Una ocasión para reconducir el nacionalismo

 

[…] Mientras, aquí mucho nos tememos que volveremos a la monotonía de los cantos salmódicos del Estatuto de Autonomía, que no va a ser aprobado en Madrid. Y, si lo fuese, lo sería como una gracia que conce­de el amo a su lacayo. En todo caso, sería una trampa político-jurídica que se le tiende a un pueblo, el canario, que espera otra cosa de sus líderes. Ya se han oído sugerencias de refundar el nacionalismo desde CC, de replantearse el modelo tras su fracaso. Pues bien, ahora es la ocasión de que esas fuerzas enfoquen su ideario hacia otras metas, por ejemplo, la consecución de la soberanía. Sería un nacionalismo que, aunque de voz débil, se oiría en Madrid, en Bruselas y en Nueva York, en la sede de las Naciones Unidas, donde antes de 2010 podría estudiarse el caso canario dentro del comité de descolonización. Y, mientras tanto, esas fuerzas que ahora han fracasado podrían preparar un verdadero estatuto de transición hacia la libertad, en lugar de pedir más autonomía. Todo esto de lo que hablamos lo definía mejor Ramón Mo­re­no en el artículo que publicaba este domingo en EL DÍA [1], del que entresacamos el siguiente párrafo: “La situación, por consiguiente, está meridianamente clara. ¡Ni estas elecciones de hoy, ni tampoco las que tengamos que soportar todavía –sean de la naturaleza que sean–, van a resolver los graves problemas de Canarias! Un “territorio nacional” español en África que, repito una vez más, la legalidad internacional ya no contempla ni ampara hoy en día, en pleno siglo XXI. Y en el que, el decimonónico y periclitado criterio de “soberanía política” (subterfugio legal para dar “validez” a la apropiación de territorios por la fuerza de las armas, como fue el caso flagrante de nuestro Archipiélago) mediante el cual España sigue apuntalando la artificiosa e insostenible “españolidad de Canarias”, es contrario y opuesto al principio emergente de “localización geográfica”, consagrado en la doctrina y los preceptos del Derecho Internacional contemporáneo. ¡Ese es el verdadero nudo gordiano de la cuestión! Así que yo sólo iré a ejercer mi derecho a voto, decidido, or­gulloso, feliz y contento, cuando se ce­lebre el inaplazable referéndum de autodeterminación, ¡un de­recho inalienable e imprescriptible del pueblo canario! (en el que, por cierto, no podrán votar los colonos españoles afincados en Canarias); y que será la culminación de nuestro proce­so descolonizador, cuyo plazo expira en 2010. Y, por su­pues­to, el día que haya que sancionar nuestra propia Cons­titución, que nos consagrará como la República Federal Canaria, un estado archipielágico, libre y soberano, como Cabo Verde”. En nuestros editoriales y comentarios nunca hemos hablado de autodeterminación, que es un derecho de los pueblos con derecho, siempre de negociación con Madrid para obtener la soberanía. Canarias es muy distinta a Cataluña, el País Vasco o Galicia, países integrados en España, continentales, que sí quieren la autodeterminación. Lo de Canarias es distinto. Aquí la soberanía nace por sí misma, por su propia esencia, de forma natural, y no ne­cesita ninguna consulta, porque fuimos conquistados a la fuerza, fuimos raptados. Lo que propone es diálogo di­recto en lugar de melopeas estatutarias. Y, por supuesto, antes de 2010, fecha señalada por el mundo, por el mandato de la ONU.

 

Un último apunte sobre lo acontecido el domingo: aunque ya decimos que es un acto ajeno a estas Islas, la reforma electoral es necesaria para que no se den esos resultados tan dispa­res e injustos por culpa de un sistema de circunscripciones ilógico. Como también es absurdo el modelo de listas cerradas, que da cargos políticos a quien no los merece. Todo esto dicho desde la distancia física y política de quien no cree en estas elecciones porque les resultan ajenas a los canarios.

 

Extracto Editorial El Dia, 11-03-2008

 

[1] El libre albedrío