La humillación de un pueblo noble

 

Hay razones políticas, geográficas y sociales para que Canarias sea un pueblo soberano y libre. Sin embargo, también es de suma importancia en la consecución de este anhelo el recuerdo de nuestros antepasados, y la consiguiente obligación que tenemos de honrar su memoria. Con frecuencia nos hemos referido al genocidio que sufrió el pueblo guanche a manos de las tropas regulares de Castilla, acompañadas por mercenarios y otras gentes de la peor condición. Una vez vencidos, los aborígenes de estas Islas no fueron tratados con la dignidad que reservaban los europeos para sus enemigos continentales. Muchos de ellos fueron reducidos a la esclavitud y exhibidos, como si fueran animales exóticos, en las cortes del Viejo Continente.

Como muestra, transcribimos literalmente una parte del artículo publicado el pasado sábado en el suplemento La Prensa por nuestro colaborador Arquímedes Jiménez del Castillo, bajo el título "Año 1496: Un Rey canario en Venecia". Cuenta Arquímedes Jiménez del Castillo que "en 1496, Alonso de Lugo acude acompañado de los nueve Reyes Guanches a la Villa de Almazán, provincia de Soria, para presentar ante los Reyes Católicos a los Régulos vencidos de Tenerife. Uno de ellos fue regalado por Fernando el Católico al embajador de Venecia, Francesco Capello, y sirvió en aquella ciudad como una rareza que distraía al público en los festejos y procesiones. En aquella época los europeos no distinguían entre las Islas Canarias y América. Incluso en la Corte de Isabel la Católica muchos de sus personajes confundían ambos términos. Volviendo al regalo enviado al Dux de Venecia por el rey Fernando el Católico, nunca se ha sabido el nombre del joven guanche, porque el embajador que lo recibió para entregarlo a Su Señoría el Dux de Venecia, Agostino Barbarigo, no menciona su nombre por no considerarlo necesario o de interés para el potentado político a quien van dirigidas sus cartas. Aunque sí afirma que se trata de un regalo que a Su Señoría le entusiasmará, porque el joven personaje es "il piú famoso e piú bello hano voluto donar a la Signora nostra" (el más famoso y el más bello han decidido regalar a nuestra Señoría)".

Así trataban los españoles a nuestros antepasados. Ese era el destino reservado para los dirigentes de un pueblo que poseía su estructura familiar y social; un pueblo que amaba a los suyos y que tenía sentimientos como cualquier persona creada por Dios; es decir, creada libre. Sin embargo, para los Reyes Católicos eran simples objetos de los que podían disponer según les viniese en gana. Nada les impedía incluso regalarlos, si ese era su capricho del momento.

¿Podemos sentir simpatía por quienes conquistaron esta tierra? ¿Podemos permanecer impasibles y sumisos como esclavos resignados a su suerte, ante quienes consideraban a los menceyes guanches como meras atracciones de feria, como simples bufones para solazar el aburrimiento de los nobles europeos? ¿Qué dicen de todo esto los enamorados de la españolidad?

Cada día, y sin excepción, recibimos mensajes de apoyo de muchos canarios de bien que consideran muy oportuna nuestra actual línea editorial. A todos ellos les respondemos que es nuestra obligación, como tinerfeños y canarios, reivindicar nuestro derecho a ser un pueblo libre y soberano. No obstante, algunos de estos amigos que nos alientan consideran que vamos demasiado rápido. A lo cual nosotros les preguntamos ¿por qué? ¿Por qué hemos de seguir esperando para exigir lo que en derecho nos corresponde? Ya no estamos en el siglo XV sino en el XXI. Seiscientos años de esclavitud son demasiados. ¿Cuánto tiempo más nos toca esperar? ¿Quizá otros seis siglos? ¿Tal vez un milenio? […]

 

Extracto de la Editorial de El Día, 15-07-2008