Diócesis de San Cristóbal de La Laguna

 

Fidel Campo Sánchez

 

Hace tiempo que venimos observando, con asombro no exento y no carente de ciertas dosis de indignación, el que la ciudad de La Laguna , nuestra entrañable ciudad, se le esté desposeyendo de casi todas sus señas de identidad, mediante conchabeos entre esos delincuentes políticos -equipo de Gobierno y oposición-, y ese clero que, con tal de poder continuar succionando de las ubres de nuestro Ayuntamiento, que son quienes administran nuestros dineros, hasta llegar a situar la máxima representación de los católicos en una denominada e inexistente Diócesis de Tenerife, en alardes estrepitosos de la falacia y la manipulación, llegando incluso a referirse a una supuesta cocatedral en Santa Cruz de Tenerife, para lo cual el Ayuntamiento chicha les ha donado 3000 metros cuadrados en la denominada “milla de oro”, en cuyo solar se pretende edificar y poner en explotación una importante zona de aparcamientos. ¡Estos curas, con fondos del pueblo soberano, son unos linces para los negocios, así cualquiera!


En la entronización del actual obispo, quien, dicho sea de paso, pasa por malos momentos al haberle fallado el subconsciente en unas desafortunadas declaraciones sobre menores, cuya ceremonia fue llevada a término en la Iglesia de La Concepción , en funciones de sede o cátedra del obispo, iglesia principal de la diócesis por estar la sede catedralicia en peligro (¿?) de derrumbe o de justificación, como disculpa para reforzar la teoría de la cocatedral. El obispo nuncio del papa (embajador plenipotenciario del Vaticano) se cansó en repetir Diócesis de San Cristóbal de La Laguna pero el cura que retransmitió el acto no se cansaba de decir Diócesis nivariense y Diócesis de Tenerife, haciendo oídos sordos a la verdad, pues, cansados de mimetizar a la canariense dan la impresión de no saber donde están ni ser capaces de distinguir, lo blanco de lo negro.

 

Tanta frivolidad provoca la ira y la indignación sobre el pueblo, al que no se debe, no se puede seguir manipulando ni tomándole el pelo. Cuando fue decidido por la Iglesia católica que en estas ínsulas debía haber dos diócesis, la ya existente en Gran Canaria denominada como “canariense” y la nueva, en la provincia de Santa Cruz de Tenerife (Tenerife, Gomera, La Palma , Hierro), pasaría por BULA PAPAL (Pío VII) del 1 de septiembre de 1819, a denominarse como Diócesis de San Cristóbal de La Laguna.


Pero lo que consideramos muy lamentable es que, incluso voces autorizadas que salen de la misma sede de la Plaza Abajo (Casa Verdugo-Anchieta), propaguen el error cuando hacen referencia en manifestaciones, tanto orales como escritas, denominándola como Diócesis Nivariense. En la sede episcopal conocen que de Diócesis Nivariense, ¡nada de nada!, habida cuenta que cuando fueron a inscribir la donación de donde hoy está el Seminario tuvieron que regresar don Domingo Pérez Cáceres, el abogado don Manuel Aledo y el vicario a la sazón, a La Laguna para hacer un nuevo documento notarial y poner Diócesis de San Cristóbal de La Laguna , ya que lo de nivariense, por ser un invento localista, no podía admitirse ya que era contradictorio con la bula papal que en su día se emitiera.


Dejemos de manipular y demos a Dios lo que es de Dios y a La Laguna lo que es de La Laguna. ¡Por favor!, no pretendamos estar en posesión de la piedra filosofal, no podemos mediante magia y a nuestro capricho cambiar lo que no se puede cambiar.


Hemos consultado en algún libro que otro y nos encontramos que Nivaria, que ya no existe, fue  pueblo de la antigua hispania, un pueblo vacceo de los muchos existentes en la región vaccease que se establecieron a lo largo de los cauces de los ríos Doaurios (Duero), Pisoraka (Pisuerga), cuyos nombres actual son: Sequillo, Carrión y Valderaduey. La región vaccea es referida a las actuales Castilla y León.


Los vacceos fueron el primer pueblo civilizado de la Meseta Norte , considerado el más culto de los celtiberos (sustrato indígena ibero-ligur), según Diodoro de Sicilia.


No permitamos señalar, como aviso a navegantes, que cuando el poder del vil metal habla, calla la verdad y la verdad es la que nos hace libres, como nosotros, en libertad, expresamos nuestra opinión, con la finalidad de que los falsarios y manipuladores se llamen al buen uso del sentido común, aunque a veces sea el menos común de los sentidos.

 

Foto: La LAGUNA Ahora.com