Duopolio político
Juan Manuel García Ramos
El duopolio
político entre el PSOE y el PP en
La confrontación permanente no cesa entre PSOE y PP y nos deja, a los que no
pertenecemos al ámbito ideológico de esos dos partidos, como espectadores mudos
de una batalla dialéctica en la que ni entramos ni salimos. ¿Qué hacer?
Estoy cansado de zafarme de esos debates estériles y de aconsejar a mis amigos
más íntimos que no caigan en esa trampa.
En cuanto a la memoria histórica, me quedo con algunas tesis que hablan del
esfuerzo hecho durante la transición post-franquista por dirigentes políticos
de todo signo y por partidos de toda condición para superar un periodo histórico
del que todos fueron culpables aunque algunos fueran más culpables que otros,
entre ellos el general que fue contra la legitimidad política establecida, todo
hay que decirlo. ¿Empleamos la balanza?
Don Salvador de Madariaga nos dejó escrito que
¿Ponemos en cuestión la monarquía juancarlista y
promovemos una republicanización de la vida pública
española?
Si algunos creen firmemente en una Alianza de las Civilizaciones, ¿por qué no
retirar las fuerzas armadas españolas de todas las guerras ajenas?
¿Qué periódico madrileño leemos para enterarnos de lo que realmente pasa: El
País, El Mundo, Público?
¿Nos seguimos llevando mal con Estados Unidos y dejamos que
¿Y el cambio climático? ¿Nos comprometemos en este nuevo Apocalipsis o
descendemos a los datos objetivos?
Si les digo la verdad, de todos los asuntos propuestos, me interesa en especial
éste por lo que puede amargarle la vida a la gente que se queda con la
superficialidad de las noticias.
Se trata de no caer presa del pánico que nos inspira toda la cruzada de
Al Gore y seguidores, como ya escribimos aquí con
anterioridad y ahora volvemos a repetir con motivo del revival
Gore.
Quizá el término medio de todo este nuevo problema (?) lo representen posturas
como la de Claude Allègre,
ministro de Educación de Francia entre 1997 y 2000, y autor de un libro que
vale la pena leer con detenimiento: La sociedad vulnerable. Doce retos de
política científica (Barcelona, Paidós, 2007). No
me canso de recomendarlo.
Para Allègre, las amenazas climáticas no son tales
amenazas y todo lo que rodea al sacralizado Protocolo de Kyoto está impregnado
de dosis considerables de cinismo internacional y de demagogia.
Los teóricos del clima, ayudados de potentes ordenadores, previeron en 1970
aumentos de temperatura significativos en la superficie del globo. En esos años
setenta hablaron de un ascenso de cinco grados de media para el año 2000. Llegó
el 2000 e incluso hemos pasado por encima de él y aquellas predicciones
resultaron ser falsas. He dicho falsas. La temperatura del globo se elevó hasta
2004 un máximo de 0,1 grados, es decir, cincuenta veces menos de lo previsto.
Se sabe que en el periodo Ordoviciano, hace
cuatrocientos millones de años,
Aún hoy, la contaminación volcánica -unida a otros fenómenos naturales, como
los terremotos- es la responsable de casi el 90 % de toda la contaminación
atmosférica y sólo le queda al hombre un pequeño tanto por ciento de posible
culpabilidad.
No obstante, Allègre se atiene a lo que él llama
"algunos hechos sólidos": 1) El contenido de gas carbónico crece en
la atmósfera; 2) El ser humano seguramente está detrás de esa evolución, aunque
los archivos glaciares ya indican aumentos comparables o superiores cuando en
la superficie del globo sólo había hombres prehistóricos; 3) El mecanismo
físico del efecto invernadero es incontestable y, por tanto, el aumento del gas
carbónico tendrá consecuencias sobre nuestro clima.
¿Qué consecuencias?
Allègre se arrima a la ciencia. A lo comprobado hasta
hoy. Y nos cita las investigaciones de Anny Cazenave, del observatorio
de Toulouse, especializada en materias como las referidas más arriba. El
resultado de sus trabajos a partir de los satélites durante los últimos diez años
es que el nivel del mar aumenta
En cuanto al protocolo de Kyoto, todos sabemos que se proponía reducir la
emisión de gas carbónico en al menos un 5 % con respecto al nivel de 1990.
Según Claude Allègre, los
europeos han aprobado Kyoto, pero no lo aplican. Los estadounidenses lo
rechazaron hasta ayer mismo. Los rusos y los chinos también. Los chinos se
niegan a frenar su desarrollo económico e industrial después de comprobar cómo Occidente
ha contaminado el planeta a causa de un productivismo temerario. Ahora, dicen,
les toca a ellos. Allègre se pregunta al final de su
libro si no estaremos entrando en lo que algunos llaman la "civilización
posthumana", el despertar de un sentimiento anticiencia
propagado por los movimientos verdes más fanatizados, un culto tontorrón por
todo lo natural. Allègre nos recuerda cómo el ser
humano y la civilización liderada por él fueron capaces de reducir la crueldad
y la brutalidad de las leyes de
¿Seguimos cayendo en los debates impuestos por el duopolio
político español o nos dedicamos a frenar la pobreza mundial, las pandemias,
las migraciones suicidas o la insolidaridad generalizada entre los distintos
pueblos de esta Tierra ancha y ajena? ¿O nos centramos simplemente en volver
nuestra vista y nuestras preocupaciones hacia esta
Canarias en la que habitamos?
He recordado aquí algunas de mis viejas palabras para recuperar la frescura de
nuestra mirada sobre el mundo y para no dejarme influir ni avasallar por las
cuestiones que otros me impongan con intenciones inconfesables. ¿De qué se
trata: de ganar como sea las próximas elecciones generales?