Dedicado a los amantes de la españolidad y de la política pura

 

Y a los narcotizados por el miedo infundido

 

EL DÍA es el periódico de más lectores en Canarias, con destacado margen sobre el que le sigue. Bien es cierto que ese diario que nos sigue está en la "gran", y se edita en una ciudad que es una "tirijala", donde su distribución y venta resultan fáciles. Por lo tanto, se trata de un mérito diluido.

 

Algún lector se ha dirigido a nosotros para indicarnos aspectos repetitivos en nuestra línea editorial. Tiene razón. Somos repetitivos porque es preciso insistir en la necesidad de alcanzar el estatus de país libre. Resulta imperioso meter en la cabeza de los canarios, inclusive utilizando una broca si fuese necesario, la idea de que, por geografía y por la enorme distancia que nos separa de la Península, no somos españoles. Y, peor aún, que el día menos pensado nos podemos levantar siendo medio marroquíes, o del todo. La foto del mapa que publicamos con este editorial habla por sí misma[1].

 

Por otra parte, también podemos perder definitivamente nuestras riquezas si las siguen explotando a su antojo los dirigentes españoles de Madrid, como ocurre hoy en día. Y ocurre por culpa de nuestra vergonzosa condición de colonia. Porque seguimos siendo una colonia. La verdad es lo que es y nadie puede negar una verdad tan evidente como esta.

 

También debemos ser repetitivos mientras resulte necesario en ese otro aspecto ya señalado de la riqueza potencial de Canarias. Nuestro futuro puede ser tan prometedor como nos atrevamos a soñar. Eso sí, con la condición ineludible de que sean otras personas las que rijan nuestro destino. Necesitamos gente nueva con las manos limpias, que no desprenda el olor a política podrida como el que sale del actual Parlamento de Canarias. Ese futuro llegará cuando podamos explotar los recursos canarios con entera libertad, como si realmente fueran nuestros porque realmente lo son, y no de los políticos y ministerios de Madrid que nos tienen bajo su yugo desde hace seis siglos. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así?

 

Por otra parte, hemos de insistir en que no nos vale el actual Estatuto de Canarias, ni su reforma. La única transformación útil para esta tierra es convertir dicho texto legal en un instrumento de transición pacífica ¡siempre estaremos en contra de todo tipo de violencia! hacia una nación canaria soberana. Ese Estatuto insistimos: el único válido, debe recoger el proceso de traspaso de poderes entre la Metrópoli y Canarias, así como las relaciones que deben mantener en el futuro dos países libres. Porque, y eso lo reiteramos igualmente, no es nuestro deseo romper los lazos históricos y culturales con España, sino establecer unos vínculos entre iguales.

 

No menos importante es repetir que debemos devolverle a los guanches la dignidad que les fue robada. Hasta que llegue ese momento, nuestros nobles antepasados no podrán descansar en la paz eterna sin revolverse en sus tumbas. ¡Ay, la memoria histórica! Al respecto, queremos llamar la atención de nuestros lectores sobre dos de las miles de obras que se han escrito sobre la realidad de los guanches y la masacre que sufrieron. Nos referimos a "Los guanches que sobrevivieron y su descendencia", y a "Nombres propios guanches; historia y leyenda". Es autor de ambas el profesor José Luis Concepción, de cuya docta pluma también han salido más de cien publicaciones sobre los aborígenes canarios. De forma concreta, en "Nombres propios guanches", José Luis Concepción destaca el caso de Sasa, una niña de cinco años vendida en Valencia en 1497, así como los de Itahisa y Cathaysa, niñas de seis y siete años también vendidas en Valencia en 1494. El destino de estas desvalidas criaturas, arrancadas de su tierra y de su familia por los despiadados españoles que las martirizaron, no fue tan hermoso como sus nombres.

 

¿Les basta esta deleznable trata de esclavos, esta infinita crueldad de los viles conquistadores de esta tierra, a los amantes de la españolidad de Canarias? ¿Les basta a los pusilánimes para abandonar su indolencia? ¿A qué esperan? ¿A qué esperan también los políticos que aseguran ser nacionalistas, pero que sólo van a Madrid para, en un impoluto ejercicio de la política pura, ocuparse de los asuntos de Ávila o Murcia, pero no de la libertad de su tierra y la vindicación del genocidio de sus antepasados? Qué asco político nos dan los unos y los otros

 

[1]Mapa

 

Editorial El Día, 17-08-2008