La auténtica memoria histórica de Canarias
Publicamos en nuestra edición del pasado domingo una
entrevista con Tomás Padrón[1], presidente del Cabildo de El
Hierro, sobre la que queremos llamar la atención de los lectores. En ella, y
con referencia al próximo congreso de CC, afirma Padrón que "un partido
que se declara nacionalista no puede negar de ninguna manera a sus afiliados y
simpatizantes el derecho a debatir sobre el soberanismo o sobre cualquier otra
cuestión, especialmente en un congreso. Puede que tras el debate algunos
intuyan la derrota aplastante de esa postura, pero lo que no se puede hacer es
negar el derecho a debatir. No se entiende que se tome una decisión de
antemano, porque con ello se practica esa dictadura de partido que cada vez se
produce de manera más asfixiante en los partidos continentales, convirtiendo a
sus bases en auténticos soldados de plomo políticos".
Tomás Padrón es de los
pocos nacionalistas canarios que no abre la boca para decir sandeces, como
quienes manifiestan que están en Madrid no para plantear la soberanía de estas
Islas, sino para hacer política pura. Los mismos que excluyen de un mero debate
de ideas la posibilidad de que Canarias recupere su
condición de país libre en el mundo y, como consecuencia de ello, que tenga
asiento y bandera en
Con el final de la
dictadura franquista y la llegada de la transición, nuestra situación colonial
se ha querido disfrazar con el subterfugio de la autonomía. Es decir, se
pretende tapar lo que fue un genocidio con una autonomía democrática. Estamos
ante una mentira infame y una actitud rastrera por parte del país que nos
coloniza. Algo que no tiene perdón de Dios.
Recordamos en este
momento a Luis Diego Cuscoy, autor del libro
"Los Guanches", además de un sin fin de textos en los que dio cuenta
de sus investigaciones sobre la población aborigen de Canarias. "Los
guanches" es una obra de marcado carácter didáctico, en la que su autor
habla del vil asesinato de los primitivos pobladores de Canarias, como también
lo han hecho otros muchos, quizá centenares, casi desde los tiempos de la
conquista. Por lo tanto, hace siglos que se habla en este Archipiélago del alma
canaria; del sentimiento canario. De ahí nace el folklore de nuestra tierra con
toda la carga emotiva que posee; de los lloros de los descendientes de esos
pobladores dignos, que fueron vilmente asesinados por aquellos que hoy nos
poseen como colonia. Eso es lo que deben reivindicar nuestros políticos nacionalistas,
si realmente son nacionalistas. Además de recuperar la libertad, la identidad y
la condición de ciudadanos de un país libre que teníamos antes de la conquista,
debemos luchar por nuestra soberanía para hacer justicia a quienes fueron
indignamente masacrados.
Hoy se habla mucho de
la memoria histórica con respecto a un acontecimiento luctuoso, como fue
Nadie, salvo los
enamorados de la españolidad, piensa que Canarias no es una colonia. Somos una
descarada colonia aunque disfrazada de autonomía, como señalábamos antes,
gracias a burdas trampas políticas.
La realidad, triste y
denigrante para los canarios, es que tampoco somos una autonomía. Seguimos
dependiendo de leyes que se aprueban en el Congreso de los Diputados, donde
nuestros parlamentarios nacionalistas, para abundamiento de desgracias, se
dedican a practicar la política pura en vez de pedir la soberanía sin ambages.
También seguimos dependiendo de
Hemos de avanzar,
siempre por la pacífica vía del diálogo, para que seamos propietarios de
nuestro territorio, de nuestro mar y de nuestro cielo. Algunos nacionalistas
consideran que vamos demasiado deprisa en nuestras aspiraciones. ¿Por qué hemos
de esperar más tiempo para recuperar lo que en su día nos fue arrebatado? ¿No
han sido suficientes seis siglos de sometimiento a la colonia? Es esa lentitud
a la hora de hacer las cosas lo que mantiene a los canarios como un pueblo
esclavo de los españoles. En otros lugares del mundo, por ejemplo, en el
Sudeste asiático, construyen en pocos meses un aeropuerto sobre el mar.
Nosotros debemos aguardar años para algo tan simple como ampliar a seis
carriles una autopista que ya tenía cuatro, o para realizar el tan
imprescindible cierre del anillo insular en Tenerife.[…]
Extracto del Editorial
de El Día, 13-07-2008