Nos repugna la palabra Estatuto
La resolución 1514 (XV)
contenía la Declaración sobre la
concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales. Mientras la Carta de las Naciones Unidas
estableció que la libre determinación era un principio y no lo mencionó como
derecho, la Declaración
estableció un hito al postular que "todos los pueblos tienen el derecho de
libre determinación".
La
Asamblea General ha declarado el período 2001-2010 Segundo Decenio Internacional para la Eliminación del
Colonialismo. En su resolución IA/RES/55/1461, aprobada el 8 de diciembre de
2000.
Decíamos en nuestro comentario del viernes que nos
mueven la razón y la lógica para que esta "comunidad" autónoma se
transforme en un país libre y soberano. Se trata de una aspiración inaplazable
del pueblo canario, ante todo porque existen la resoluciones 1.514 y
[A/RES/55/146] de la
Organización de las Naciones Unidas ?que reproducimos en esta
misma página? sobre la obligatoria descolonización de
los pueblos antes del año 2010. Una resolución que también fue firmada por
España, con lo cual el Gobierno español incumpliría gravemente un tratado
internacional en el caso de no aplicarla a Canarias; es decir, si nos mantiene
como una indigna colonia, sometida a los caprichos de los déspotas políticos de
Madrid, más allá del citado año.
No obstante, y al margen de esta resolución, ¿por qué
un territorio situado a 1.500 kilómetros de distancia de las costas
peninsulares ha de ser una comunidad autónoma española? La distancia nos
condiciona y nos hace ser distintos. La propia naturaleza de nuestras Islas nos
convierte en diferentes. No se puede legislar para nosotros en una ciudad, como
es el caso de Madrid, situada a 2.000 kilómetros
de distancia. ¿En qué cabeza cabe semejante disparate? Los recursos económicos
de los que dispone Canarias son distintos a los que existen en un territorio
continental.
Esta es una de las razones para exigir la soberanía y
la libertad de Canarias. Siendo un país soberano, podremos acudir a nuestras
romerías con el corazón libre y el alma alegre, pues gozaremos plenamente de la
inmensa satisfacción que supone el actuar como nos convenga, sin que ningún
godo diga lo que hemos de hacer. Iremos a nuestras romerías con nuestras
coloridas vestimentas, brillantes como relucen resplandecientes en el cielo las
banderas de las naciones libres. Quizá nos convendría tener también en Canarias
una estatua de la libertad; un símbolo que nos recuerde continuamente la máxima
aspiración de cualquier ciudadano: la libertad.
Esa libertad nos fue usurpada con una conquista
genocida hace seis siglos. ¿A qué esperamos para recuperarla? ¿Por qué hemos de
ir a una velocidad lenta, como recomiendan los pusilánimes y los teóricos del
nacionalismo? ¿Puede esperar la libertad? Decididamente, no. Nos falta el aire
porque nos asfixia la cárcel del colonialismo. Como ciudadanos sometidos a la
voluntad de la Metrópoli,
los canarios vivimos acogotados y no somos felices. Nuestros ignominiosos amos
nos roban diariamente la libertad a la que tenemos derecho, porque la poseíamos
antes de que los guanches fuesen masacrados y
vendidos como esclavos, mediante astutas maniobras que ejecutan los partidos
políticos dependientes del Estado español.
Ese genocidio guanche es la segunda razón para ser
libres. Estamos obligados a honrar la memoria de tantos hombres, mujeres y
niños sacrificados por las tropas regulares de Castilla, a cuyo frente iban los
odiosos adelantados, así como por los mercenarios y gente canallesca que las
acompañaban. A la vista de estos hechos históricos, ¿puede existir alguien a
quien se le ocurra hablar de la españolidad de Canarias? Sólo podemos admitir
la españolidad de nuestro Archipiélago desde un punto de vista cultural.
Tenemos una lengua común con España, el castellano, y unas raíces culturales
semejantes, debido al inevitable mestizaje que se produjo tras la brutal
conquista. Pero afirmar, a partir de esta realidad, que somos españoles supone
caer en un absurdo.
Concurre la circunstancia añadida de que, para los
españoles, los canarios somos isleños; personas distintas a las que tratan con
curiosidad y cierta condescendencia cuando vamos a la Península, pero nada
más. En consecuencia, necesitamos sustantivar esa diferencia con el estatus de
país soberano; de una nación con bandera y asiento en la ONU. Sólo entonces
podremos hablar con los españoles de igual a igual.
HOY está de moda la memoria histórica referida a la Guerra Civil
española. Nos parece bien que se reconozca a quienes cayeron bajo la bandera
republicana por defender lo que consideraban mejor para su país, aunque
recordamos que los crímenes se produjeron en ambos bandos. También los canarios
debemos recuperar nuestra memoria histórica como pueblo. Una labor que no exige
excavar en las cunetas de las carreteras y localizar fosas comunes. Basta
visitar los libros y otros documentos y museos para hacernos una idea de la
cantidad de niños y niñas que fueron martirizados por los conquistadores, junto
a sus padres y madres. Y muchos de los que no fueron vilmente asesinados
padecieron cautiverio y los vendieron como esclavos, o los exhibieron en las
Cortes europeas como si fueran animales exóticos. ¿Tenemos o no tenemos la
obligación de honrar la memoria de unos antepasados, tan indignamente
ultrajados?
Queda un tercer motivo, tan importante como la
distancia que nos separa de la
Metrópoli y la obligación de homenajear a quienes sufrieron
tantas iniquidades durante la vil conquista española, para ser un país libre y
soberano: hacernos cargo de nuestras riquezas presentes y potenciales. Esas
riquezas, que sólo nos pertenecen a nosotros, son expoliadas en la actualidad
por los partidos políticos depredadores que padecemos. Cuando seamos un país
libre, tendremos administradores distintos a los actuales. Es decir, nuestras
riquezas y recursos serán sólo para nosotros y no mejorarán, como ocurre en la
actualidad, las arcas de una Metrópoli ratera. Urge, por lo tanto, que
comencemos a formar ya a las personas que han de hacerse cargo de nuestra nueva
Administración pública. Han de ser personas, lo repetimos una vez más, con las
manos y la mente limpias, a diferencia de las actuales, que están podridas tras
años y años engañando al pueblo para seguir en sus poltronas. Qué asco. Qué
diferencia con otros enclaves, como es el caso de Hong Kong o Singapur, que
pese a ser mucho más pequeños en extensión que nosotros, poseen un enorme peso
en las finanzas mundiales. ¿Por qué, si ellos lo han logrado, no podemos
conseguirlo nosotros?
CANARIAS también cuenta con
una privilegiada posición entre tres continentes. Esa es una de nuestras
principales fuentes de riqueza; quizá la que debamos explotar con más
aprovechamiento, pues puede proporcionarnos mucho en el futuro. No hablamos del
aspecto militar, pues nuestra vocación es el pacifismo y la convivencia
armoniosa entre los pueblos, sino de las comunicaciones y los transportes.
Sin embargo, este esperanzador porvenir no es posible
sin la presencia de esos nuevos dirigentes que reclamamos, dispuestos a jurarle
fidelidad al pueblo y a trabajar para la ciudadanía, en vez de engañar a la
gente con falsas promesas al estilo de los políticos actuales. Porque los
partidos estatales implantados en Canarias no nos valen. El Archipiélago
precisa partidos socialistas, liberales y conservadores que sean netamente
canarios. Es decir, que no estén sometidos a las decisiones de los jerarcas
metropolitanos. […]
Extracto
Editorial de El Día, 10-08-2008