EL DÍA DE DIFUNTOS Y DE TODOS LOS SANTOS

 

Manuel Fernández

 

El Día de Difuntos y de todos los Santos es una solemnidad cristiana donde se venera a todos los santos que no tienen una fiesta propia en el calendario litúrgico.

 

Es el día en el que recordamos a nuestros seres queridos que nos han dejado, y en el que tradicionalmente visitamos su tumba, lavamos la lápida (y más ahora, porque de lo contrario, en Las Palmas de G.C. tendríamos que pagar un impuesto), y ponemos flores.

 

Quiero elevar un recuerdo para todos aquellos caídos en la guerra de Irak, tanto soldados irakíes como de las tropas aliadas, para los civiles… para los niños, caídos todos ellos por oscuros intereses (bueno, más que oscuro, interés negro, como el petróleo).

 

No puedo olvidar en un día como hoy sobre todo a aquellos que se encuentran enterrados en fosas comunes en descampados, en las cunetas de las carreteras, al lado de las tapias de los cementerios… en el fondo de los pozos, víctimas por su ideología, de la guerra civil española, y que por fin van a poder ser enterrados dignamente gracias a la recién aprobada Ley de Memoria Histórica, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura, aprobada por el Congreso de los Diputados el 31 de octubre de 2007 [], en virtud de un compromiso del Presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero.

Incluye el reconocimiento de las víctimas de la Guerra Civil de ambos bandos, las victimas de la dictadura, la apertura de fosas comunes en las que aún yacen los restos de represaliados en la Guerra Civil, hasta entonces realizadas desde entidades privadas (como la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y el Foro por la Memoria) o comunidades autónomas a la espera de subvenciones estatales o la retirada de los símbolos franquistas de las vías públicas.

A todos los Santos que ya figuraban en el Santoral, hemos de añadir los 498 nuevos Beatos, elevados a los altares recientemente como mártires de la Cruzada, la guerra civil española, casi todos ellos religiosos de diferentes órdenes, que murieron perdonando a sus verdugos ¿Todos ellos? ¿Cómo lo saben?

 

Además de a todos mis familiares difuntos, hoy quiero elevar una oración y un recuerdo especial a las 191 víctimas mortales y las más de 1.700 que resultaron heridas del atentado del 11 M, el mayor atentado cometido en España, con 10 explosiones casi simultáneas en cuatro trenes a la hora punta de la mañana (8:00), cuyo juicio ha sido tan complicado, así como polémico y mediático, y cuya sentencia hemos conocido recientemente.

 

Hablando de los Santos, no puedo olvidarme de Federico, sí, de Federico Jiménez Lozanitos. De padre zapatero y que se pasa medio programa de la COPE criticando a Zapatero, sí, a José Luís Rodríguez Zapatero, el presidente del gobierno español, de practicar políticas que llevan a la «...reducción a cenizas del régimen constitucional de 1978», o que “El PSOE ha demostrado que en el Gobierno puede matar, calumniar... así como ", "Éste es el Gobierno de ETA".

 

Es también uno de los exponentes más destacados de las teorías en torno al atentado del 11 M, que lleva años poniendo en duda la instrucción judicial y aún hoy, después de dictarse sentencia, continúa erre que erre, con la teoría de la conspiración, que ha sido defendida por sus partidarios como “búsqueda de la verdad”.

 

En su opinión, el atentado «...se perpetró para echar al PP del poder y cambiar de raíz la historia de España» o también esta otra perla: "Zapatero tiene una responsabilidad enorme y creciente en el 11-M".

 

De sus críticas no se han librado ni los fiscales del caso: "Los fiscales son los abogados de ETA".

 

Y aún dice Ángel Acebes que no han apoyado la teoría de la conspiración, cuando aún después de haberse dictado sentencia, manifiesta Rajoy que seguirá apoyando la investigación hasta conocer toda la verdad.

 

Me imagino que lo que quiere decir es que seguirá apoyando la investigación hasta que se demuestre su verdad, aunque dicha demostración no llegue nunca.

 

Por lo visto tres años no han bastado.

 

No practica Federico Jiménez Losantos aquello de que "La libertad de expresión no comprende el derecho a insultar, porque ni éste es un derecho ni aquélla sería una libertad".