Desmemoriados:
algo más que pinocha
Wladimiro
Rodríguez Brito
Los códigos
de vida en nuestro mundo rural tenían una carga importante de saber popular,
asumido por los colectivos. El interés público juega un papel importante,
aunque en algunos puntos los intereses particulares de familias minoritarias
limitaron parte de los usos comunitarios.
Una lectura
preocupante cuando salimos y miramos nuestro paisaje y lo vemos con ojos de lo
ocurrido en los últimos días del pasado mes de julio, nos cuesta interpretar lo
que vemos, nuestra gente no era así hasta hace poco, los cambios de mentalidad
son significativos, el abandono del campo no es sólo un problema de rentas para
los agricultores con lo importante que son los ingresos económicos para las
familias, sin embargo, los problemas que aquejan al mundo rural son más
profundos, en los que se mezclan culturas urbanas, ignorancia sobre el medio
rural y las leyes naturales con burocracia papelera por parte de la
administración.
Han pasado algo más de
dos meses del lamentable incendio, los pinos comienzan a brotar, las helecheras de lo quemado han enverdecido; sin embargo, los
vecinos de los caseríos apenas han cambiado de actitud.
Entremos en materia;
¿cómo podemos entender lo que ocurre en nuestros pueblos en los que la mayoría
de las viviendas continúan rodeadas de combustible, incluso en las proximidades
de las zonas quemadas?, viviendas que valen una fortuna pero que sobre todo se
trata de un problema de seguridad para las personas. Ahora los valores, las
prioridades, están mirando y soñando con un mundo que hemos inventado de sueños
y exigencias de derechos sin obligaciones, ¡el fuego que lo apaguen los
bomberos!
En la madrugada del
pasado martes apenas cayeron cuatro gotas, pensé que por este otoño podíamos
vivir tranquilos, ya que había comenzado el invierno, cosa que no ha ocurrido.
El debate de la
pinocha debe estar superado, en el verano es combustible, pero en el invierno
frena la erosión y ayuda a la recarga de los acuíferos, sin embargo, los
problemas importantes del fuego están en los caseríos, donde están en juego las
vidas de las personas, claro que hemos de cuidar el monte, aunque los peligros
no están en el pinar, es altamente preocupante el estado de numerosas viviendas
rodeadas de combustible (zarzales, helecheras y panascos) que arde con gran facilidad en las inmediaciones
de núcleos de población en los que, hasta el presente, apenas se dan por
enterados sus moradores del peligro que rodea a sus viviendas, tema este no
sólo preocupante para los que los temas del fuego los vemos tal como han
ocurrido. Por ello creemos que las administraciones más próximas han de
establecer unas pautas de obligado cumplimiento, no sólo para las comarcas
afectadas por el incendio, sino para todo el territorio con el que se den
dichas circunstancias. Hay que habilitar un marco legal que nos obligue a
todos, tanto ciudadanos como administración.