dólares y la orden del amó terminó creando la unión para votar por el NO y eliminar la abstención en sus filas, pues el NO obtuvo más votos que en las últimas elecciones.

    Esta era aproximadamente la situación existente en el país para el día 2 de diciembre del 2007, cuando el pueblo venezolano fue invitado a votar para aprobar o rechazar los 69 artículos que modificaban la Constitución vigente.

    Todo indicaba que el SÍ ganaría la contienda, pues las numerosas misiones del pueblo organizado, los consejos comunales, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y otras organizaciones políticas, los grandes contingentes  de organizaciones a quienes el gobierno les ha dado créditos, los avances espectaculares en la capacidad de consumo, el suministro de alimentos hasta un 40 por ciento más barato, la asistencia médica y las medicinas gratuitas, las obras de infraestructura, la entrega de viviendas, la disminución de la inflación, el aumento del empleo entre otros. A los que se les unía las enormes concentraciones de gente alegre y dispuesta en los lugares que Chávez y sus partidarios visitaban, la gigantesca manifestación con que cerró la campaña Chávez en Caracas, entre otros aspectos, frente a lo escuálido en los actos de la oposición, hacían prever una fácil y ventajosa victoria. La verdad que para quien ha vivido el proceso de estas elecciones, es muy difícil de digerir que la oposición ganó aunque fuese por un ínfimo porcentaje. Obligado es hacerse la pregunta: ¿Qué pasó?

Continúa…