Para lograr esa libertad no se puede permanecer con los brazos cruzados

Esta semana también hemos conocido, con motivo de la II Cumbre UE-África celebrada en Lisboa, la propuesta realizada por la Unión Europea a África de entablar a partir de ahora una relación de "igualdad", dejando atrás la página de la colonización. Una iniciativa que requiere el "compromiso de ambas partes" y corregir "la injusticia de la Historia" que significó la esclavitud y el colonialismo, y que durante 500 años provocó que las relaciones entre ambos continentes no fueran felices, según palabras del presidente de la Unión Africana.

Hoy, casi todos los países del mundo que fueron colonia se han emancipado y gozan de la libertad a la que durante tantos años han aspirado, hecho que a la UE no le ha quedado otro remedio que reconocer, de ahí su cambio de actitud, pasando de la prepotencia a la colaboración. Y es que ya no se concibe, ni en la Organización de Naciones Unidas (ONU) ni en la Unión Europea, que haya países sometidos, aunque no se les reconozca tal condición.

También Canarias, un país distante y distinto, debe dejar de estar sometido política y administrativamente. En este sentido, estamos convencidos de que algún día, más pronto que tarde, recobrará la libertad que perdió un pueblo que vivía pacíficamente. A propósito de esto, recordemos que Azores y Madeira eran islas deshabitadas cuando llegaron los portugueses. Y si alguien aún tiene dudas ahí está la historia que relata la vida del pueblo guanche y sus menceyes, víctimas de los invasores. Por citar dos casos: Bentor, en Los Realejos, y Tanausú, en La Palma.

Claro está que para lograr esa libertad no se puede permanecer con los brazos cruzados, sino que se debe actuar. En primer lugar, lo hemos dicho en infinidad de ocasiones, elaborando un estatuto especialísimo –ahora existe esa oportunidad– que abra las puertas a que esas aspiraciones se hagan realidad no muy tarde. Al Gobierno de Canarias y a los sesenta diputados que se sientan en los escaños del Parlamento les corresponde tomar la iniciativa. A ellos, que muchas veces se les llena la boca hablando de las necesidades de los ciudadanos o utilizan, tal vez con demasiada ligereza, el término ciudadanía. Y todo ello de manera democrática, civilizada y pacífica, muy diplomática. Pacíficamente, decimos.

Para aquellos que todavía tengan dudas sobre lo que los canarios demandan, recomendamos la lectura de la "Carta a Santa Cruz" de su alcalde, Miguel Zerolo, publicada el pasado domingo en EL DÍA. Según él, ante tanto ninguneo y desprecio por parte de los dirigentes instalados en la metrópoli, "los canarios están empezando a despertar y a decir un basta ya que desde Coalición Canaria secundamos". Asegura Zerolo que en CC "no es que nos estemos radicalizando, simplemente… hemos elevado el tono y lo hacemos desde convicciones políticas constitucionales y que no descartan procesos democráticos que dignifiquen a este país canario".

A juicio del alcalde de Santa Cruz, si las Islas no reaccionan, corren el peligro de "acabar plegadas a esa arbitrariedad interesada y política en forma de axioma que defienden algunos socialistas, aquí y en Madrid, de que Canarias es parte de una España de segunda clase; un mero botín electoral; una periferia, entonces sí, radical".

No anda descaminado Miguel Zerolo cuando alerta de esta situación, y en estas mismas páginas no nos hemos cansado de advertirlo. Y aunque parece que muchas veces caen en saco roto nuestros consejos –fruto de hacernos eco de lo que los canarios reclaman– no tiramos la toalla, porque estamos convencidos de que es nuestro deber.

*** *** ***

También queremos recomendar el artículo publicado hace siete días en este periódico de nuestro colaborador Ramón Moreno Castilla, experto en Derecho Internacional marítimo, que, en la misma línea de lo expuesto por Miguel Zerolo, llamaba la atención sobre la "sangrante y cruda realidad de Canarias", pues, en su opinión, se trata de "¡una monumental ficción político-jurídica!, que se corresponde con un demoníaco entramado político-jurídico (¡ese falaz binomio!), que nos convierte en un caso único y paradigmático del colonialismo mundial. No en vano, el Derecho Internacional reconoce que, mientras España es una realidad europea, Canarias es, inequívocamente, una realidad africana. Canarias no es España, al ser un territorio de ultramar (más allá de… al otro lado de…). Otra cosa es que España siga argumentando la soberanía política que todavía ejerce sobre este enclave; argucia legal para dar validez a la apropiación de territorios por la fuerza de las armas, como fue el caso flagrante de Canarias. ¿Sí o no?".

Sí nos preocupa, y no podemos ocultarlo, que aún existan políticos, que se definen como nacionalistas, que no tengan claro cuál debe ser su objetivo. Nos referimos, por ejemplo, al presidente del Centro Canario (CCN), Ignacio González Santiago, quien, lejos de buscar que Canarias alcance la libertad que reclama su pueblo, anda enredado en pedir que el Gobierno del Estado incluya un ministerio exclusivo para las Islas.

¿A qué juega el líder del CCN? Si de verdad es nacionalista, algo que empezamos a dudar, lo que tiene que conseguir es que Canarias llegue a ser un país soberano, por la vía pacífica, política y diplomática. Ese es el objetivo del nacionalismo y no lograr ministerios específicos para seguir sometidos a los dictados de Madrid.

*** *** ***

Sólo el nacionalismo, no de etiqueta o manta esperancera, puede hacernos personas dignas, no sometidas a políticos o a fuerzas de ningún tipo. Teniendo claro este aspecto, es el momento de aprovechar el nuevo proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía propuesto por el presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero, para plantear un texto más sencillo. El primer paso es corregir las injusticias que contiene el actual en su preámbulo y que aquí hemos denominado las tres grandes mentiras –enumeración de las islas por orden alfabético, el "gran" y el diseño del escudo– para colocar a Tenerife y al resto de las islas donde se merecen. No hay razones para mantener el "gran", a no ser que se pretenda romper la concordia entre todos los canarios. Un estatuto que mantenga este término es una infamia para el resto de las islas y sus redactores quedarán denostados de por vida. No se puede repetir la hazaña del texto actual, que sólo beneficia a Canaria.

El resto del mismo podrá quedar reducido a dos artículos que estarán vigentes mientras se consigue la libertad política y administrativa del Archipiélago. ¿Por qué tenemos que continuar siendo una comunidad autónoma? ¿Porque una Constitución aprobada por una mayoría de votantes continentales así lo dispone? Somos un archipiélago y debemos ser autónomos, pero sin estar sujetos a ninguna autoridad política ajena. Mantendremos lazos afectivos, pero queremos ser nosotros mismos, no perder nuestra identidad de pueblo, nuestra manera de ser, es decir, que no nos gobiernen desde miles de kilómetros, pues eso supone ser unos siervos de cualquier chisgarabís instalado en Madrid que no conoce nuestra identidad, nuestra idiosincrasia.

* Extracto del Editorial de El Día, 16-12-2007