Sólo un Estado independiente es
plenamente dueño de su territorio, de su cielo y de su mar
[…]algún
que otro escritor pretencioso, que se cree con historia y biografía cuando en
realidad sólo es un chisgarabís. Por eso confunde independencia con terrorismo.
La ignorancia es atrevida. Y frente a la ignorancia, sabiduría. El signo más
cierto de la sabiduría es la serenidad constante, dijo Michel
de Montaigne. Por eso insistimos en pedir con
sosiego, pero sin que nos atemoricen los pesimistas ni nos turben los
españolistas vocacionales, la inaplazable soberanía para Canarias. No hay otra
opción. De manera especial en momentos como este, cuando se habla de la posible
existencia de una importante bolsa de petróleo en aguas próximas a
Fuerteventura. El anuncio de este hecho suscita de nuevo las apetencias de Marruecos.
Si Canarias fuese ya un país libre, ese petróleo, en caso de existir, estaría
en sus aguas soberanas. Sólo un Estado independiente es plenamente dueño de su
territorio, de su cielo y de su mar.
Si no damos pasos
inmediatos hacia la consecución de la soberanía, algún día no muy lejano nos
encontraremos en manos de Marruecos. Nos sucederá lo mismo que está a punto de
ocurrirles a Ceuta y Melilla, posiblemente próximas a caer en una soberanía
compartida con la complacencia absoluta del Gobierno de España. No lo harán
como una fruta madura, expresión que utilizaba Franco para vaticinar que Gibraltar estaba próximo a retornar al territorio nacional
español, pero antes o después el débil Gobierno de Zapatero se plegará ante las
exigencias del moro.
Canarias, como
legítimo aspirante a ser un país soberano, no puede
depender de las veleidades de un Gobierno con sede a
Contamos con una razón
añadida para aspirar a la soberanía: honrar a nuestros antepasados. Ese noble
pueblo guanche, salvajemente masacrado por quienes hoy son nuestros amos; los
mismos a los que muchos se afanan por lamerles las botas. El pueblo guanche
poseía una estructura familiar, social y humana que fue pisoteada por los
invasores españoles. Los habitantes de estas islas sufrieron el martirio de la
muerte y la humillación de la esclavitud. Aunque no perecieron todos. Los que
sobrevivieron a la masacre son nuestros padres.
Maxence Van der Meersch,
escritor socialista francés, publicó en su día una obra titulada "Siempre
ocurre lo inesperado". Un día ocurrirá inesperadamente algo que hoy no
queremos ver en Canarias, si bien no por ese empecinamiento en la ceguera
nuestra va a dejar de producirse. Ahí enfrente está África. Apenas cien
kilómetros separan el faro de
No podemos ser una
comunidad autónoma, por mucho que lo afirme
Extracto del editorial
de El Día del 15-06-2008