ECONOMÍA DE CONSUMISIÓN, ECONOMÍA DE DESTRUCCIÓN

 

Jaime Morera *

 

 

Desde el mismo momento que los invasores europeos sentaron pie en nuestro Archipiélago, lo primero que hicieron fue desmantelar y destruir el sistema económico de los nativos. Economía que servía a sus necesidades básicas en todos los aspectos y estaba en plena armonía con el medio ambiente del que siempre dependieron y con el que se identificaban completamente, profesando gran amor a la naturaleza, en manifiesto contraste con aquellos sanguinarios maleantes invasores, los que, brutal y bestialmente, forzaron a los canarios a otro régimen económico de su propia conveniencia, orientado a las necesidades y ambiciones de los de afuera, muy distintas y distantes, imponiendo el consumo de sus productos sobre ellos, junto a la explotación y saqueo más monstruoso, realizado por individuos descendientes cercanos de asaltadores rapiñeros vikingos (normandos) y más tarde de repugnantes vándalos y godos (Península Ibérica).

 

Al no encontrar oro o ningún otro metal ni objetos valiosos que satisficieran su codicia, recurrieron a la canallesca venta como esclavos a nuestros antepasados guanches, poseedores de un nivel ético y moral infinitamente superior a los de aquellos traicioneros asesinos europeos.

 

Una vez agotado el lucrativo mercado de esclavos, debido a la evangelización de nuestros ancestros guanches y consecuente decisiva intervención de la Iglesia, recurren a la nociva práctica de los monocultivos, confiscando para ello, en el proceso, todas las tierra fértiles existentes para la subsistencia de los isleños, empleándolas en el intenso cultivo de la caña de azúcar y más tarde la cochinilla, etc., prolongando tal dañina práctica económica hasta el mismo momento presente en que, visiblemente, regresamos al mismo principio del ciclo inicial de explotación y expoliación, que es siempre la depredadora naturaleza del colonialismo.

 

Pero esta vez, al haber intencionadamente rendido antieconómico el sector primario por medio de importaciones subvencionadas, primero en el país de origen y luego doblemente al llegar a Canarias, acabando ruinosamente con la industria de exportación y el comercio de los canarios, a base de impuestos abusivos y normativas con regulaciones obstruccionistas en adición a legalidades penalizantes dictadas por decreto, además de Madrid, por la Unión Europea.

 

Al no llevarse ya la venta de esclavos, se echa mano a otro equivalente igual de siniestro y destructivo ¡NUETRO SUELO ISLEÑO!, cubriéndolo indiscriminadamente de cemento y piche, edificando y urbanizando en masa sin límite alguno, tanto en tierra como en las costas, para enriquecerse como resultado con la venta inmobiliaria, que en frenesí urbanizador construyen, canallescamente y sin ningún escrúpulo que los detenga, encima de fértiles tierras de cultivo, como son notablemente los tristes casos, en La Palma con el Valle de Aridane, y sobre el espectacular gran Valle de la Orotava, en Tenerife. Horrendas catástrofes sobre la naturaleza de las Islas, infligidas vandálicamente por el colonialismo en nuestro territorio, entre miriadas de otras mediocres obscenidades  medioambientales, vilmente perpetradas contra Canarias a lo lago y ancho del Archipiélago. Construyendo autopistas tras autopistas innecesarias con fines puramente especulativos, sobre nuevos terrenos, con estas ya accesibles, y desnaturalizando con carreteras y viviendas zonas forestales de montaña. Causa esta por la que hemos sufrido recientemente frecuentes incendios devastadores, la mayor parte de ellos premeditados, debido al empuje de la incontenible expansión urbanística, fomentándose el tráfico de automóviles, hasta el paroxismo, que termina por convertir a nuestras urbes en invivibles gigantescos aparcamientos con altos índices de contaminación que hacen el aire irrespirable, causante de enfermedades respiratorias y males cardiacos.

 

El 84% de los alimentos que se consumen en Canarias vienen de ultramar, muy en contra de la voluntad de la mayoría de la población que prefieren productos del país, y en perjuicio de la atmósfera del Planeta con las grandes emisiones de carbono que tal transporte de dichas importaciones, por mar y aire, a las islas supone. Y lo que es peor, pagándolos con la extensísima urbanización de nuestro suelo rústico para la venta, única actividad económica del colonialismo, en comparación, por ejemplo, con 60% importados por Inglaterra, nación extremadamente desarrollada.

 

Cincuenta mil inmigrantes -cifra oficial- invaden cada año Canarias, archipiélago con cerca de dos millones de habitantes, en una superficie de unos 7.545 Km², en contraste con la milenaria Chipre [1] que cuenta con una población de 850.000 habitantes; 250.000 en el lado turco del Norte, y 600.000 en la República del Sur, en una superficie de 9.250 Km² . Isla esta con ríos e inmensos embalses, gran producción agrícola para exportación, y altamente industrializada. Monstruoso crimen demográfico que el colonialismo está perpetrando, con impunidad, contra la población de Canarias.

 

En Canarias el colonialismo está programando en el presente la mayor operación de multiplicar la red viaria y puertos y aeropuertos, con proyectos de más de 8000 millones de euros, pretendiendo aumentar más de un 50% en autopistas y en las infraestructuras de puertos y aeropuertos. Todo ello en unas islas que han visto multiplicado el número de automóviles por 90, en los últimos 50 años. Asimismo construyéndose alrededor de medio millón de camas turísticas en solo cuarenta años y que han multiplicado por 15 el número de edificios urbanos en el último siglo, duplicando la población en 47 años, y que se sigue construyendo hoteles, a pesar de ir descendiendo el turismo desde 2002, y muy en contra y en perjuicio del sector turístico existente, el que se opone enérgicamente.

 

Canarias también duplicó, en relación a España, el porcentaje de viviendas nuevas fabricadas en el periodo 1991-2001, teniendo casi 190.000 casas vacías. Con más de 130.000 parados, oficialmente registrados, y 310.000 trabajadores con contratos basura, así como 570.000 canarios viviendo en el umbral de la pobreza con menos de 460 euros mensuales. Lo que nos deja claro a todos: ¡o acabamos con el colonialismo en nuestro Archipiélago o terminaremos extinguidos, como se extinguió el ave dodo [2] en Isla Mauricio!

 

Como canario que ama a su país, identificándose y sintiéndose solidario con nuestro pueblo, deseo con pasión lo mejor para nuestra tierra: ¡ LA INDEPENDENCIA !Que nos haría libres de escoger y marcar nuestro propio destino de Nación, y, como resultado, por medio de un gobierno propio, de invertir con enormidad en la educación y formación profesional y social de nuestras gentes a todos los niveles, junto a un servicio de sanidad de los mejores. Desarrollando una economía basada en la producción y en la exportación, de acuerdo a las necesidades e intereses de nuestra nación. En contra a la especulación y venta de nuestro escaso suelo, como único recurso usado por el colonialismo.

 

De esta manera, el Pueblo Canario en poco tiempo, aplicando su potencial ya adquirido, alcanzaría uno de los niveles más altos del Mundo, como ya con anterioridad lo han realizado otros estados insulares o archipiélagos que estuvieron en las mismas circunstancias. Para ello habrá que adoptar el mejor sistema político existente en el Planeta, que, en nuestro caso particular y circunstancias, con un territorio fraccionado en siete islas, sería indiscutiblemente el modelo que presenta la República Helvética[3] de Suiza, en la mismísima línea de TOTAL INDEPENDENCIA y absoluta neutralidad y no alineación en política exterior, que sería la base para nuestra seguridad y fortaleza como país libre en el Mundo, y nuestras credenciales ante todas las naciones para hacernos valorar y respetar, abogando, sin embarazo, al mismo tiempo, por una organización o loby de pequeños estados isleños o archipiélagos existentes en el Planeta, para hacer valer nuestras peculiaridades geográficas y derechos que conllevan, frente al resto de los países continentales, en el seno de las Naciones Unidas, ONU.

 

Lo único que se interpone entre nuestra INDEPENDENCIA y libertad como nación con la prosperidad y progreso que nos merecemos, ES EL COLONIALISMO que, sistemáticamente la obstaculiza, entorpece y obstruye con todos los medios a su alcance, con la tiránica intransigencia de los sucesivos gobiernos coloniales, los cuales siguen aferrados a ese opresor e injusto anacronismo de la Historia que esclaviza a Canarias, acabando día a día con su pueblo y con lo que nos queda de naturaleza y medioambiente.

 

Deberíamos ya de una vez empezar con un programa de descolonización, retirando a los partidos de ocupación de las Islas: POSE, PP e IU, tan destructivos para nuestro Archipiélago. A la vez que su prensa y TV colonialistas, las que continuamente desinforman y engañan a nuestras gentes, manteniéndolas en la ignorancia; distorsionando la realidad e infundiendo el miedo y el terror a la libertad. Y, lo que es peor, intimidando y avasallando la opinión crítica en el resto de los periódicos canarios para, de esta manera, impedir arreglar sin interferencias nuestra propia casa, devolviéndonos el control de nuestras fronteras internas: puertos y aeropuertos, e implantar una Ley de Residencia que proteja a nuestro Pueblo, poniendo freno a la masiva invasión inmigratoria de una forma tajante. Quizá los españoles tendrían que emular a su otra nación vecina peninsular adyacente -Portugal- que en 1975 abandonó a nuestras vecinas islas de Cabo Verde [4] y, más al sur, las de Santo Tomé y Príncipe [5]. Independizándose ambas a continuación.

 

Por muy mal que les pese a esa Bestia Maléfica del Colonialismo, la INDEPENDENCIA, entre otras cosas, significaría devolver Canarias a sus justos y auténticos dueños ¡NOSOTROS, LOS CANARIOS!, para hacer posible convertirlas, como en tiempos de nuestros antepasados guanches, en ISLAS AFORTUNADAS.

 

 

[1] Chipre

 

[2] Extinción del Dodo

 

[3] Suiza

 

 

[4] Cabo Verde:

 

[5] Santo Tome

 

 

* Otros artículos del mismo autor

 

jaimemorera@elguanche.net