Lo extravagante es seguir como lacayos

Decididamente, no creemos en un nacionalismo, como el actual, formado por políticos teóricos, personajes enamorados de la españolidad y pesimistas por encargo. Tres cualidades que acaba de demostrar el presidente de una formación que se dice nacionalista, en un artículo digno de pasar a los anales de la traición a Canarias. Una tierra noble que, después de sufrir seis siglos de colonialismo español, soporta ahora la desgracia de la connivencia con la metrópoli no sólo de aquellos que por su condición de miembros de partidos estatales han de comportarse de esta manera tan ignominiosa, sino también de quienes deberían defender a estas Islas pero omiten cumplir con su obligación. Al final, los hechos lo demuestran cada día, lo único que hacen es engañar al pueblo llano que ha confiado en ellos.

¿Cree de verdad el político en cuestión que es extravagante reivindicar una justa aspiración del pueblo canario? ¿Es estrafalario cumplir un mandato universal de la ONU, cual es la descolonización de todos los territorios del mundo antes del año 2010? ¿Qué tipo de nacionalista es usted, cuando prefiere continuar como lacayo de un amo a 2.000 kilómetros de distancia? Contra la extravagancia, valentía, dice usted. ¿Dónde está su valentía? ¿Es una actitud valiente no atreverse a decir quiénes fueron nuestros antepasados, y qué ocurrió con ellos durante la sangrienta conquista de Canarias?

Otro artículo nos responsabiliza, sin citarnos, de un posible brote de violencia en el futuro. Tan sólo le formulamos a quien insinúa esto una pregunta: ¿por qué es usted español y no canario soberano, libre y dueño de su destino? ¿Por qué plantea que puede surgir una ETA canaria? Eso sólo es una justificación para que nadie se mueva. Y justificaciones para la pasividad hay de sobra. Tantas como autores dispuestos a escribirlas. Lo reiteramos: somos pacíficos. Queremos alcanzar nuestra soberanía por la vía de la razón, de las ideas y del penoso recuerdo de lo que le ocurrió a nuestros ancestros los guanches. Queremos que se nos reconozca nuestra libertad sin el empleo de la fuerza. Porque si no alcanzamos la soberanía, lo único que nos queda es seguir así. Pero, ¿podemos continuar así? Podemos consentir que los amos en Madrid sigan disponiendo de la vida y de la hacienda de los canarios?

Si algo violento ocurriera en estas Islas de naturaleza pacífica, la culpa sería de los que amenazan con tragedias, no de nosotros. Nosotros sólo pedimos en paz el derecho a la soberanía. ¿Quién puede admitir que después del año 2010 podemos seguir como criados revestidos con el disfraz de la autonomía, de la misma forma que los señores visten con librea a sus siervos para que no desentonen en la fiesta? La fiesta, más bien la orgía perpetua, de una España que se niega a soltar esta colonia. […]

Por otra parte, le pregunta Ignacio González Santiago, presidente del CCN, a Paulino Rivero por qué visitó a Zapatero. Luego le dice que debería haberle manifestado que Canarias está más lejos de Madrid que el País Vasco, y separada de la Península por mar, "no vaya a ser que nos calentemos y nos mandemos a mudar antes que los vascos". ¿Y por qué no nos calentamos ya, don Ignacio? ¿Por qué no nos mandamos a mudar de una vez? Usted, como presidente de un partido, podría calentarse y plantear en Madrid, en Bruselas y en Nueva York la inaplazable soberanía para Canarias. Nosotros lo apoyaríamos. Hágalo de una vez; tenga la valentía de la que carecen los otros nacionalistas actuales, que nos repugnan.

Nos apena creer que los nacionalistas canarios del pasado tenían más decencia y más vergüenza que los actuales a la hora de plantear la soberanía. Lo que necesitan estas Islas son hombres y mujeres nuevos, no políticos viciados de tanto coquetear con la metrópoli. Personajes indignos, que sólo buscan subterfugios para no dar el paso de exigir la libertad de un pueblo que ha confiado en ellos.

Extracto Editorial de El Día, 10-06-2008